Lunes, 23 de octubre de 2017

Sér

Hoy es 12 de octubre.

Si a alguien le parece que Puigdemont y los suyos le pueden dar lecciones de democracia, a mí no; allá ellos con sus manipulaciones semánticas, con su sí pero no.

Sin embargo, Josep Borrell sí que me regaló unas palabras que necesitaba escuchar. Y aunque no me gusten las banderas, me recordó la estelada que nos une y nos protege a todos: la europea.

En 1992, antes de que se abriera la posibilidad de venir a México, con Julio Vélez se organizó en Salamanca una exposición sobre César Vallejo titulada “100 años de sér”, con un acento que nos dio unos cuantos quebraderos de cabeza porque varias veces lo quisieron corregir y después no fueron pocos los que nos recriminaron el error.

Sér, con acento, es uno de los muchos hallazgos vallejianos, como trilce o malagüeña. Pero no se trata hoy de Vallejo, sino de sér, que, para mí, siempre fue una poética manera de darle mayor esencialidad al verbo, o de unir el ser y el estar, unidos en otros idiomas.

Y del sér vallejiano me acordé cuando la semana pasada me preguntaban, aquí: “¿qué está pasando en España?, ¿qué está pasando en Cataluña?, ¿por qué la policía golpea viejitos?”

Uno, que tiende a enrollarse, digo, a las explicaciones largas, empezaba: “bueno… la cosa es algo más compleja; hay mucha desinformación, hay imágenes falsas y un manejo irresponsable…” Y como varios me contestaron: “¡No!, ¡están golpeando viejitos que solo querían ir a votar!”, decidí que mejor me guardaba las explicaciones, sacaba mi jeta y contestaba que mejor no contestaba porque probablemente no les gustara la explicación.

Tuvo que llegar el domingo y esa manifestación que sí, unos, tan ultras como los de la CUP, intentaron aprovechar; sin embargo, el esfuerzo alegre de muchos mostró que se puede y se quiere convivir.

Y llegó Borrell. Ya Vargas Llosa se mostró como peruano, catalán, español, liberal e inteligente, aunque a muchos no les guste.

Pero Borrell dio un discurso que creo traerá cola; yo, como él, soy europeo, porque eso engloba todo lo demás, hasta mi lado mexicano, y me gusta lo que representa; de esa estelada, como él dijo, sí soy.

Borrell demostró que se puede ser político español y hablar varios idiomas, y no solo hablarlos, sino expresar en ellos ideas que uno echa cada vez más en falta en la “res pública”: respeto, legalidad…

Borrell puso el dedo en varias llagas, regañó, desbarató mentiras y tópicos. Algunas reacciones de fascistas, tildándolo de fascista, me reafirmaron en ello.

Sobre todo, lo que Borrell demostró es que también se puede escuchar en varios idiomas. Y que hace mucha falta.

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