Domingo, 22 de octubre de 2017

Radicales de serie 

Vienen de serie, adoctrinados, como los niños catalanes a los que envuelven con la estelada y falsas historias en Cataluña. Vienen de serie ignorantes de todo, educados en el desprecio al que no piensa igual, en el acoso organizado a través de las redes, en la imposición de sus ideas.

Matan a golpes de cacerola la libertad y el respeto. Leen la palabra "tauromaquia" y les sale el mismo sarpullido que a los catalanes secesionistas cuando leen "España". Pervierten el lenguaje y la moral, defienden con violencia lo que no saben ganar o perder en las instituciones con la ley y la Constitución en la mano.

No saben que una Cátedra de Estudios se dedica a eso, al estudio. A la relación de la Tauromaquia, en este caso, con las ciencias y las artes. Se presentaron con las cacerolas creyendo que iban a suspender un festejo de vaquillas organizado por la Universidad, imponiendo por la fuerza, el acoso y el insulto su antitaurinismo pijoprogre, que está de moda, que es lo que se lleva.

Vienen de serie. Las mismas actitudes, las mismas consignas; unos levantaban el brazo y alzaban la mano. Otros le dan a la cacerola, cuanto más ruido mejor, insultando a la tolerancia, el respeto, la convivencia y la libertad.

Vienen de serie, adoctrinados, adocenados, antisistema, antitodo. Anti tú. Anti yo. Anti todos.

Ayer celebraban el aplazamiento de la apertura de una Cátedra de Estudios que relaciona la Tauromaquia con las Artes y las Ciencias, un matrimonio de siglos, para ponerlo en valor, para profundizar en su legado. Medicina, Medio Ambiente, Ecología, Economía, Derecho, Arquitectura, Sociología, Comunicación... y el Arte, con mayúscula. Las Artes. La pintura, la poesía, la música, la escultura, la novela... todo el poso y el peso cultural e histórico de la Tauromaquia como objeto de estudio en un espacio público, en un país libre, en una Salamanca cuyo motor secular es el toro, en una Universidad donde la pluralidad es sagrada.

Algunos pensaban espantar vaquillas a golpe de cacerola erigidos en dictadorzuelos en la más universal de las instituciones. En su pobreza, ni siquiera saben que ayer intentaron vetar en la universidad a Picasso, a Goya, a Alberti, a Dalí, a Machado, al Loquillo que hace dos días aplaudían en la Plaza Mayor, al Lorca que comparte fosa con dos banderilleros anarquistas; a Miguel Hernández, que intervino en la redacción del Cossío; a Wolff, a Sabina y Calamaro, a Boadella, a Fernando Botero, a Blasco Ibáñez, a Santiago Auserón, a Ortega, a Cela, a Vargas Llosa y a Gabo, a Tierno, a Claudio, a Bizet y al propio Miquel Barceló, investido la semana pasada Doctor Honoris Causa.

Esos y otros "asesinos", otros "catetos" como esos son los que planean sobre los estudios de la Cátedra. Pero pone "Tauromaquia" y la consigna es clara. Sarpullido. Caspa. Acoso, muerte al taurino. Fachas.

Ellos aún no habían nacido y yo, hija de la Democracia, ya me partía la cara en los medios de comunicación, en los foros y en la vida por la igualdad de hombres y mujeres, por la palabra y la dignidad para todos; por la integración y la apertura social, por la libertad de credo y de pensamiento y de amar sin barreras de sexo. Una libertad que ellos ahoran prostituyen para llamarnos asesinos, catetos, fachas. Camiseta del Che (que también iba a los toros) en ristre y pañuelo palestino al cuello, cacerola en mano, izquierda de pose y postureo, dictadura disfrazada de progresismo. No les dimos la palabra para que nos la arrebatasen, la libertad para que nos persiguiesen. No. No era esto.

Ayer sus cacerolas sonaban como un ejército de borregos, tan sin criterio, tan sin saber por dónde andan, tan creyéndose sus consignas fascistoides. Tal vez si hubiesen asistido a la apertura de la Cátedra algo hubiesen aprendido, al menos a respetar ideas que no son las suyas e incluso a defenderlas por la legitimidad de exponerlas.

Pero vienen de serie tirando por tierra los cuarenta largos años de lucha por las libertades en este país, intentando amordazar de nuevo a miles de ciudadanos que cuando ellos no habían ni nacido ya pisábamos los caminos de la libertad para que ellos no se hiciesen heridas en los pies. 

Dictadores de serie, radicales.