Viernes, 15 de diciembre de 2017

Firmeza...

La curiosidad es algo natural porque la gente siempre está ansiosa por conocer. Hace unos años la gente estaba ansiosa por conocer las propuestas concretas que el presidente del gobierno de turno iba a hacer para sacar al país de la crisis. De momento ya lo hemos visto, en lo económico como nos ha ido de regular. Pero ante el secesionismo la estrategia electoral consistente en arriesgar lo mínimo y huir de los compromisos precisos ha hecho que aumente el separatismo. Esta política sin duda ha respondido a un concepto excesivamente cauteloso que suele conducir a la derrota o a la victoria raspada, ya que la claridad, la sinceridad y la firmeza dan mejores réditos que la ambigüedad y la indefinición. La situación hoy por hoy está desbordada, y será muy difícil de reconducir y reconstruir la riqueza de la región.

La desesperación muchos españoles y su irritación tras legislaturas de uno y otro color teñidas de disparates monumentales hace que el español está harto de sonsonetes y diretes. Nuestra presente ruina material y moral es fruto de un marco conceptual y ético perverso en sus mismos fundamentos, y de una mala gestión política del país que requiere una verdadera catarsis colectiva. En otras palabras, que nos hace falta una nueva estructura mental, del concepto de patria, o recuperar el verdadero, ya perdido, en lo institucional, territorial y normativo, y alguien que esté decidido a emprender esa tarea sin temor y sin concesiones para restaurar la soberanía nacional. En definitiva la mentalidad de país.

La definición de enemigo, por parte de los secesionistas, la podemos ver en la fenomenología del falso y de los grandes falsos de la historia de la humanidad. La historia del falso es la historia del enemigo incluso cuando no lo hay, porque el odio es la emoción que calienta por dentro. Los nacionalistas catalanes, cuando ya no hay dictadura ni cortapisas, se los inventan para poder desarrollar su política. El falsario tiene mayor poder en cuanto está vacío y no se puede descubrir o atacar.

El problema catalán o mejor dicho la farsa catalana es muy grave. Más grave de lo que parece aquí a los mesetarios españoles, como nos llaman desde allá. Se ha dejado rodar la pelota, el famoso laissez faire, se ha dejado inflar por parte de un granujerío político, al que se le ha dejado campar a sus anchas, mientras robaba a manos llenas y difamaba, y se pasaba a todos los españoles, de aquí y de allá, por el arco del triunfo. Con el “España nos roba” acompañado de muchas falsedades e injurias, se dejo y ha dejado crecer un movimiento social cuyos protagonistas tenían que estar en la cárcel hace tiempo por muchos tipos de delitos. Todo el mundo sabe que la verdadera democracia está secuestrada en Cataluña desde hace muchos años, por la falsa de los otros. Desde que no se respeta la lengua del Estado, desde que se obliga a los comerciantes y empresarios a borrar todo vestigio de lo español que no es más que borrar la propia historia, desde que se tolera que los libros de texto expliquen mentiras, desde que vas a visitar un monumento, población o museo, y de repente te cuentan la historia de papa pitufo y sus acólitos rebozada de victimismo, una serie de disparates que hacen que muchos ciudadanos vivan con vergüenza ajena en Cataluña.

Se vive una situación social adormecida como en una realidad virtual, teñida de un soterrado racismo, aunque de momento se aprovechan de unos emigrantes que trabajan y cotizan, y que votarán, porque no conocen otra realidad que la impuesta, pero luego se les podrá culpar de todos los males para echarlos porque no son de los nuestros. Técnica empleada por todos totalitarismos, y tristemente muy reconocida en muchos lugares del mundo en la actualidad. Cada día nos despertamos ante un nuevo delito contra la soberanía nacional, los ciudadanos, la democracia y todo el que pillen, mientras el gobierno sigue a la espera de una mayor tropelía. A dónde acabaremos llegando y quién lo acabará pagando no se sabe, pero todos lo intuimos.

Es conocida la frase de Gramsci sobre el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Vivimos tiempos que nos demandan un optimismo basado en el coraje. Ante el fin o inicio la farsa catalana si los gobernantes y las instituciones no son capaces de hacer cumplir con firmeza la legislación, a los ciudadanos poca esperanza nos queda, y más después de tantas y tantas evidencias y desplantes...