Sábado, 21 de octubre de 2017

Peñas, coloquios, conferencias y el Anuario Taurino

Idear, preparar, investigar, organizar y corregir el I Anuario Taurino que se hacía en Salamanca es una de las experiencias más enriquecedoras a las que me he enfrentado
Junto al periodista Enrique Arias Vega y el editor Juan Antonio Hernández en el Ateneo presentando mi novela "La caricia del día"

A mediados de los 90 hice para ‘Aplausos’ un par de años la Feria de Santander. En el Hotel Bahía se concentraba todo el universo taurino. Santander es una plaza amable para las figuras del toreo, con un toro medianejo perfectamente asumible en su calendario que ya empezaba a engordar a esas alturas del mes de julio, vísperas del agosto abrasador y viajero. Para los jóvenes que aspiraban a cotas mayores, Santander era una plaza que enamoraba para tomar la alternativa a cualquier novillerito con cierta fortuna de por aquí. Es el mar que está más cerca de Salamanca (sin contar Portugal), una ciudad preciosa y una feria en la que se llenaba la plaza todas las tardes. El salmantino Paco Gil le dio un buen empujón en aquellos años, le agregó un brillo inusitado y muchos salmantinos viajaban allá para ver a las figuras porque los días coincidían con época  vacacional.. Cuando yo anduve por allí funcionaban los Manzanares, Capea, Dámaso, etc…y el bullanguero Palomo Linares aún guerrero. Creo que fue su última vuelta a los ruedos. Por la mañana me iba a la playa del Puntal… feliz recuerdo.

Yo he sido mucho de enrollarme con los aficionados de las peñas taurinas; ya ni me acuerdo de las que habré inaugurado en Salamanca. Durante años presenté sus noches de gala en la entrega de sus premios. La de Jesulín  era una pasada y la de Rui Bento, que mantuvo la Peña muchos años en la picorota de la ilusión…Noches toledanas de buen rollo, de punta en blanco, taurinas cien por cien. Presenté muchos actos sociales y en la Peña de Rui me acompañaron en los eventos mis amigas Paquita Gutiérrez y Patricia Carnero. Mi recuerdo más cariñoso para ellas.

De coloquios ni contarles. Empecé en un Mesón que estuvo al lado de la Plaza de Toros. Luego estuve varios años en la Plaza de la Libertad donde me seguían durante toda la Feria un buen número de grandes aficionados, toreros y ganaderos. Hice muchos coloquios. En Ledesma, con Julio Robles, Manrique, José Luis Ramos; hablé de toros con personajes inolvidables y figuras señeras como El Viti, Ortega Cano, Alfonso Navalón, Florentino Díaz Flores, El Niño de la Capea, José Ramón Martín, Vidal Montero, Juan Miguel Núñez, Pereletegui, Paco Galache…

Di conferencias en Gijón, en la Federación Taurina Asturiana, otra con el ganadero Manuel San Román (excelente persona) y  Rui Bento, en Oviedo. En Portugal, Rui me llevó a un coloquio a su Peña Taurina de Vila Formoso y en Francia participé en otro organizado por el Club Taurino de Bayona (con intérprete: una experiencia rocambolesca). En aquellos años la Obra Social de Caja Duero, que dirigía Rafael Sierra, me ayudó mucho porque me financiaba los carteles que anunciaban los eventos. En fin, me interesaba mucho difundir la esencia cultural de la fiesta de los toros. Y montaba unos tinglados de miedo.

En Madrid, Emilio Morales, presidente de la Peña Taurina El Puyazo, una de las más emblemáticas de la capital, me llamó para dar una conferencia y allá que me fui con mis folios. La titulé, ¡pásmense!, ‘El  toro es una tempestad malva!’. En qué estaría yo pensando… pues me costó mucho sueño prepararla. Se portaron genial conmigo.

Idear, preparar, investigar, organizar y corregir el I Anuario Taurino que se hacía en Salamanca es una de las experiencias más enriquecedoras a las que me he enfrentado. Tenía (y tengo) buena amistad con la periodista Ana Hernández y Pedro Luis Martín, fotógrafo, cámara y gran aficionado a los toros. Entre los tres nos propusimos hacer un Anuario taurino que recogiera todos los festejos y noticias generados en Salamanca durante la temporada. Ardua y laboriosa tarea que afrontamos con sobredosis de ilusión, puntillosa meticulosidad y muchas horas de ocio porque nos reuníamos después del trabajo de cada uno. Pedir pizas a la una de la mañana para parar lo menos posible en las correcciones…contrastar datos, aportar ideas. Entre los tres sacamos adelante no uno, sino seis Anuarios que ahí están. Cada presentación en el Casino Palacio de Figueroa (gracias mil) era un acontecimiento social  en la ciudad que llenaba a tope su gran salón central. El primero se publicó en 1997, el último en 2002. El editor, Juan Antonio Hernández (Globalia) tuvo mucha culpa de su éxito, que conste.

En 1995 La familia Aguilar, del Hotel Meliá Horus, instituyen el Premio El Timbalero para premiar las mejores crónicas de la feria taurina de septiembre. El jurado me lo concedió en su primera edición. Acababa de morir el prestigioso crítico taurino de ABC, Vicente Zabala. (en capítulo anterior publiqué una foto de la información que publicaba al respecto el periódico Tribuna de Salamanca) Yo recogí el premio con un lazo negro en la solapa de la americana de manos del director del Hotel. Enrique de Sena, que fuera mi primer director en ‘El Adelanto’, cuando el periódico estaba a final de la Gran Vía, fue mi presentador.

Y bien, ésta sólo es una breve parte de mi vida como reportero, activista, escritor…(llámenlo como quieran) taurino.

Dejé de escribir de toros unos años y me dediqué a la poesía. Volví a primeros de 2000, cuando Enrique Arias Vega dirigió ‘El Adelanto’ en manos ya del Grupo Z.  Fue una época de mucho trabajo y cierto agobio pero que resolví bien a pesar de que me encargaron hacer todo el suplemento taurino. Una etapa muy creativa, me costó mucho entrar en las  claves informáticas del nuevo diseño del  periódico  pero lo conseguí. Yo lo hacía todo menos las fotos (a veces hasta también). Firmaba con tres pseudónimos. Fue un reto personal  que  superé, pero acababa hecho polvo.

La experiencia me inspiró una novela corta sobre el mundo del periodismo que titulé ‘La caricia del día’ y que me publicó  Juan Antonio Hernández (Globalia). Antes había publicado tres libros de poesía y viví una fascinante aventura radiofónica en R5 (RNE) con el programa ‘Contrabarrera’.

Fueron muchos años dedicados a la información taurina, los mejores de mi vida quizá. Después me saturé bastante de todo. El Ateneo de Salamanca me hizo entrar en nuevos mundos culturales y hoy el teatro llena buena parte de mi ocio.

El teatro, otra historia maravillosa y subyugante que merecería otras memorias.

  • Junto a Pedro Luis Martín y Ana Hernández en la presentación de uno de los anuarios
  • De pregonero en el Centro Cultural El Porvenir, de Ciudad Rodrigo
  • Hoy, el Teatro ocupa gran parte de mi tiempo libre. En la foto con mi compañero Luis Gutiérrez en la obra "Prohibido suicidarse en primavera", con la que estamos actualmente de gira