Sábado, 18 de noviembre de 2017

¡Aúpa!

Van pasando los días y vamos caminando por la vida, paso a paso. No sé si a ti te pasa, que en ocasiones tienes la impresión de que los días pasan sin más. Yo  hoy he querido parar y mirar mis alforjas, quiero ver la cosecha de este mes y veo un puñado de lecciones que me han hecho reflexionar, una de ellas me afecta especialmente: un bache en la vida de un compañero, de esos que te obligan, quieras o no, a parar de golpe, de esos que no te dan opción a nada más que lo que la vida te vaya marcando. A mi mente vuelven de nuevo las palabras de mí querida abuela Victoria: “todo pasa y todo llega”, y una vez que todo esto quede en el pasado, tomaremos un respiro y comprenderemos que la vida te va dando instrucciones y consejos importantes con el paso de los años, y que en nuestras manos está sacar partido de lo aprendido.

Soy de esas personas que sueño con grandes cosas, pero me conformo con las pequeñas que hacen grande mi vida, la caña que tomamos en el bar de enfrente, las charlas de esto y lo otro… o cantar hasta las tantas de la madrugada, tomando ese ron añejo que tanto nos gusta, ese “legendario”.Hay veces, como ahora, que la lección te llega enseguida, te obliga a pensar rápido ¡Los momentos difíciles no son eternos! son como tempestades, sólo duran un momento.

Antiguamente, en épocas de guerra, una frase corta y poderosa podía motivar a los hombres a dar su máximo esfuerzo, a seguir un Ideal, incluso a dar su vida; “¡Por la libertad!” gritaba William Wallace en Braverheart o ¡Au, Au, Au! en 300. ¡Aúpa! es el grito de guerra del Director de este medio y hoy más que nunca le gritamos a él ¡AÚPA! que tú puedes.

“Aúpa” va triunfando poco a poco entre nosotros, nos ayuda a ir superando cada etapa que nos va presentando la vida. Os quiero contar un cuento “el árbol de las preocupaciones” que curiosamente lo practica un amigo, coincidencias de la vida:

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial y viéndole trabajar un día entero, se dio cuenta de que a pesar de que habia trabajado mucho, había sufrido muchos contratiempos y completó el día de su mala suerte cuando su coche se negó a funcionar. Entonces el empresario se ofreció a llevarle a casa. Durante el trayecto el carpintero no habló. Sin embargo, al llegar a casa, invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta se detuvo delante de un pequeño árbol, le gritó en silencio y acarició sus ramas. Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación fue radical: parecía un hombre feliz. Al salir, el comerciante preguntó al carpintero: ¿Qué tiene de especial ese árbol? Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo, pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.

Hemos pasado por momentos muy duros, sorteados complicadas situaciones, hemos trabajado en un proyecto/sueño que hoy está más cerca que nunca de ser una realidad. No te des por vencido, este bache que pasas es un obstáculo más que hay que superar. Tu cabezonería, tu dedicación plena, tu ayuda,… las decisiones, los actos, es lo que dan sentido a este proyecto. ¡Aúpa! ya es nuestro grito de guerra, el que nos empuja, el que nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos. Cuando decidimos emprender este vuelo Juan Carlos, ya asumimos el compromiso a no renunciar, a seguir adelante a pesar de los obstáculos y las dudas.

Plantemos nuestro árbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

Mucha suerte y…¡Aúpa!