Domingo, 19 de noviembre de 2017

Cataluña= Una lengua-Una bandera- Una Idependencia y rencor (I)

“El nacionalismo es hambre de poder atemperada por el autoengaño”.

George Orwel)

ENTRE PUENTES

 

CATALUÑA=  UNA LENGUA – UNA BANDERA – UNA INDEPENDENCIA  Y  RENCOR (I)

 

Hace ahora como veinte años, tuve ocasión de recoger el recorte de una revista, con comentarios de (Arcadi Copdull i Copdefac)  en la que hacía referencia a las cuitas y vivencias de este que hoy se encuentra azotado, censurado, vilipendiado, y que ha llenado de estupor a propios y extraños con su conducta lamentable. JORGE PUJOL, que se jactaba de honorable, y ahora acuciado, acorralado, viendo como sus descendientes, hijos educados en los mejores colegios e instituciones- con habla en catalán-, cometían al amparo de su apellido, una serie de desfalcos, apropiaciones, ventas y reventas, en empresas ficticias, con un cumulo de acciones millonarias que, aunque falta sentencia firme, el mismo ha confesado su fiasco más oculto, tras un cuarto de siglo al frente de la Generalidad Catalana; la que se le viene encima a sus “retoños”.- Si, su Republica no lo evita-.

 Dicho esto: Acudo al relato, que se ha venido fraguando, ya, desde tiempos pasados, con la “catalanidad”, donde la lengua, la bandera y la superchería, han sido el A.D.N. de la burguesía Catalana, que muy a su pesar, soportaba no sin cierto desdén y  menosprecio, todo lo español, donde se les consideraba inmigrantes, a cuantos no comulgaban con los credos impuestos, por los “pontífices” catalanes con “pedigrí”.

Mossén Narcís Seger observaba aquel feligrés de las últimas filas de la parroquia que gesticulaba durante el desarrollo de la misa y en lugar de responder “amen” espetaba un sonoro “así sea”.

Aquel domingo 21 de Junio de 1959, Luis Martínez de Galinsonga de la Serna, director de la “Vanguardia Española”, se había desplazado hasta la parroquia de San Ildefonso, en la barcelonesa calle Travesera de Gracia nº 55.

Mossén Seger inició su predicamento en lengua catalana y, observó con estupor como el inquieto feligrés se incorporaba de manera ostentosa,  comenzando a avanzar lentamente por el pasillo central, venia directamente hacia él. A medida que se acercaba aquel extraño feligrés, Mossén Narcis notaba un nudo en la garganta; cuando llegó frente al altar, el personaje giró a la derecha en dirección a la sacristía.

Al llegar a la sacristía, el director de la Vanguardia vio al sacristán, un andaluz de nombre Antonio, a quien confundió con el párroco, ya que estaba vestido de sotana, quejándose  en alta voz por el uso del catalán en la ceremonia religiosa. Los asistentes a la misa, y hasta el propio Seger, pudieron oír los grandes gritos que salían desde la sacristía.

“Catalanes de mierda” es lo que se dijo que mascullaba Galinsoga, mientras abandonaba la iglesia. En su salida, justamente en el portal de la iglesia, tropezó con una señora quien al oírle lo que le pareció una blasfemia, encarándosele, le increpó: “¿pero que está usted diciendo?”, respondiéndole Galinsoga de manera contundente: “¡que todos los catalanes son una mierda!”.

Galinsoga, de quien el propio Franco había comentado que se pasaba en su aversión hacia todo lo que sonara a catalán, cometió un grave error cuando entro sin percatarse en un inocente juego de cartas cruzadas con Mossén Seger, cartas que fueron profusamente difundidas mediante octavillas, a la sociedad barcelonesa.

El día 5 de febrero de 1960, el Consejo de Ministros decidía el cese del director de “La Vanguardia”. En siete meses, el más importante periódico de Cataluña vio cómo se dieron de baja alrededor de 15.000 suscritores, bajaban sus ingresos por publicidad y se quemaban públicamente sus ejemplares. El grado de la campaña alcanzó su máxima tensión cuando la sede del periódico en la calle Pelayo sufrió un ataque con piedras, cayendo una buena parte de la cristalera. Cuentan que la reacción de algún jefe de sección de este medio informativo fue  exclamar: “¿piedrecitas a mí?” “¡A ver si voy a salir a pegar cuatro tiritos!”.

No podía imaginarse el señor Galinsoga que uno de los activistas participantes en aquella campaña era un joven de 29 años, licenciado en medicina sin ejercer y fervoroso católico practicante, que siempre llevaba en su bolsillo un crucifijo y que de haber persistido en su inclinación podría haber sido sacerdote. No era otro, que el medico Sr, Puyol.

Organizar una campaña contra alguien, que había faltado a los catalanes, encajaba en el talante del joven médico barcelonés; él, personalmente, se cuidó de disuadir a los empresarios para que retiraran la publicidad de la Vanguardia. Exultante por el cese del director, el joven activista animó a los suyos para sacar la mayor rentabilidad al éxito obtenido, y aquel mismo mes de febrero aparecía una octavilla escrita por él y titulada,”Al pueblo de Catalunya”, en la que se presentaba otra campaña, en este caso en defensa de la lengua y cultura catalanas. Esa octavilla decía…”si el Gobierno español nunca había dicho que los catalanes era una mierda, durante más de veinte años,  ha actuado en consonancia con ese criterio, el régimen franquista prohíbe la enseñanza del catalán en las escuelas, obstaculiza la edición de libros en catalán, impide la publicación de periódicos en catalán, o su uso en la radio o el cine. ¿Es que esto no es cien veces más grave que el insulto de Galinsoga?”. (seguira)

 

                Fermín González salamancartvaldia.es       blog taurinerías