Viernes, 24 de noviembre de 2017

Carta a mí familia y amigos fallecidos

Queridos todos, quiero escribiros para  deciros como  seguimos transitando por estos lares, ha pasado - vuestro día -  el tiempo es el mejor bálsamo, ¿no? Sigo luchando como mejor puedo jornada tras jornada, procurando llevar puesto el mejor regalo que me aconsejasteis “la sonrisa”. La  sonrisa, es un Lenguaje enriquecido con millones de significados”

Lo que habéis  legado no es un camino de rosas, son trochas de espinas, llenas de silencios y preguntas sin respuestas. Las rosas se las llevó el viento el día de vuestra partida, aunque a veces y sin esperarlo aparecen pétalos,  ¡No sabéis como se agradece su llegada!.

 Podría escribir días, años y crear volúmenes para hacer una enciclopedia, recuerdo cada palabra,  cada punto, cada coma, cada mayúscula vivida a vuestro lado.

Dormiría  rodeada de todos los ejemplares y cada uno me hablaría de vosotros y vuestras enseñanzas, risas y parloteos fútiles.

 No estoy triste, sé que estáis  en un bello lugar, y aunque ahora mis ojos se pierdan buscándoos entre las estrellas y el espacio, confío que algún día pueda volver a veros y no separarnos jamás.

A mí familia y amigos fallecidos

 

Isaura Díaz de Figueiredo El camino se ha fraccionado

para ambos.

Estruendosos misterios,

 se ocultan en cada rincón de casa.

Al mismo tiempo que hemos perdido

la necesidad de hablar,

ecos de extrañas voces gritan,

cansinos recuerdos.

Cada día  dentellea,  

roe el pecho,

el sabor dulce del engaño,

que cobardemente embarras,

tras velos de falsa sonrisa.

Nada aprecias

en la anuencia de mí callada mudez.

En esta esquizofrenia, confusa y fría, aprenderé a  olvidarte,

cruzando sola el estrellado desierto,

oculta tras la palabra, está la gota de néctar que sepa saciarme

 

Isaura Díaz de Figueiredo