Viernes, 15 de diciembre de 2017

Tres poemas de un adolescente condenado injustamente

1 El teólogo y poeta peruano Daniel Gonzales Cóndor

Me permito dar a conocer tres textos del peruano Daniel Gonzales Cóndor (Morococha, Junín, 1975). En 1992, a los 17 años de edad, es acusado de terrorismo y sufre una condena de 10 años de prisión injusta. El año 2001, tras comprobar su inocencia recobra su tan anhelada libertad, y prosigue sus estudios de teología y psicología. Sus trabajos académicos los vuelca hacia el quehacer carcelario, como su tesis en la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica), titulada “El evangelio que incluye a una mujer, un esclavo y un preso. Carta de un convicto a sus colaboradores (as)” (2014), que es una relectura a la carta del apóstol Pablo a Filemón, donde rescata la figura encarcelada del apóstol y el trabajo activo de sus anónimas colaboradoras. Gonzales Cóndor es psicólogo y pastor luterano. Actualmente es profesor de teología y trabaja en cárceles. Los tres textos han sido seleccionados del poemario “Añorada libertad. Poemas de un adolescente en prisión” (Hebel Ediciones, Santiago de Chile, 2017. Prólogo de José Vinces, de Paz y Esperanza).

 

Cabe precisar que los poemas fueron escritos cuando cumplía condena. (A. P. A.)

 

 

POR LOS CAMINOS DE MI CELDA

 

Por los caminos de mi celda

han descendido mis gotas.

Los brazos de la Nada me han abrazado

me han visto los ojos de la sombra.

He llenado con mi llanto su infinito espacio.

 

Y las rejas han goteado

y su frio por entre sus grietas

calor me ha dado.

 

Las santas cruces colgadas en la pared

la elocuente voz del silencio

han adornado este cementerio.

 

Han llorado los muertos

han insultado a Dios

han blasfemado contra el cielo que no ven

han escupido sobre las nubes

han llorado por ellas

han vomitado su tristeza

y la han vuelto a comer

y no se arrepienten de ello.

Han goteado las gotas de sol

y no han llenado nada.

Han goteado las gotas de ilusión

¡Qué desilusión!

 

 

SONIDOS

 

Tumultuosos los sonidos penetran

el débil velo de la soledad

las canciones mudan en alaridos y gritos

este silencio taladra la fe del solitario.

 

Temibles golpes y apremios

son los susurrantes gritos

tenaces y tercos

lanzados al hueco.

Más fuertes son los sonidos de la realidad

innumerables como poemas

refutándose ellos mismos

lo tristemente real.

 

¡Ah, sonidos humanos!

¡Qué enloquecen!

que enloquecen al más cuerdo

que despiertan del sueño a los dementes

¡Ea, sonidos, los necesitamos!

Son las voces que luchan por ser

son los propios ecos

son las voces de afuera que salen

y las voces de adentro que ingresan

y se mezclan para crear más sonidos.

 

AÑORADA LIBERTAD

 

Añorada Libertad

moribundo te escribo

deseando verte pronto

y desde mi ventana,

única compañera de prisión,

te invoco.

 

En el lejano cielo

sea primavera, sea otoño

tus nubes veo

conducidas por tu aliento

que calladas van gritando

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

tu único anhelo.

 

¿De dónde vendrán ellas

tan serias, tan pálidas;

cansadas y fatigadas

de tanto viajar y

ver cosas nuevas?

 

Reflejan sus ojos negros

la tristeza,

y al derramar

sus muchas lágrimas

dejo mojar mis manos, mi rostro

como mitigando sus penas.

 

Tristes

al ver la hipocresía de los hombres

la injusticia entre semejantes.

Tristes

porque escuchan dulces melodías

de instrumentos delicados

entonados por pobres seres

que deseamos ser como ellas

ser guiados, encaminados como ellas

por tu aliento que es el viento

¡Tu viento, oh Libertad!

 

Ellas me narran el acontecer

de sus viajes

sus sueños truncados,

sus secretos;

y coquetamente me permiten

decirles suspiros, desahogos,

gemidos indecibles.

 

¡Oh, Libertad he sabido por ellas

que amas a los presos

(pobres corazones en zozobra).

 

Sabes, daríamos lo único que nos queda

por tenerte a nuestro lado:

nuestros corazones casi vacíos

de tantas cartas enviadas

por diferentes caminos.

Por ellas te digo:

¡Amiga mía, déjame

ir a tu lado,

acompañarte entre los vientos,

los vientos que son tu fuerza!

¡Oh, Mensajera!

 

Estas rejas de mi ventana,

estas cadenas pesadas

no serán obstáculo entre amigos.

 

De la mano de tus hijas seguirte espero,

y llorar con ellas por los hombres

pues ello y solo ello será

mi único consuelo…