Domingo, 17 de diciembre de 2017

Cruz-Villalobos: Cuatro textos de amor

El poeta y teólogo chileno Luis Cruz-Villalobos
El poeta chileno Luis Cruz-Villalobos (Santiago de Chile, 1976), acaba de publicar su nuevo poemario, titulado Richter, bajo el sello de Hebel Ediciones.  Sobre el mismo, en su conjunto, escribe Nicolás Panotto, poeta y teólogo argentino: “Este poemario es de gran voltaje existencial. A través de la poesía, uno siempre abre la carne y el sentido, aunque ella también es un arte que permite crear una obra de teatro con diversos actores ―familiares y desconocidos― para jugar entre la ilusión y la realidad. Uno puede elegir niveles, aunque siempre estará expuesto. En este hermoso trabajo, Luis se exhibe con ese grado de franqueza y transparencia donde uno mismo se siente expuesto, aunque con una honestidad y sensibilidad literaria envidiables para describirlo”.

 

Yo he querido espigar cuatro textos que nos remiten al amor. Aquí se los presento. (A. P. A.)

 

 

Ella hablaba en un idioma extraño

Y yo ni siquiera podía entenderme

 

Ella contaba cuentos remotos

Y yo recitaba poemas malsanos

 

Éramos dos extraños que se perdían

Juntos en el mismo laberinto

 

Los años pasaban y ya sabíamos

Que no había más que una salida

 

Y de pronto corríamos veloces

Y de pronto nos tendíamos al sol

 

Pero nada era suficiente allí

En medio de tantos caminos vacíos

 

Sólo esperábamos el amanecer

Mirando los muros grises y pardos

 

Hasta que un día se abrió una puerta

Y el sol nos vino a buscar muy callado.

 

 

 

Lleva la cuenta

De mis muertes

Lleva la cuenta

De mis besos

Lleva la cuenta

De mis tiempos

Lleva la cuenta

De mis cantos

Lleva la cuenta

De mis dolores

Lleva la cuenta

De mis dichas

Lleva la cuenta

De mis manos

Lleva la cuenta

De mis roces.

 

 

 

Como un árbol hemos sido y seremos

Como un árbol que sabe hablar y llorar

 

De una semilla hemos venido y escampado

Y allí estábamos cuando nadie nos vio

 

Precioso tiempo de la invisibilidad

Del misterio que emergía en silencio

 

Brotábamos como un atardecer

Lento y colorido e improbable

 

Abríamos las verdes alas del esqueleto

Para volar al cielo azul que besaba

 

Y no nos tardamos en ser rectos

Altos como una duda o una fe

 

No tardamos en expandir las plumas

Y respirar hondo desde el verdor

 

Hasta que por fin pudimos dar fruto

Y en su corazón nuevas promesas en flor.

 

 

Podríamos escribir sobre el cielo

Pidiendo perdón por tanto y tan poco

 

Podríamos esculpir allí nuestro amor

Y sería tan frágil como escultura de luz

 

Podríamos llorar y esperar que muy alto

Fuesen guardadas nuestras gotas

 

Podríamos cantar y quedar en silencio

Y esperar que todo quedara en un cofre

 

Podríamos escribir nuestros temores

Y también nuestros aciertos más dulces

 

Podríamos espigar las memorias

Esperando que nadie las pierda

 

Podríamos deletrear nuestros nombres

Pero sólo los más verdaderos

 

Podríamos escribir en los cielos

Siguiendo el compás del eterno viento.