Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un agosto diferente o mes fatídico

En el mundillo periodístico el mes de agosto siempre se distinguió por ser muy cicatero a la hora de recibir y dar noticias. La España interior cerraba por vacaciones y los periódicos, con un retén de servicios mínimos, echaban mano de temas enlatados y aún sobraba tiempo para hacer otras tareas, con lo que agosto se convertía en un mes de barbecho. Así, anecdóticamente -propio de periódicos de tirada nacional- algunos medios aprovechaban el mes para realizar y guardar obituarios de personas vivas.

      Pero ahora no podemos decir lo mismo, pues en este mundo globalizado, con la Wikipedia repleta de datos de barones y notables dispuestos a “sé morir”, como diría don Jorge Manrique, y en el que las noticias que se generan en Venezuela, Pyongyang o el tuit mañanero de Trump son portada para el mundo, el mes de agosto, como sinónimo de descanso, está pasando a mejor vida. Por ejemplo, ya que hemos hablado de Trump, sería un desperdicio no informar que dicho señor es un súper héroe que es capaz de mirar un eclipse sin gafas protectoras, aunque lo hiciera en breves segundos.

Otra razón, generadora de noticias, es ese turismo marca blanca que llega a nuestro país a bebernos la cosecha e incluso a levantarnos de la cama favorecidos por la avaricia de arrendatarios sin escrúpulos, individuos que echan números y llegan a la conclusión que saquear a un turista durante una semana es mucho más rentable que alquilar apartamentos a familias por un mes completo y a precios razonables. ¡La dictadura del dinero! Un hecho que trae como consecuencia que, para septiembre, cuando la RAE abra sus puertas, ya tendrá un nuevo término a la vista: “turismofobia”.

No obstante, ciñámonos a este agosto de 2017, trágico donde los haya, y al que aún le faltan tres días, que son precisamente los días de la operación retorno, pero esperemos que no haya ni una víctima más en la carretera, ni por mar o aire, pues ya son bastantes las dieciséis del atropello sin alma de los terroristas de Barcelona, o la muerte en quad de nuestro motociclista más laureado, o esos muertos por ahogamiento en nuestros ríos y playas y las de violencia de género, una lacra que parece no tener fin.

Además, refiriéndonos sólo a nuestro país, aparte del señalado Ángel Nieto, el mes ha sido pródigo en llevarse un ramillete de primeras figuras de distintas artes. Hablamos de Terele Pávez, actriz que, todo nuestro respeto a muchas y buenas actrices que tenemos y hemos tenido, para encontrar una a su altura tenemos que recordar a la gran Lola Gaos; también se nos marchó Basilio Martín Patino, nacido en nuestra tierra, director de cine de alta calidad que será recordado por películas como “Canciones para después de una guerra” y otras, filmes que pertenecen a un cine testimonial sin fecha de caducidad; y cómo no hacer reseña de la desaparición de Nati Mistral, torrente de mujer que supo mantener como actriz y cantante regularidad constante durante su larga trayectoria artística; y más reciente aún, el fallecimiento de Dámaso González, superviviente durante medio siglo, torero intrépido en el buen sentido de la palabra, que se lo ha llevado de manera fulminante ese toro llamado cáncer en una noche de luna oscurecida.

¿Por qué este agosto tan trágico? No sé, un mes que fue capaz de atrapar en plena juventud a Marilyn y a Diana de Gales y que, en el presente año, por señalar algún extranjero de renombre, ha escoltado a las alturas al gran Jerry Lewis, quizá no haga falta que acudamos a las estadísticas y asumir que en realidad agosto siempre fue un mes fatídico.