Lunes, 23 de octubre de 2017

La vida de la literatura

Al final de la obra —me dijo—, el autor se topa con algo inesperado, no previsto en el inicio.

Hace unos días tomé café con un amigo. La tarde estaba despejada. Un viento ligero refrescaba terrazas y calles. Salpicados entre jardineras de un parque cercano, un puñado de mimos (¿estatuas humanas?) recogía su escenario. L. me habló sobre la literatura como vía de construcción y reconocimiento de la realidad. El punto de partida de la conversación había sido un cartel de una escuela de escritores.

Al final de la obra —me dijo—, el autor se topa con algo inesperado, no previsto en el inicio.

Más o menos, esta fue su explicación. Las apariencias engañan. Lo que se lee en la hoja de papel no corresponde a lo que teníamos en mente antes de sentarnos al escritorio. La obra se reviste de misterio. Una pieza perfectamente trenzada, que refleje ideas claras de principio a fin, no figuró con tal lucidez en la mente del autor cuando fue concebida, sino que surgió entre tinieblas; no cobró un contorno definido sino hasta después del punto final. Por consiguiente, la redacción se define como un camino a través de la niebla; uno que no existe con anterioridad al paso por él; en cambio, surge con la brega del escritor (en idea similar a otra expresada por Antonio Machado: «Caminante, son tus huellas | el camino, y nada más»).

L. dijo que la escritura lo transformó. Una meditación de este verano recayó en el Quijote. Caviló sobre el lugar del personaje cervantino en la vida de su autor.

Seguramente, Cervantes no pudo dejar de sentirse raro por verse desplazado por Alonso Quijano y Sancho Panza. Ellos ocuparon un espacio que era suyo. Para que su literatura naciera, él casi tuvo que desaparecer.

Esto habría que preguntárselo a otros escritores.

En relación con la obra final diferente a su diseño primitivo, suscribo la visión de la cortina de humo. Creo en la cientificidad de la literatura, pero por partes iguales creo en la desvelación de lo que siempre estuvo oculto incluso para el autor. En cuanto a la usurpación del ser por parte de los personajes, tampoco dejo de suscribir su postura. En mi caso, Juan Ángel Torres Rechy me habita. En otro orden de cosas, en lo único que diferí con L. fue en que ese café era mejor que el que yo frecuento. Ese mismo día, camino a la cita, grabé esta breve presentación: https://goo.gl/112HsZ.

 

Xalapa-Equez., Veracruz, México,

29 de julio de 2017.

tw: @torres_rechy