Sábado, 21 de octubre de 2017
Bracamonte al día

La fiesta del Santo Cristo del Humilladero marca el inicio de la renovación en su Cabildo y el perfilado de los nuevos Estatutos

El párroco Lauren Sevillano se comprometía ante vecinos y fieles a llevar adelante esta tarea afirmando que “esto nos ayudara a ponernos en el camino de la solución”
Cientos de personas arropaban al Santo Cristo del Humilladero durante su fiesta anual
La Ermita del Santo Cristo del Humilladero volvía a quedarse pequeña un año más para recibir a la multitud de vecinos y fieles que han querido participar en la fiesta anual de esta histórica y venerada imagen peñarandina.
 
Unos festejos que se iniciaban pasadas las ocho de la tarde cuando el párroco local Lauren Sevillano oficiaba una solemne eucaristía cargada de simbolismo y referencias al sentir del pueblo con esta talla. Un acto en el que además se anunciaba que la Mayordomía, cargo centenario, quedaba en manos del Cabildo al no existir relevo de baras. 
 
Durante la proclamación de dicho cargo, el párroco se comprometía públicamente a que el próximo año ya estén perfilados los nuevos Estatutos Eclesiásticos y una nueva organización del Cabildo del Humilladero, además del resto de Cofradías. Una constitución de este reglamento de la que afirmaba como “por el bien del Cristo y por el bien de todos nosotros debemos hacerlo ya. No podemos continuar con los problemas que tenemos que son muchos y creo que todo esto ayudara a ponernos en el camino de la solución” añadiendo que “el importante aquí es el Santo Cristo del Humilladero, no el Cabildo ni los personalismos, estos no lo son”.
 
Tras la celebración, la imagen del Cristo salía del templo portado a hombros para recorrer las calles del barrio de Chamberí, ligado emocional y geográficamente a la imagen de este querido Cristo. La dulzaina Alborada amenizó la procesión, ofreciendo animados sones castellanos que fueron arropados por el baile que algunos fieles quisieron dedicar al Cristo.
 
La festividad concluía con un convite de hermandad que se prolongaba hasta bien entrada la noche, en el que se sucedieron los corrillos y las animadas conversaciones.