Jueves, 19 de julio de 2018

Sequías e incendios

José Ignacio Hernández

 

Entramos en el mes de noviembre, bendito mes que empieza con Los Santos y termina con San Andrés, y seguimos pendientes de la climatología que nos está dejando los ríos, regatos, charcas y embalses bajo mínimos. De acuerdo que ha sido un año muy seco, pero las grandes obras hidráulicas han sido nefastas para la vida acuática y todos los animales que viven a los márgenes de los embalses. Da pena ver cómo están los embalses y ríos, porque si no fuera por esas pequeñas presas de toda la vida y que se están empeñando en derribar, toda la vida de esos ríos habría desparecido.

He visto morir muchas charcas sin que nadie moviera un dedo en salvar la vida de los peces, ranas y demás animales que las habitaban, y a la falta de lluvias y al aumento de las temperaturas, tenemos que añadir los incendios forestales que han asolado nuestra provincia y nuestro Estado. Parece que todo se pone en contra de la naturaleza y del medio ambiente a pesar de contar con modernas tecnologías y grupos ecologistas que miran por el medio natural desde los despachos, porque en nuestro caminar por los ríos y embalses no encuentro a ninguna representación.

Me entristece ver el abandono y la dejadez que hay por no conservar lo poquito que nos queda de vida natural, y eso que es patrimonio de todos. Este diálogo con los pescadores y amantes de la vida rural nos lleva a ver como cada día que pasa comprobamos que poco a poco van desapareciendo los pueblos y sus gentes, bien por la construcción de la grandes obras hidráulicas –da pena darse una  vuelta ahora que están los pantanos secos para ver el patrimonio y las formas de vida que se tragaron las aguas, en beneficio de la modernidad–, bien por el abandono de los servicios básicos de los pueblos, colegios, médicos y farmacias, y el abandono de las tareas del campo, de nuestros campos y ríos.

Más de lo mismo. Entre normativas y leyes uno no sabe qué hacer cuando con la caña en sus manos se desplaza a las orillas de los ríos y charcas en busca de los peces y cangrejos, con tantas y tan complejas normativas y leyes, y más cuando la ley nos obliga a sacrificar a los peces que son motivo de nuestros desvelos. La solución ante tanta impotencia es abandonar, pero no, no abandonamos, seguiremos trabajando dentro de nuestras posibilidades por mantener y, si es posible, mejorar el estado de nuestros ríos y peces, a pesar de que desafortunadamente no sean nativos de nuestras aguas, porque hemos alterado el medio natural y muchas especies ante los cambios no han podido adaptarse y no han sobrevivido.

Ahora que empiezan los fríos y las matanzas, pues según cuenta la tradición a todo marrano le llega su San Martín, es tiempo de reproducción de las truchas, que con estas cenizas y lodos, aparte de la falta de agua, otro año que se les complica, y van demasiados. Esperemos que sobrevivan.

Termino con un pensamiento de Juan Baldés: “Los ríos y los habitantes del elemento liquido fueron hechos y creados para que los contemplaran los sabios y pasaran sin conocerlos los necios”. Buena pesca.