Jueves, 17 de agosto de 2017

Una voz profética para esperanza

Hay una gracia en el momento presente —yo lo veo desde mi trabajo por los derechos humanos—, que Dios le está dando a la humanidad. Es el reconocimiento que los seres humanos tienen de la propia dignidad, reconocimiento que los pueblos tienen de su lugar en la historia, reconocimiento que la mujer tiene de su propia dignidad y de su posición ante el resto de la sociedad. Estos dones, que vienen de Dios, los tenemos que reconocer y tomar en cuenta desde la Iglesia.

Raúl Vera, obispo de Saltillo.

En el artículo anterior subrayábamos la dificultad de hablar en nombre de Dios e iluminar el presente cargado de hambre, injusticias, corrupciones religiosas y políticas, desesperanzas y escepticismo. Nos sobran malos políticos y heraldos de malas noticias y, nos faltan profetas que anuncien y denuncien en nuestra sociedad de la indiferencia. Puede que sus palabras se oculten entre tantas voces y ruidos de un mundo conformista que se niega a la novedad de una sociedad más justa y mejor para todos.

Cerca la festividad de Santo Domingo, “evangelio viviente”, preocupado por sus frailes, promueve que se preparen para la predicación mediante una contemplación intensa y el estudio, hablar de Dios y con Dios. Dispersa a sus frailes, primero hacia las universidades europeas, para una mejor formación y de allí, se extienden al resto del mundo. Muchos de sus conventos se convertirán en Luz en medio del mundo con el anuncio de la palabra y el ejemplo de vida. En ciertos círculos todavía recorre una “leyenda negra” sobre la orden, ni todos los dominicos fueron inquisidores, ni todos los inquisidores fueron dominicos. En esa realidad “poco profética” y poco digna, estuvieron implicadas otras órdenes, sacerdotes seculares y laicos encargados de una pretendida pureza de la fe que todavía sigue sonrojando y doliendo a pesar de la capa de los años. Debemos subrayar que también hubo dominicos que fueron víctimas de los procesos inquisitoriales precisamente por comprometerse con la justicia, los abusos y los derechos, voces proféticas incomprendidas y acalladas. Nombres como Tomás de Aquino, Antón Motesino, Pedro de Córdoba, Bartolomé de las Casas, Tomás de Campanella, Lacordaire, Congar, etc, fueron ejemplo de vida y preocupación por el anuncio evangélico, siendo voz de los sin voz.

La predicación dominicana, ha sido y quiere ser una predicación profética, quiere mirar el presente de la humanidad desde la contemplación y la Palabra de Dios, denunciando aquellas situaciones sociales y eclesiales, en las que la esperanza y la salvación estén ausentes. Esa predicación serena que parte de la propia palabra y que quiere estar presente en todos los lugares, no solo en los templos, también en los caminos y  periferias existenciales, allí donde se necesite la esperanza de Dios. En el Congreso sobre Derechos Humanos en Salamanca (2016), Bruno Cadoré recordaba que los “dominicos y dominicas pueden convertirse en autorizada voz de las víctimas silenciadas por los excesos de la globalización y el liberalismo económico que constituye el marco básico de esa globalización, víctimas que son consideradas simples instrumentos de producción: Son una multitud que tienen que luchar contra pobreza estructural y no tienen voz en este mundo. Es el universo de los que no tienen voz. La Orden nunca puede renunciar a su labor por la Justicia y la Paz que ha formado parte esencial de su carisma y de su historia en estos 800 años.

La antorcha de Domingo Guzmán y su voz profética sigue alumbrando con intensidad de la vida y la palabra de Fr. Raul Vera, OP, dominico y obispo de la diócesis de Saltillo desde el año 2000. Es considerado el “pastor de los Derechos Humanos”. Su apostolado está lleno de denuncias en numerosos frentes, queriendo ser la voz de los oprimidos y la defensa de los más pobres. Tanto en el año 2012 como en octubre de 2013, el nombre de Raúl Vera se mencionó con insistencia para el premio Nobel de la Paz. Tiempo atrás, en 2010, había sido galardonado con el premio de la Fundación Rafto para los Derechos Humanos, uno de los más importantes del mundo. Su compromiso con los últimos comenzó a cobrar luz propia cuando en el año 1996 se desliga de la estrategia del nuncio Girolamo Prigione, cuyo principal objetivo era desmantelar la gran labor de Samuel Ruiz (Tatik), obispo de Chiapas y apóstol de los indígenas de América. Su decisión de apoyar a la diócesis de San Cristóbal, siguiendo con su conciencia y el evangelio, frente a la clase política y la jerarquía eclesiástica, le valió el respeto de todos y el cariño de los más pobres de México.

Raúl Vera es el rostro de la iglesia comprometida con la justicia social, una voz profética que ha mostrado valor y coraje ante tanta oposición y, con una paciencia amorosa ante esa iglesia encerrada en sus púlpitos y dura, sin humanidad para los que más sufren. Un paradigma de esa “Iglesia en salida” de Francisco, cuya predicación la realiza “de rodillas”, anunciando y denunciando, pero sin perder la dimensión contemplativa propia del ser dominico, incluso en la vorágine de los compromisos más urgentes y duros en las periferias existenciales. Este “obispo rebelde”, a pesar de haber recibido censuras y amenazas desde la derecha política de México y el rechazo de la jerarquía, es el heredero y la voz profética de tantos sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos que participaron en el impulso renovador del Concilio Vaticano II, silenciado en muchos lugares de América. Como un buen profeta, es un hombre lleno de alegría y de buen humor, con una fe profunda y espiritualidad intensa, lo que hacen de él un hombre muy activo, estando presente en todos los espacios de su diócesis, incluso las nuevas tecnologías de la información. Es apasionado y fuertemente crítico cuando se trata de denunciar las injusticias, con una voz alta, clara y contundente cuando se trata de la defensa de los más pobres, ninguneados por los poderes políticos y económicos.

El niño que soñaba con ser bombero, se ha convertido en una de las voces más necesarias en nuestra sociedad globalizada. Ingeniero químico por la Universidad Nacional Autónoma de México, añadiendo a ello, la licenciatura en filosofía en México y teología en Bolonia. En Italia redescubrirá a los grandes autores dominicos del concilio,  Jacques Maritain, Joseph Lebret, Yves Marie-Joseph Congar, su ordenación sacerdotal vendrá marcada por esta realidad, realizada por Pablo VI el 29 de junio de 1975. En 1987 será nombrado obispo de la Ciudad Altamirano, lugar en la fundó el centro social “Monseñor Juan Navarro Ramírez” para la atención de los pobres. En 1995, obispo coadjutor de San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas, en la queda conmovido por los testimonios de fe de los indígenas. En este lugar comienza su indignación ante tantas injusticias, así como su voz profética en favor de los derechos de los más pobres. La curia Vaticana, lo traslada a la diócesis de Saltillo en el año 2000, siendo su labor pastoral intensa en defensa de los derechos humanos, apoyo de las reivindicaciones de mejora laboral de Los trabajadores de la región, ayuda a los inmigrantes mediante el proyecto “Frontera con Justicia”, la lucha contra la discriminación de los homosexuales, la creación del Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios y creación de infraestructura diocesana y financiamiento para remodelación de espacios, seminarios y centros de convivencia. Para saber más sobre Raúl Vera, recomendamos libro - entrevisa, El evangelio social de Raúl Vera. Conversaciones con Bernardo Barranco. Subrayo del libro estas palabras: Personalmente, escogí a los dominicos porque el libro sobre la vida de Santo Domingo que tuve en mis manos cuando era estudiante universitario lo presentaba como un cristiano comprometido con su tiempo, con los pies plantados en la historia humana; y eso me entusiasmó. A ese tipo de personas no es imposible imitarlas en su vida cristiana. (…) Al día de hoy todavía padecemos una lucha interna en la Iglesia entre quienes entienden esta transformación histórica con la fuerza de Cristo ante la desgracia humana, por medio de procesos mucho más humanizantes en los que se contiene el verdadero sentido de la vida, y por otra parte quienes siguen dedicando su vida a aspectos puramente sacrales y rituales y realizan una pastoral dentro de los muros de las iglesias, y con eso se conforman.