Lunes, 23 de octubre de 2017

Las redes (nada virtuales)

Me sigo preguntando si estar presente en esas redes (nada virtuales) es indicio de mayor o menor libertad individual. Ver la red como una estructura o tramado de nudillos organizados, cuerdas o nylon, que enlazan la posibilidad del primero de los nudos con el último. Eso que parece un muro interminable de celdillas casi transparentes y que los peces distinguen poco y mal y adonde son arrastrados para su pesca. Otro caso es el de no verse como parte de esa estructura, sino como víctima en ella. Que ahí voy. Las redes son propiedad privada de pescadores de multinacional y están ya tendidas de antemano. Uno va ahí adentro casi sin suponerlo. Cualquiera es más pez que pescador o estructura reticular. Todo nudo sirve y ninguno es absolutamente necesario. Cada vez que alguien hace la inocente operación de colgar su autorización con foto y comentario incrementa más esa red, se pega a uno y otro lado del mundo (o de otro mundo nuevo). Un vecino o un colega que te conoce ya de tu ciudad te saluda y da la bienvenida y otro que viene del hemisferio austral sin conocerlo te da un me gusta y te felicita por tu cumpleaños. Tú le puedes llevar a otro y el austral te trae otro más. Así sigue creciendo exponencialmente.

           Mostrar tanto y mostrarse tanto puede que sirva para algo, aunque no sé bien si es algo práctico y útil del todo. Desconfío de eso. Desde luego que sí es útil para las empresas que manejan ese entramado y las que se basan en él. Información de todos lados. Demasiada. Controles y alineamientos de pensamiento. Ventas multimillonarias por publicidades millonarias. Estéticas de forma y pensamiento teledirigidas (para lo bueno y lo malo). Imitación. Y dependencia. Como la de la droga. Quién se sale después de haber entrado. Muy poca gente.

          No es solo colgar una foto inocente y unos datos y opiniones. Es admitir unas normas para exhibirte. Es la posibilidad de comunicarte (limitadamente) con el otro lado del mundo (cuando físicamente ni te hablas con los de tu escalera). Asomarte a una ventana que ni siquiera pueda existir realmente para saludar a una vecina que siempre se levanta guapamente peinada y te da los buenos días. O aquel otro que diariamente pone mala cara a lo que dices. Hay alguien que siempre manejará el  cristal del microscopio a su antojo o será el dueño absoluto del escaparate entero donde tanto exhibimos.