Domingo, 17 de diciembre de 2017

Menos consultas, mejores consultas

 

Que no cunda el pánico. No comparten mi opinión, al menos como versión oficial de su postura, que la oficiosa la desconozco, ni el partido del gobierno, ni los de la oposición, ni los sindicatos, ni las plataformas llamadas de defensa de la sanidad pública, ni los medios de comunicación que aspiran a influir en las decisiones. Afirmar que una mejora de la calidad de la asistencia sanitaria pasa por reducir el número de consultas es políticamente incorrecto, así que sólo los libres de esa imperante corrección podemos permitírnoslo. Me alegró leer una entrevista al gerente de Atención Primaria de Salamanca en este medio, el pasado martes, en la que se adentraba en dichas incorrecciones. 

Lo digo en estos tiempos en que, día sí, día también, se lee que no habrá médicos suficientes para relevar a los que se van jubilando, se critica la gestión sanitaria regional, quienes la desempeñan defienden sus medidas, se comenta que se incentivará de alguna manera a los médicos destinados en zonas alejadas… y así una sucesión de noticias, rumores y consideraciones. Lo digo porque no preciso de incentivos para trabajar en un centro de salud rural y distante de Salamanca. Me gusta la medicina general y ejercerla en los pueblos es mi vocación. Y lo digo también porque, en este momento, mi condición de médico de área me lleva a muchos consultorios diferentes: no tengo un cupo de pacientes asignado, no soy el médico de cabecera de ninguno, nadie puede decir “mi médico es Tomás” aunque muchos pacientes ya me conozcan por el nombre y no resulten ni mucho menos desconocidos para mí.

La continuidad en la asistencia, que la consulta ordinaria de un determinado pueblo esté a cargo de un mismo médico cada día, más allá de sus preceptivos períodos vacacionales y permisos, garantiza la relación de confianza, si ésta se va construyendo con normalidad, y una línea coherente en la atención sanitaria. No conviene sacrificarla, entiendo yo, para asegurar que de lunes a viernes, en un pueblo o agrupación de pueblos, se pasa consulta los cinco días. En la mayoría de los casos la población que reúnen no exige cinco consultas semanales, que el médico no puede completar si alguno de esos días sale de guardia y, como es razonable y justo tras veinticuatro horas de trabajo, descansa. Por el contrario, la “organización funcional del trabajo”, concepto muy utilizado por la administración, invitaría a una flexibilidad en la planificación de las consultas, de manera que primase la presencia del médico de cabecera sobre la de cualquier otro facultativo, de área o del pueblo de al lado, obligado a encajar en su jornada habitual la jornada habitual de su compañero. Doble tarea en el mismo tiempo: ¿no reduce esto la calidad? ¿No convendría orientar a los pacientes a las consultas ordinarias, reservadas a su médico, y que cuando éste falte por salir de guardia se avise o se acuda a otro consultorio en caso de urgencia? ¿No podría el profesional adelantar o posponer si es necesario alguna de sus consultas, un mero cambio de día, en lugar de forzar un cambio de médico, que además puede perjudicar la consulta ordinaria en otros pueblos? Sí, habría menos consultas a lo largo del año, menos encaje de bolillos para los coordinadores, menos sacrificio para las mermadas plantillas que se pasan la mañana de pueblo en pueblo, pero no menos calidad en la asistencia, salvo que pretendamos medirla por el número de días que pasa un médico cualquiera por un pueblo en concreto y no por la presencia del médico de ese pueblo, sin que tenga que mirar el reloj para irse al del compañero que salió de guardia.