Sábado, 18 de noviembre de 2017

Noviembre mes de nostalgias

Hacía  un año que mamá ha partido a otras dimensiones cuando la añoranza de los tiempos compartidos me hace escribir  turbada estos pensamientos.  Los años atesorados sobre sus espaldas, y la enfermedad  arrebataron a papá su amor de juventud, fueron compañeros  cincuenta y cuatro sanjuanadas, la mágica noche se conocieron… toda una  vida juntos. Papá no se acostumbra a vivir solo, mamá fue su esposa, la madre, el sostén emocional en momentos duros, cuando el cielo estaba en la tierra y el viento pesaba al respirar.

 

El que mamá no  escuchara sus peticiones  la primera vez que pedía algo, era lo que últimamente padre llevaba peor . Habían tenido una buena vida,  yo nací a los cuatro años de casados, se amaron  y como todos… tuvieron en los 54 años desde que pronunciaron “El sí quiero” buenos y malos momentos.

No obstante, las últimas añadas no han sido sencillas. Algo muy grande cambió en madre.  Nadie sabíamos bien a qué atribuir esa transformación. Tal vez la enfermedad   había empezado su cruel camino, y no la dejaba ser la mujer alegre y fiestera, dicharachera, cariñosa, acogedora que antes fue. A ninguno nos gustaba la persona actual, rezongona y tierna, tirana y manipuladora,triste y ausente… un soplo que se desvanecía desconociendo cual era el motivo del cambio.

 

 Papá se sentía muy solo con ella al lado, daba quejas a las noches silenciosas, buscaba en el aire el perfume de la esposa amada. Mamá solo  era feliz cuando los nietos llegaban a  casa,   llegaba a molestarle la voz del  esposo-abuelo. Seguramente madre no podía hacer otra cosa, y no supimos comprender que una  cruel enfermedad ya anidaba dentro de madre. Un día de otoño la llevo al médico y diagnostica … no quise creerlo y papá oyó, pero no  escuchó. Su proceso no iba a mejorar, muy al contrario cada día iría a peor.  ¿Qué nos quedaba? Mimarla, surgían entonces  celos de padre, y respuestas poco delicadas de madre, el proceso sigue el curso,y el calido metal de su voz se fue apagando hasta llegar a ser casi ininteligible, era una hoja caída que había que sostener, sentirla, embriagarnos de su perfume, hasta que la espada negra cortara el tallo.

La muerte llegó instantánea,  fue un  doloroso, amargo e indeseable trago de beber… mamá  ya no iba a estar más entre nosotros, yo, su hija me enfadé  con Dios, con la vida, con el sol y la luna, con el viento y la lluvia ¿Qué decir de padre?   no pudo comprender su ausencia y comenzó una época muy oscura.

Con el tiempo  veló su rostro cálido entre líneas de niebla, y comenzó otra época, otro periodo, otro ciclo, incoando, inaugurando, estrenando  esposa,  era  una imagen idealizada. La muerte  puede hacernos olvidar aquello que más nos molesta, y volverlo bueno, hermoso.

El nuevo ciclo surge para aplacar el sufrimiento, borrar los malos recuerdos y dejar espacio  para los buenos. Buscó fotos viejas y mandó a colocarlas cercanas a su actual vida. Recuperó cartas que había guardado en una carpeta azul. Tal vez necesitaba amigarse con la esposa, con la que se había enfadado  por enfermar y morir.  Volvió para él una mujer joven, de palabras  dulces y tiernas, con largas conversaciones,dispuesta a escuchar y disculpar siempre.

La nostalgia nunca es mala ni buena,  quizás peligrosa. Tiñe las cosas de un color irreal. Se alía con la muerte y el paso del tiempo, es engañosa, benévola, nos hace ver todo mucho mejor de lo que en realidad ocurrió.

¿Dónde encontraría padre el equilibrio entre el enojo, la idealización, la realidad, la aceptación? ¿Podía hacer algo? Muchas veces en la vida, no es demasiado lo que podemos dar. Solo estar, acompañar, sentir empatía. No pude modificar la realidad.

 Y llegó el tiempo, en el que el tiempo mismo acomoda las cosas. Un período sin enojos,  sin héroes, una fase sin rencor, pero sin santos, una época sin culpables y a la vez sin ideales. Un tiempo real, en el que Ramona, mí madre, es recordada por padre con naturalidad, comenzó el tiempo de la reconciliación; al año y medio, papá, una fría mañana del mes de febrero, marchó a reunirse con la mujer de su vida, la única mujer amada, respetada y deseada.

Isaura Díaz de Figueiredo

 A mis padres 2017