Domingo, 22 de octubre de 2017

La hora de la Ciberbioética

Si hace unos años la Bioética vino para quedarse y en la comunidad académica o científica ocupa ya un lugar importante, la Ciberbioética se está abriendo hueco en una opinión pública desorientada que no sabe cómo afrontar los desafíos de la Información en la Era de la Globalización. Este hueco lo están abriendo los responsables de seguridad de las grandes empresas de comunicación, las agencias de seguridad y los organismos responsables de lo que hasta hace poco se llamaba “Defensa Nacional”. No se preocupan únicamente de la seguridad en el espacio y el mundo virtual sino de la seguridad en el ámbito de las ciencias de la vida. No necesitamos únicamente una “Ciber” o “Info-Ética” que clarifique, fundamente y nos ayude a tomar decisiones prudentes en el mundo de Internet sino una “Ciber-bio-ética” porque la defensa y promoción de la vida es un desafío informacional.

De este término se habló mucho hace unos días en un curso que tuvimos en la UIMP donde algunos responsables del Ministerio de Defensa y profesionales de la seguridad de diferentes agencias plantearon a la comunidad universitaria los retos de esta importante área de conocimiento. Se utilizó el término Ciberbioética para describir la complejidad y el alcance de unos retos de seguridad que aparentemente están en las redes o gestión de datos pero que, realmente, están en todas las cadenas de transmisión de la vida: desde la más básica de la Genética molecular hasta la más global del armamento nuclear. Hay una dimensión micro de la guerra de las galaxias que se juega en cada laboratorio de Genética, de Biología, de Nanotecnología o de Genómica.

Si en las guerras anteriores se ponían a prueba los imperios y su concepto tradicional de soberanía, ahora la soberanía se juega en la gestión de los laboratorios y en los nuevos frentes de la cuarta revolución industrial. Además de jugarse en las Industrias 4.0 basadas en la digitalización de los procesos, el Internet de las cosas o el “Big Data”, la soberanía se juega también en la modificación, alteración y transformación de los procesos naturales más elementales: un cromosoma, una célula o una proteína, etc. Y en estas áreas de conocimiento tan importante como el biólogo molecular es el profesional de la estadística, el abogado, el informático o el periodista. En las nuevas áreas de soberanía no está en juego sólo un país sino la propia especie humana en su conjunto.

El curso tenía como finalidad incrementar la cooperación entre estudiantes, expertos y responsables de la defensa, entendida esta en su más amplio sentido. Además de analizar el nuevo contexto internacional y los retos que plantean las tecnologías de la información, los expertos presentaron las numerosas oportunidades profesionales que las cuestiones de seguridad y defensa tienen para los universitarios.

Lo sorprendente no vino por el hecho de que los responsables de grandes empresas de ingeniería y seguridad estuvieran pensando en estudiantes de las Universidades Politécnicas, es decir, que estuvieran focalizando su interés en la selección de telecos, matemáticos o especialistas en gestión de datos o capacitación de hackers. Vino por el hecho de que las cuestiones informáticas, biológicas, ecológicas y bioéticas emergieran en el debate porque con la nueva revolución que se avecina los desafíos de la ciber-seguridad o ciber-inteligencia son problemas relacionados con la Genómica. Los desafíos de la nanotecnología en su alianza con las ciencias de la vida están modificando radicalmente el concepto de “naturaleza humana”.

Esta constatación se hace presente todos los años en los primeros temas de bioética cuando recordamos la famosa máxima de Stephen Toulmin, quien dijo que “La Bioética salvará a la Ética”. Desafío al que también ha tratado de responder Habermas cuando ha llamado la atención a la comunidad científica porque está en peligro El futuro de la naturaleza humana. La convergencia de estos desafíos bioéticos con los informáticos y bio-técnológicos relacionados con la inteligencia artificial nos obliga a construir una nueva disciplina que recibirá el nombre de “Ciber-Bio-Ética”.

Aunque también podemos hablar de una “Bioética 4.0” porque no puede construirse sin la gestión de datos que proporcionan las tecnologías de la Información, quizá sea mejor no colocarle ningún dígito por si acaso nos faltan números para organizar un proceso que parece no tener fin. En todo caso, los responsables de seguridad y Defensa alertaron de la gravedad de una situación que no sólo requiere unos mayores niveles de colaboración transdisciplinar sino una visión más integral de las estrechas relaciones que hay entre seguridad global y justicia social.