Jueves, 21 de septiembre de 2017

Historia abreviada de la lengua serbocroata

Supongamos que usted habla extremeño. Extremeño del Piornal. Y está muy orgulloso de ello. No es para menos. Ya me gustaría a mí dominar su cadencia y sus aspiraciones consonánticas, así como todas aquellas influencias lejanas de un sustrato asturleonés que fue menguando con los siglos y se quedó en un leve rastro, tantas veces menospreciado por los que no saben sopesar el valor de lo menudo.

Un buen día usted se levanta con el ceño fruncido y el cuerpo batallador. Ya está bien de injusticias -se dice por todo lo alto, aunque sin salir de momento del dormitorio de su casa, por lo que pueda ser-. Alguien le dijo que habla en dialecto, y sin pegar ojo en toda la noche ha llegado a la conclusión de que esto está muy mal y que, como persona concienciada, tiene que hacer algo al respecto contra la horda imperialista.

Al bajar a desayunar al bar de la plaza no puede por menos que contar sus pesares a los contertulios habituales, que solo por tratarse de gente civilizada pueden contener su indignación. Ellos no han hablado en su vida en dialecto, sino en una lengua completa, que les sirve para todo lo que necesitan, incluso para hablar a media voz.

Como se trata de gente responsable y alguno incluso ha estudiado en Salamanca, avanzada la tarde ya tienen estructurado un minucioso borrador de estatutos para constituir un alto instituto para la limpieza y el esplendor de la lengua piornalega. Es así como se deben hacer las cosas, de manera clara y decidida. Pero no crean que les va a bastar con eso.

Todos ustedes son gente sensata y saben que hay que aportar argumentos. Así que ya tienen a la Comisión constitutiva en el Paseo de las Escuelas, yendo a toda prisa a hablar con el Señor Director de la sección del Instituto de Enseñanza Secundaria, antes de que se marche a cenar a Plasencia, para que les dé el apoyo conveniente y de paso vaya preparando el terreno con las autoridades placentinas, a las que ninguna gracia les va a hacer el afán reivindicativo que se ha levantado como un  viento tremebundo.

Le aportan ya toda una lista de palabras enhebradas por el camino, sin que falte la “mesa de burru”, la “albería” o las “cherebengas”, ni menos aún toda una serie de diferencias fonéticas y hasta la singular entonación autóctona, que bastaría ella sola para que fuera creada una Real Academia de la Lengua Piornalega, con todas sus Reales y Piornalegas Comisiones. El Señor Director les recibe muy atento y les da toda la razón, y aún añade algunas otras precisiones que con las prisas se habían quedado olvidadas.

No se me ofendan los del Piornal. Algunos saben lo que se les quiere. Todo era un suponer, quizás abusivo, lo sé. Pero un simple suponer. A veces hay que llevar las cosas a lo absurdo, pasando por lo inverosímil, para hacerse entender. Ahora donde pone “pionalego” pongan ustedes, yo que sé… “croata” o “montenegrino”, y tal vez se queden en las mismas, pero quizás ya alguien empiece a entender alguna cosa. Aunque si quieren darle toda la verosimilitud a esta breve e intensa historia pongan ustedes “valenciano”, acuérdense de la inveterada fobia a todo lo que sea catalán, y verán que todo cuadra perfectamente.