Lunes, 23 de octubre de 2017

Quiero ser demócrata y progre

Me gustaría ser progre y demócrata, vamos lo que viene siendo un demócrata progre. Hace un tiempo, no mucho, tenía bastante claro que era una cosa y la otra, incluso me podía hacer una idea de lo que era las dos cosas juntas, independientemente del orden. Ahora, la verdad es que estoy bastante perdido, no obstante como mi intención sigue siendo la misma, he pensado que lo mejor es que me deje guiar por los que se autoproclaman demócratas y progres.

Ya he empezado a pitar al himno nacional español y estoy aprendiéndome els segadors (creo que se escribe así, si no es correcto ya me perdonaran es que hace poco que me he iniciado en estos menesteres). También he empezado a quemar banderas nacionales, eso sí, de momento lo hago en la intimidad, hasta que coja confianza. No tardando mucho lo haré de forma pública y notoria. Me he comprado por internet la “estelada”. Aún no la he colgado de mi balcón, pero ya le voy cogiendo el gustillo y no tardaré mucho en hacerlo.

Me estoy entrenado para insultar al rey cuando sale en la tele, también al presidente, ministros… y todos aquellos que dicen que representan a los españoles. ¡Cómo será la cosa, que cuando escribo españoles, me entra una mala  leche!… Creo que estoy progresando adecuadamente.

Una de las cosa que más me mola de ser progre y demócrata es el no tener que cumplir ley alguna que venga de Madrid. Unas leyes fascistas, dictadas por un gobierno legalmente constituido, una constitución franquista, trasnochada y represora, defendida por unas fuerzas invasoras, que se creen con todo los derechos simplemente porque les ampara la ley, los tribunales, los jueces, la constitución y los tribunales europeos, como si todo eso tuviera algún tipo de autoridad legal. Lo que mola, son las democráticas leyes, que los dirigentes catalanes se han dado a sí mismos, y sin tanto voto por aquí, voto por allí, sin dar opciones a que un partido la pueda censurar, o que el otro se muestre en desacuerdo… Sólo faltaba. Las leyes se hacen de un día para otro y sin derecho a réplica, y se ponen en vigor de inmediato. Los que estén de acuerdo, muy bien, los que no, que se vayan o los echamos, ¿Cómo vamos a convivir con gente que no respeta la ley? Es que cada día que pasa me doy más cuenta de lo enormemente equivocados que están la inmensa mayoría de los españoles. No sé cómo se han podido dejar engañar por esos partidos políticos, simplemente porque han sido elegidos por una mayoría, ¡una mayoría española!, como si los españoles fueran capaces de votar en conciencia y con conocimiento. Ahora que he visto cómo se vota en Cataluña, es cuando me he dado cuenta de lo retrógrados que somos los españoles votando en unas urnas legales, con censo legal, con mesas legalmente constituidas, con su presidente, con representantes de todos los grupos políticos… Hay que ser memo para pensar que eso sirve para algo. Vamos a ver si nos enteramos; las urnas hay que traerlas de casa hasta la mitad de papeletas; Cada persona podrá votar cuantas veces quiera, eso del censo es otra patochada, a ver si ahora no vamos a ser libres para votar cuantas veces queramos y en la mesa electoral que nos dé la gana. Eso sí, antes nos tenemos que haber asegurado que el votante en cuestión votará lo que nosotros queramos, a ver si ahora, con tanta permisividad va a empezar a votar cada uno lo que quiere. Eso es lo que pasa en España y así estamos; Los votos, si es posible, hay que contarlos en una iglesia y si es mientras se celebra la misa, mejor, así el recuento quedará santificado y nadie se atreverá a cuestionarlo.

Lo que me pilla un poco tarde (¡mecachis!) es lo de enseñar a los hijos y a los alumnos, desde la más tierna infancia, como tienen que pensar, a qué y a quien tienen que odiar y a quien tienen que insultar. Porque si no se hace desde temprana edad, puede ocurrir que el niño, una vez mozo, tenga ideas propias, y eso sí que no.