Jueves, 17 de agosto de 2017

Sacerdotes misioneros reunidos en Salamanca peregrinan a Alba y Fátima

Los sacerdotes misioneros realizan un intercambio que enriquece a todos

Un grupo de sacerdotes de diferentes diócesis de España, que trabajan o han trabajado en América, se reúnen cada año en un lugar diferente de nuestro país, y lo hacen al comienzo del mes de agosto, aprovechando que algunos de los que siguen su trabajo en América vienen de vacaciones. Este año ha correspondido hacerla en Salamanca y nos ha tacado organizar la reunión.

Han venido sacerdotes que están todavía en Brasil, Bolivia, Argentina o Cuba. Otros han estado en Argentina, Brasil, Chile, Perú, Venezuela o Paraguay. Esto supone un encuentro e intercambio de experiencias de gran variedad y riqueza y, por otra parte, de suma actualidad, intercambio que enriquece a todos admirablemente.

Y es que la estancia en el encuentro incluye oración, por supuesto, pero también formación, encuentro lúdico que se cumple en algunas excursiones, y coloquios de intercambio.

Las excursiones este año, teniendo en cuenta que ya ha habido algún otro encuentro en Salamanca y han ido conociendo los lugares turísticos y artísticos de la capital y del entorno, han tenido un marcado carácter de peregrinación. La visita y celebración de la eucaristía en Alba en la casa de la madre Teresa es siempre obligada. Más en previsión de que el año próximo habrá jubileo teresiano en Ávila, y quizá también en Salamanca, por concesión del Papa Francisco, con privilegio de poder celebrarlo, como ocurre en Santiago de Compostela, en Santo Toribio de Liébana y en Caravaca de la Cruz, cada vez que la fiesta de la Santa cae en domingo.

En esta peregrinación nos acompañó, y por cierto con gran competencia y atractivo, el padre carmelita, natural de Alba y miembro de la comunidad carmelitana de la misma villa, Manuel Diego. Nos mostró con la máxima competencia el museo de las Madres Carmelitas “Carmus”, y después nos presidió la eucaristía en la capilla del primer enterramiento de la Santa.

Otra peregrinación, de un solo día y con gran esfuerzo de los sacerdotes, la mayoría próximos o que superan los 80 años, se ha llevado a cabo, habiendo sido muy deseada y esperada, en un largo viaje y devota peregrinación, para visitar y honrar a la Virgen del Rosario de Fátima. La ocasión la ofrecía el hecho de conmemorarse en este año el centenario de las apariciones a los tres niños pastorcitos de aquel lugar, Lucía, Jacinta y Francisco. Los tres están enterrados en la gran basílica tradicional, a la que ha sucedido y con la que comparte celebraciones la magnífica y modernísima basílica de la Santísima Trinidad, situada en el lado opuesto de la gran plaza de las celebraciones y procesiones.

Allí pudimos concelebrar la eucaristía en la capilla de las apariciones, por cierto en el idioma portugués como correspondía al horario del mediodía, y recitar la oración de consagración a la Virgen de Fátima.

La visita rápida a ambas basílicas completó el acto de nuestra peregrinación. Y con ello quedó renovado y reforzado nuestro espíritu misionero. Aparte de acompañar con nuestras oraciones a los compañeros que todavía continúan, con gran esfuerzo, dedicación y generosidad, su trabajo misionero en América.

Que Teresa y la Señora de Fátima continúen estimulando y acompañando el esfuerzo de la siembra misionera y apostólica que realizan los hombres y mujeres de nuestra tierra, no sólo a lo largo del continente americano, sino también en las tierras de África, Asia y Oceanía. Y, por qué no, también en las de Europa.