Domingo, 24 de septiembre de 2017

Aun estás a tiempo de ser libre

 

Nunca es demasiado tarde para decir TE AMO, nunca es demasiado tarde para que la humillación y el desprecio dejen de hacerte daño, libérate, y harás felices a los qué viven a tú lado y el primer beneficiario vas a ser tú mismo.

Son muchas las personas que sufren tras haber vivido toda su infancia y juventud buscando a un padre, del que no llegó a disfrutar porque no quiso ser padre y surge el abandono. Otros sufren porque su padre les maltrataba, insultándoles, pegándoles, haciéndoles chantaje emocional, manipulándoles para conseguir que hiciesen lo que él deseaba.

Es terrible el sufrimiento por la frialdad de gestos percibidos en los padres, por esa continua falta de atención, que en realidad, es una señal de falta de amor, que se intenta camuflar bajo la excusa del trabajo, la necesidad de traer dinero a casa para mantener a la familia o "porque mamá lo hace mejor".

 

Los padres tóxicos, existen, aunque nos parezca totalmente increíble y un fenómeno contranatural, hay padres egoístas y narcisistas que sólo piensan en ellos mismos, que llegan incluso a envidiar los logros de sus propios hijos e intentan ningunearles, rebajarles, humillarles minimizando sus éxitos, con tal de quedar ellos siempre por encima.

 

Hay padres que abusan psicológica y sexualmente de sus, que los utilizan sólo para alcanzar sus fines.

 

Hay padres que machacan a sus hijos imponiéndoles un ritmo de estudio que ellos no desean o para el que no está preparado o capacitado. Anteponen la satisfacción su necesidad de sentirse superiores a los demás a través de la proyección con éxito de sus hijos. Necesitan que el hijo triunfe para sentirse ellos ganadores. Tienen que ser números uno en la escuela, en la universidad. Tienen que ser mejores que sus amigos, o compañeros de clase.

 

 

Sentirse obligado a cumplir las expectativas paternas, puede ser un lastre que arrastres toda la vida

Algunos padres destrozan la vida a sus hijos y  estos sin embargo,  les adoran ¿Cómo es posible? Seguro que se preguntan quienes por suerte no han padecido en sus carnes éste martirio.

¡Porque es tanta la necesidad de amor! que prefieren tener un mal padre o madre a no tenerlo, es tanta la necesidad de ser aceptado  y reconocido que uno vuelve al hogar una y otra vez, la edad no importa, pueden ser con 30, 40, 50 años, siempre con el anhelo de encontrar al fin a ese padre o madre o ambos que nunca tuvo la palabra tierna, el decirle TE QUIERO, PEDIR UN BESO, ALABAR SUS TRIUNFOS, etc….

 

Las lágrimas no se hacen esperar cuando intentamos extraer recuerdos, experiencias de dolor, frustración, rabia, es difícil exteriorizar la rabia contra una figura que se supone debe ser encarnada en una persona que te ama y defiende ante todo y contra todos, y cuyo principal objetivo en la vida, es cuidar a sus descendientes.

 

No te crees con derecho a sentir odio hacia la figura paterna, prefieres dirigirlo contra sí mismo, apareciendo así las consecuencias de esta vuelta de la agresividad o la rabia contra uno: depresión, crisis de angustia, obsesiones, autolesiones, ideas o  intentos de suicidio.

 

 

Cuesta dejar atrás el pasado, pero nunca es tarde para comenzar a vivir en libertad, sin chantajes, por muy mayores que sean, háblales claro y si cambia, abre los brazos y acógelos en su ancianidad, de lo contrario si siguen utilizándote, olvidalos, no son dignos de seguirles el juego.

 

Es cierto también, que los padres arrastran su propio dolor, sus historias, seguramente nada fáciles. Podríamos asegurar que su padre fue un niño maltratado de forma física o psicológica, que vivió asustado, sometido, obedeciendo por temor (no con respeto) todas las demandas paternas. Las historias se repiten. El ser humano aprende por imitación al modelo, hacemos lo que vemos, realizamos conductas, utilizamos expresiones que escuchamos por vez primera a nuestros padres. Es por ello, que aunque, a veces, como padres intentemos rebelarnos contra esa forma de comportarnos, aunque deseemos hacerlo mejor con nuestros hijos, de una forma más sana y constructiva de la que lo hicieron nuestros padres con nosotros, repitamos conductas inapropiadas, dañinas hacia esos niños que hemos traído al mundo (con amor).

 

Hoy, quizás no desees felicitar o abrazar a tu padre, no te culpes si no lo haces. Respeta tu necesidad de poner distancia física o emocional con tus progenitores. Quizás, un día puedas perdonarles, y desde el perdón y el amor establecer una nueva y distinta relación con ellos, en la que tú seas el que dirija, exprese y ponga por delante tus necesidades y tus deseos. Quizás, aunque les perdones, no sea sano volver a contactar con ellos, concédete permiso para esa ausencia de relación con aquellos que te trajeron al mundo y no supieron o pudieron estar a la altura de sus responsabilidades, de sus compromisos, de establecer esos lazos afectivos positivos contigo.

¡Nunca es tarde para ser libre!