Lunes, 23 de octubre de 2017

¿Una nueva sociedad de músicos?

La “mafia” del “caso rueda” de la SGAE ha generado  un gran revuelo entre todos los artistas asociados. Es una  nueva trama en la que algunos directivos de la sociedad de gestión se estaban embolsando cifras millonarias al recaudar derechos de autor por canciones que nunca antes habían sido editadas y por otras de domino público que habían sido alteradas irregularmente para poder ser utilizadas en las televisiones. Son esas canciones inaudibles de los programas de tarot emitidos de madrugada.

Las cifras hablaban de 18 detenidos en esta operación en la que se investiga a varias televisiones y a algunos socios de la SGAE.

La rueda está acabando con la escasa confianza que los artistas depositábamos en la junta directiva, hasta ahora presidida por José Miguel Fernández Sastrón. La rabia de los compositores no se ha podido contener y algunos ya han saltado a los medios indicando que habían sido apartados de las parrillas televisivas al no participar en un método que consistía en ceder los derechos de canciones nunca antes editadas a los cabecillas de la trama.

Las quejas, que no vienen solo de ahora, sino que es algo que ya se lleva denunciando mucho tiempo por lo artistas españoles, son porque esta música que no puede controlarse (al no tener un público real ni formar parte de ninguna banda sonora, ni tan siquiera de la banda sonora social), genera bastante más dinero que la de esos autores que llenan salas y festivales pero que cada vez recaudan menos, en parte por la carencia de un sistema justo de gestión de derechos.

Según el auto del juez que lleva el caso, esta trama generó un fraude de más de 100 millones de euros entre 2006 y 2011, y los ingresos de la sociedad han ido descendiendo desde el año 2012, viéndose muy afectados los autores menos conocidos, que tienen que recurrir a buscar otra fuente de ingresos por no poder vivir de sus canciones.

Algo parecido sucedió en 1977 en una SGAE nunca exenta de polémica. En aquella ocasión era otra rueda, la de los tupamaros, que alteraba (por acción directa de músicos militares) las hojas de declaración de los repertorios que llevaban las orquestas en las verbenas y registraban las canciones que a ellos les parecían.

Esta vez se ha generado otra lista muy distinta. La de artistas que representan a la mayoría de la profesión, entre los que se encuentran: Adrián Costa, Burning, César Pop, Coque Malla, Depedro, El Drogas, Fernando Pardo, Fito Cabrales, Iván Ferreiro, Izal, Kiko Veneno, Leiva, León Benavente, Lichis, M-Clan, Miss Caffeina, Nacho Vegas, Niños Mutantes, Novedades Carminha, Quique González, Rayden, Sabino Méndez, Soledad Vélez, Tote King, Vega, Vetusta Morla o Zahara.

El resumen lo hacen algunas de sus declaraciones: (Leiva) “Es una trampa muy fea que falta al respeto a la canción, que es algo sagrado. Es cutre. Un tipo, que no se dedica a la música, registrando miles de temas en un año y recaudando más que Mick Jagger. Es asqueroso”, (Quique González) “Los guiris deben alucinar. Canciones basura para los minutos de la basura haciendo millonarios. Me dan ganas de vomitar”, (Guille Galván de Vetusta Morla) “La SGAE debería romperse y hacerse de nuevo”, (Juanma Latorre de Vetusta Morla) “Si la SGAE no tiene capacidad de sacar a los autores de la rueda ni capacidad de regeneración interna, habrá que atacarla desde fuera”, (Fernando Pardo, de Corizonas y Sex Museum) “El Ministerio de Cultura debería intervenir absolutamente. No se puede permitir más esta corrupción”, (Fito Cabrales) “Antes la SGAE era como una casa que nos representaba y ayudaba, pero ahora funciona como una mafia. Es una gran maldad y juegan con la ventaja de que los músicos hemos ido a nuestra bola”.

Ahora se plantea crear una nueva sociedad que sí vele por los derechos de los artistas y la idea va ganando cada vez más aceptación en el sector. De momento habrá que esperar a ver qué pasa esta vez.