Viernes, 15 de diciembre de 2017

 Con las víctimas

Hasta donde recuerdo, de las primeras veces que escuchamos hablar de islamismo radical como fuente de terrorismo, data de enero de 2003 con lo que la izquierda de este país, para mofarse del gobierno de Aznar, denominó “comando dixan”, por intentar un atentado con productos químicos.

En el año 2004 se produjo el atentado del 11 de marzo en el que, padeciendo un terrorismo autóctono de ETA, se exigió al gobierno de Aznar una identificación y actuación contra el islamismo por parte de quienes, un año antes, se mofaban del comando dixan.   Sé que no es una posición políticamente correcta, pero yo aún observo demasiadas fallas en esa investigación -pese a la existencia de una verdad judicial- como para considerarlo definitivamente un atentado del islamismo radical.

El 17 de agosto de 2017, más de 13 ó 14 años después, padecemos un claro atentado del islamismo radical en Barcelona y nadie exige reacciones políticas, nadie reclama responsabilidades a la Generalidad o a los responsables de los mossos, sin que inmediatamente escuchemos o añadamos que antes tenemos que estar con las víctimas, que la responsabilidad política se exigirá más adelante, que ahora el dolor y la sanación del mismo es vital.             Ahora, ¿dónde están aquellos que en menos de 24 horas se dedicaron a asaltar las sedes del PP, a llamar asesino a Aznar y a pedir responsabilidad al partido popular por criminal?

No aceptemos el uso político de las víctimas, es lo correcto, pero ¿cómo podemos aceptar sin decir nada que las autoridades catalanas sean las únicas que han dado una rueda de prensa utilizando sólo y exclusivamente la lengua catalana?, ¿eso no es un uso político de la situación?

El islam es peligroso en su radicalización y mantener una vigilancia con él no es islamofobia sino precaución y, en ese sentido, deben de ser los propios seguidores del islam los que actúen contra sus radicales, los que den pasos en contra de ellos, los que acaben con la yihad y no que critiquen a los terroristas pero luego los consideren “hermanos”, o como decían los vascos con los etarras “son nuestros cabrones”.

En democracia no vale todo para acabar con el adversario político, no vale cualquier cosa para generar odio, animadversión o ira contra el que piensa de otro modo al tuyo; y, me angustia ver cómo quienes hoy piden sosiego y no exigir responsabilidades políticas, quemaron la bandera que con un crespón negro coloqué en mi balcón el 11-M y atacaron las sedes de determinado partido político.

Por favor, que las víctimas sean todas iguales, que todos estemos con las víctimas, que las exigencias políticas se deduzcan igual para todos, que la cordura, la sensatez y la unidad sea la forma de actuar y que las varas de medir tengan todas las mismas medidas.