Jueves, 21 de septiembre de 2017

Educar para la paz

 

 

  “Mira, yo pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos de Dios… vivirás y te multiplicarás” (Dt 30,15-17). El ser humano tiene la capacidad de escoger el amor o el odio, la muerte o la vida. Desgraciadamente muchas personas han optado por la muerte. No sólo se grita: “¡viva la muerte!”, sino que se practica toda clase de muerte. Se arranca la vida en el seno materno, se deja que millones de niños mueran de hambre, se abandona al anciano a su suerte, a la soledad y a la muerte. Se mata de una vez y se mata lentamente. La violencia se ha adueñado de los corazones y campea en los medios de comunicación, en los hogares, en el trabajo, en la calle. Vivimos divididos. Hemos levantado muros para alejar al que nos molesta, bien sea por su color, lengua, religión. Hacemos acepción de personas, no seguimos el ejemplo de Jesús.

Existe una pasión por la muerte que debiera ser transformada en pasión por la vida. Nos falta por descubrir la fuerza de la no violencia, del amor, del valor de la vida, de la paz. Debemos, pues, educarnos para la paz, para la convivencia, para optar por la búsqueda de un mundo más humano y más justo. Somos, de algún modo, hijos del pecado, de la injusticia, de la violencia; estamos heridos de muerte y es por ello que todos necesitamos perdonar y ser perdonados.

En el periódico El Mundo, el  22 de agosto de 2017, escribía Luis María Ansón: “Nada más cerril que generalizar. Sería absurdo que los árabes juzgaran a los españoles como terroristas por Eta; o a los irlandeses por el Ira; o a los peruanos por Sendero Luminoso; o a los alemanes por la Baader Meinhof; o a los italianos por las brigadas rojas; o a los argentinos por los montoneros; o a los franceses por el FLN corso; o a los uruguayos por los tupamaros; o a los mauritanos por los polisarios”.

Y terminaba el artículo diciendo: “Solo el buen sentido, el entendimiento moderado de la Historia, el respeto a la religión ajena, el reconocimiento de las manifestaciones culturales allá donde se producen y la huida a la desbandada de las generalizaciones cerriles, pueden evitar que se encienda la islamofobia y con ella un conflicto armado entre el mundo occidental y el mundo islámico”.

  En estos días se ha hablado mucho de los atentados de Barcelona. No es fácil hacer un análisis objetivo, cuando están tan  recientes los hechos. Hay respuestas para todos los gustos. Aunque la solución sea difícil, yo propongo la de educar para la convivencia, para la solidaridad, para la paz. Delante de cada uno de nosotros está la vida y la muerte, el amor o el odio. Se nos da la oportunidad de escoger. “Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz" (Maria Montessori). Y no nos olvidemos que la paz empieza en el corazón de cada persona, se cultiva en la familia y se expande a cada ciudad y al mundo entero. 

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