Domingo, 19 de noviembre de 2017

Todos somos Cataluña.

Análisis de la realidad y el futuro próximo que viviremos en Cataluña tras la declaración de independencia, la actuación del Gobierno de España aplicando el 155 y la multitudinaria manifestación de ayer en Barcelona.

Ayer vivimos uno de los días más emocionantes de los últimos tiempos en la actualidad política de Cataluña. Tras la destitución del gobierno golpista de Puigdemont, el cese del mayor de los mossos, la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones para el próximo día 21 de diciembre, medidas adoptadas por el Gobierno el pasado día 27 de octubre, miles de catalanes volvieron a salir a la calle.

Y volvieron a salir, a manifestarse, en defensa de la unidad de España. Más de un millón de personas (unas tres Diadas juntas, más o menos) mostraron su orgullo por pertenecer al gran país que es España, y por hacerlo formando parte de una región dinámica, cabeza de nuestro país como ha sido, es y debe seguir siendo Cataluña.

La división que ha intentado sembrar el independentismo en años de adoctrinamiento no ha surtido el efecto que deseaban, pues los ciudadanos catalanes son plenamente conscientes de cuál es la realidad que tienen dentro de España, y cuál sería el fracaso y el aislamiento al que les llevaría la independencia.

Tenemos ante nosotros un camino que no es precisamente fácil. Ahora, hoy, comienza a percibirse el artículo 155 de la Constitución de una manera práctica, y no todo será alegría en estos meses. Pero hemos de tener altura de miras. Hemos de mostrar esperanza y aguardar con deseo la llegada del 21 de diciembre como el día en que las cosas comenzarán, por fin, a cambiar.

Con la Constitución en la mano, con el amparo y la garantía del Estado de Derecho, hemos respondido al desafío en Cataluña de una manera ejemplar. Cuando ellos ofrecían monólogos, nosotros ofrecíamos diálogo. Cuando ellos pedían represión, nosotros garantizábamos la seguridad. Cuando ellos querían ser víctimas, nosotros los desenmascaramos y les mostramos como verdugos.

Mucha ha sido la impaciencia en estos meses para que el Gobierno actuara de inmediato. Muchos ciudadanos se han erigido como Presidentes del Gobierno y, al final, han tenido que reconocer la valentía de éste para hacer las cosas con mesura, proporcionalidad y templanza, pero sobre todo con firmeza y en el momento oportuno para ello.

El Gobierno ha estado a la altura de las circunstancias, y hemos de estar muy orgullosos de ver cómo se ha resuelto este pulso a la democracia.

De muestra basta un botón: cuando Puigdemont chantajeó al Gobierno exigiendo la liberación de los líderes de ANC y Òmnium, su inmunidad y otras medidas del estilo, a cambio de convocar elecciones, Rajoy se mantuvo firme y dijo NO. Y es que no cabía otra respuesta. El Gobierno de España no cedió a los chantajes de ETA y mucho menos iba a hacerlo ante un arrogante e inconsciente títere en manos de los anticapitalistas.

Y es también un logro el haber conseguido poner de acuerdo al PSOE y a Ciudadanos, para apoyar conjuntamente junto al Partido Popular la adopción de estas medidas. Lástima que partidos con importantes cotas de representación en las instituciones prefieran seguir hablando de Franco antes que hablar del futuro.

Sirvan por tanto estas palabras para alentar nuestro camino hacia la recuperación de la democracia y de las instituciones catalanas. Hay que echar de la Generalitat a aquellos que no quieren sino acabar con la autonomía y la libertad de Cataluña, convertirla en un feudo particular en que campar libremente, arrasando con años de prosperidad y de trabajo y sacrificio conjunto.

Pero no nos rebajaremos a su nivel, ni intentaremos usurpar lo que los ciudadanos catalanes no quieran. España vencerá, una vez más, y lo hará en las urnas.