Lunes, 18 de diciembre de 2017

Rajoy: la soledad del corredor de running

Rajoy, cansado, “tocado” y hastiado, va dejando de ser creíble y su suelo electoral empieza a resquebrajarse (los últimos sondeos que hablan del avance del PSOE y Unidos Podemos lo demuestran).

                    

Es verdad que Rajoy está solo, que recorre las veredas y riberas de los municipios de su Galicia natal únicamente con la compañía José Benito Suárez, el marido de la presidenta del Congreso, Ana Pastor. Y este siempre camina por detrás del registrador de la propiedad ajena. Lo peor no es que haga running en solitario sino que se encuentra aislado, desolado, ante los próximos acontecimientos políticos y judiciales que tanto le preocupan.

Mariano Rajoy está inquieto por si tiene que convocar un Consejo de Ministros extraordinario a mediados de agosto (¡qué fastidio!), por la deriva del Parlamento catalán de tramitar el referéndum del soberanismo fijado para el 1 de octubre. Y ese desasosiego lo tiene bien merecido porque no ha buscado el diálogo sino la confrontación y el palo y la zanahoria. Al PP le puede salir el tiro por la culata, porque solamente le apoya C´s en estas ineficaces batallitas contra los catalanes que piden el derecho a decidir su soberanía.

También le preocupan los acontecimientos de Venezuela, pero a Rajoy le importa bien poco la oposición venezolana, que la mayoría está liderada por sectores profundamente anti-democráticos vinculados a las clases dominantes y a las oligarquías financieras tradicionales. Estos grupos preparan un programa de reacción autoritaria contra las conquistas de la revolución bolivariana, algunas de ellas muy mermadas por la crisis que vive el país y otras corrompidas por la ineficacia, la corrupción y el despotismo de Maduro. Con Venezuela, el PP y C´s solo quieren seguir metiendo el dedo en la llaga y tocarle las narices a Unidos Podemos, complacientes con la revolución socialista venezolana de Maduro y de Chávez.

En sus caminatas por las orillas del río Umia, a Rajoy  le da dolores de cabeza el desasosiego por tener que acudir en setiembre a declarar a la comisión de investigación del Congreso sobre la presunta corrupción y financiación ilegal del PP. No le deja dormir a pierna suelta el tener que testificar en la segunda parte –últimos años– de la trama “Gürtel”. Le ensordecen los oídos los casos del corrupción pepera que siguen saliendo y los que ya están en investigación, imputación, enjuiciados, condenados y encarcelados. Y por las noches se despierta sobresaltado varias veces gritando eso de “Rita eres la mejor; eso es lo que creo y lo que siento. Eeehhh”. “Te quiero, Alfonso (Rus); te quiero, coño. Eeehhh”.

  A Rajoy le intranquilizan mucho las amistades y subalternos de la “guapi” Cifuentes y de la duquesa lideresa Espe Aguirre porque apestan a corrupción y a prevaricación, que le salpican a él cuando era director de campañas electorales y secretario general del PP.

Fuertes dolores de estómago le producen sus ministros Báñez, De Guindos y Montoro cuando hablan del crecimiento económico de España y el aumento del empleo. No se cree sus mentiras. La precariedad del empleo y los bajos salarios son un martilleo constante en su mollera cada vez que sale a “runear” por las poblaciones pontevedresas. La estabilidad presupuestaria es escasa y solo tiene fijos los apoyos de Ciudadanos, monaguillos suyos ­–o lo que sean–, pues los vascos, catalanes y canarios están a sacarle los “cuartos”, y el día que no suelte la pasta, pues le retiran el aval de sus votos. Parece ser que los datos económicos que maneja Rajoy no son tan dulces y beneficiosos para millones de hogares españoles como se empeñan en hacernos creer a machamartillo los ministros de Economía, Hacienda, Empleo y S.S.

  A Mariano Rajoy, en las noches veraniegas gallegas, le siguen afligiendo aquellas palabras que le espetó Pedro Sánchez en el debate televisivo del pasado 14 de diciembre, y que tanto hizo rasgarse las vestiduras a Rajoy y a todo el PP: “El presidente del Gobierno de España tiene que ser una persona decente y usted no lo es”.

Rajoy, cansado, “tocado” y hastiado, va dejando de ser creíble y su suelo electoral empieza a resquebrajarse (los últimos sondeos que hablan del avance del PSOE y Unidos Podemos lo demuestran).

 En el PP creen hipócritamente que es admirable su lucha y “compromiso” contra la corrupción, tan cacareada en multitud de ocasiones por sus líderes. El cántico sibilino a la batalla contra la corrupción dentro del PP es vergonzante. Rajoy y varios dirigentes del PP parecen que pertenecen a “la Cátedra del de cinismo político”, de la que tanto hablan Gaspar Llamazares como Anguita. Por un lado, dicen estar combatiéndola, pero por otro, el presidente del Gobierno ha mentido como testigo en un juicio. Y no ha mentido por error. Ha mentido para auto exculparse, para negar que supiera nada de la financiación ilegal de su partido.

Hubo un tiempo en el que Mariano Rajoy conocía al dedillo las cuentas de las campañas electorales que dirigía. Así lo leemos, oímos y vemos, en malditas hemerotecas del 2000 y 2005. Que los jueces constaten financiación ilegal en tu partido es malísimo para la memoria. Mentir y cinismo, esas son dos las asignaturas estrella de la Cátedra del PP, Génova13. 

Y Rajoy sigue sus vacaciones a ritmo de running por las orillas del río Umia, a su paso por la localidad pontevedresa de Ponte Arnelas, en Ribadumia. Solo le acompaña José Benito, pero no Ana, la esposa de este, ni la suya, Elvira.  Ellas no soportarían el vertiginoso paso trotón del achantado gallego.

-Oye, José, ¿me habrán telefoneado de Cataluña? ¿Y Bárcenas? ¿Sabes si Luis ha contestado a mis SMS? Vamos, José, no te retrases.

-Sí, Mariano, sí; corramos más deprisa que ya están pisándonos los talones PéSánchez y Unidos Podemos.