Domingo, 19 de noviembre de 2017

Trashumancia y modelos sostenibles de desarrollo rural (I)

Cabe valorar con un moderado optimismo el cambio positivo registrado en la evolución de la demanda social, en lo que se refiere al fenómeno de la trashumancia y a sus perspectivas territoriales y culturales.

En este orden de cosas, trashumancia y desarrollo rural conforman un binomio en el que se advierte una fuerte trabazón, ya que no en vano dicha práctica ganadera ha marcado muchas de las señas de identidad de numerosos espacios rurales de montaña y tierras llanas de España, en los que además se han producido y producen múltiples fenómenos de complementariedad espacial motivados tanto por las alternancias climáticas, como por los valores agregados provenientes de los intercambios económicos y humanos habidos entre las zonas de agostadero e invernadero, fruto de las cuales se implementan redes territoriales (Áreas de pastoreo invernal y estival, red de vías pecuarias, lugares de mercado, puntos de aprovisionamiento, etc.), flujos demográficos con intercambios parentales y flujos económicos variados (Precio de los pastos, valor de la lana y del canal de las carnes, salarios de pastores y ganaderos, transportes, servicios alimentarios y sanitarios, etc.), que conforman buena parte de la caracterización histórica y socioeconómica de muchas comarcas ganaderas españolas.

A los usos tradicionales de los territorios en los que la trashumancia está presente se une de forma más tardía el fenómeno del turismo rural, motivado entre otras razones por el atractivo que dicho medio supone para amplias capas de la población residentes en medios urbanos o metropolitanos, en paralelo con el incentivo del que son responsables diferentes administraciones —especialmente las autonómicas— que promueven programas de puesta en valor de actividades productivas tradicionales, desde la misma trashumancia ganadera

a otras derivadas de ésta como la producción de quesos y derivados lácteos artesanales, artesanías laneras populares o el empleo de vías pecuarias para otros fines no estrictamente ganaderos, tales como redes de cortafuegos, rutas lúdico-culturales o ejes viarios alternativos en caso de catástrofes naturales.