Sábado, 18 de noviembre de 2017

Álvaro Espina: “Una novela exige mucho; es un reto, pero resulta apasionante”

El joven Miguel de Cervantes, “su ingenio, su curiosidad inagotable, su pasión por aprender”, protagoniza Cerbantes en la Casa de Éboli
El escritor Álvaro Espina

El joven Miguel de Cervantes en el Madrid de Felipe II, con “su ingenio y su curiosidad inagotable, su pasión por aprender”, es el protagonista de la primera novela del escritor Álvaro Espina, autor de más más de cien ensayos, libros y artículos, y que desembarca en el género de la novela histórica con Cerbantes en la Casa de Éboli, con b, en homenaje a la rúbrica con la que Cervantes firma El Quijote. El  hallazgo tras un terremoto del manuscrito de Orán, posible relato autobiográfico de Miguel de Cervantes, es el punto de partida para reconstruir en esta novela la vida del escritor durante los años (entre 1566 y 1569) que pasó en la corte, como secretario privado de los príncipes de Éboli y preceptor de su hija Ana, y como testigo de las intrigas palacias que tendrán consecuencias imprevisibles.

Álvaro Espina estará el viernes 17 de noviembre en Salamanca presentando su novela Cerbantes en la Casa de Éboli (Editorial SUMA), en la Librería Santos Ochoa, a las 19.30 horas.

Después de más de cien ensayos, libros y artículos, llega Cerbantes en la Casa de Éboli, ¿cómo ha sido enfrentarse a su primera novela?

Yo he cultivado mucho el ensayo en historia y en lo que antes se llamaban ciencias humanas. En el fondo todo es literatura, pero una novela  exige mucho. Sobre todo, cultivar el estilo ingenuo, no dar nada por supuesto, llevar al lector de la mano, casi a tientas, como si fuera ciego por la vida y por los sentimientos. Especialmente escribiendo acerca del siglo XVI, sobre el que apenas tiene referencias. Es un reto, pero resulta apasionante.

¿Qué es lo más fascinante de la figura del joven Cervantes?

Su ingenio y su curiosidad inagotable, su pasión por aprender, y el diálogo constante entre la literatura y la vida cotidiana. Siempre sorprende al Príncipe de Éboli extrayendo pasajes de las novelas de caballerías, o de la Celestina, o del Cortesano, e introduciéndolos en la conversación como si todos los personajes hubieran existido en la realidad.

¿Y de Ana de Mendoza, la princesa de Éboli?

Ella es única. Nuestra gran princesa del Renacimiento. Bellísima, menudita, inquieta, altiva; sabiéndose heredera de los fundadores de la monarquía y actuando como tal, hasta poner firme al mismo rey. Esposa amantísima, pese a la mala fama que le pusieron desde el Alcázar, injuriándola  constantemente por actuar como lideresa del partido ebolista a la muerte de Ruy Gómez da Silva, su marido, que fue el mejor cortesano del siglo en toda Europa. Pero no pudieron con ella y tuvieron que encerrarla de por vida. Es un ejemplo para la mujer actual; y para el hombre. A veces, la autonomía moral exige también sacrificio.

¿Qué es lo que más le llama la atención de ese Madrid de los Austria de la novela?

La plaza de la Paja, la capilla del Obispo y toda  la parroquia de San Andrés. El enjambre de carruajes, galeras y carretas que llegan a la plaza de los carros trayendo  suministros a una villa voraz y en rápida expansión, que necesita de todo. Y el figón de Somoza, o la plaza del Arrabal, que después se convertiría en plaza Mayor, pero ya acartonada por el estilo barroco de imitación herreriana, sin el encanto maravilloso  de las cosas genuinas.

Ha definido la novela como ‘ficción minimalista’, ¿cuánto margen deja la novela histórica a la libertad de ficción?

Casi todo porque de la vida cotidiana sabemos muy poco. Pero lo que sabemos hay que respetarlo. O si algo que se cree sabido no se da por cierto, el escritor se compromete a dar buenas razones para no seguir el camino trillado.

¿Habrá segunda parte?

Sí, ya estoy en ello. Ahora tengo a Cervantes en el Mediterráneo durante once años. Pero yo soy muy lento. La disciplina que me impongo obliga a ir paso a paso.

Ha señalado en alguna ocasión que le sorprende que no se escriba más sobre Cervantes, ¿cuánto nos queda por descubrir?

No lo sé. La novela, tal como yo la concibo, es una forma de indagación. Y no solo de la belleza, también de la verdad.  La lechuza, símbolo de Minerva, la diosa del saber y las artes, solo vuela al anochecer. Para saber  lo que teníamos que descubrir hay que llegar al final del camino.  

¿Goza de buena salud la novela histórica en nuestro país?

Pues no estoy muy seguro de ello, aunque los anaqueles de las librerías están llenos. Pero se habla más bien poco.  Yo envidio la pasión de los ingleses por contar su propia historia en forma novelada. En esto nos encontramos al inicio del camino.

Emulando al Quijote de Cervantes, ¿en la política actual hay más Sanchos o más Quijotes?

Hay muchos más Sanchos, pero sin tanta gracia. Quizás porque tienen a pocos Quijotes con los que conversar, deambulando por los caminos. Tampoco hay que olvidar que don Quijote era  un martillo contra los corruptos.

Sobre su autor

Álvaro Espina, Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, es Administrador Civil del Estado y Consejero de Política Económica en el Ministerio de Economía de España. Ha sido profesor de máster de Sociología en la Universidad Complutense, de Historia del Pensamiento Político, de Historia Económica y de Procesos de Cambio social, e investigador externo en las Fundaciones Argentaria, Real Instituto Elcano y Carolina. Fue Secretario General de Empleo y Secretario de Estado de Industria del gobierno de España. Formó parte de la task force que negoció la entrada de España en la Unión Europea. Pertenece al Consejo asesor de la International Labour Review y ha sido Consultor de la OCDE, la OIT y la UE.