Jueves, 23 de noviembre de 2017

Herederos de un recuerdo

 

Los mayores (o no tanto) recuerdan qué estaban haciendo cuando un 23 de febrero se ordenó a la democracia que se estuviera quieta, y algunos otros destacaríamos una trágica mañana de 11 de marzo o una sobresaltada sobremesa de 11 de septiembre. La memoria de acontecimiento histórico se asienta en pilares compartidos que sostienen algo más que la fachada. Son hechos que dejan huella interna, siempre vuelven y nunca se olvidan.

Veinticinco años después soy capaz de rescatar un recuerdo diferente: un ruido de origen desconocido. Fuerte. Inesperado. Anónimo al principio y con nombre propio al cabo de un par de horas, las que pasaron hasta que nos lo reveló el boletín informativo de la SER. Antonio Heredero Gil, coronel del Ejército de Tierra en la reserva, cincuenta y cinco años de edad, bilbilitano de nacimiento y salmantino de destino y adopción. Habían hecho estallar su coche en el paseo de la Estación, no lejos de la calle Núñez de Balboa, la de mis abuelos, donde yo acababa de despertar de la siesta. Era el miércoles 2 de septiembre del célebre 1992. Los atentados de ETA no eran ya materia de Telediario, sino que sus bombas se podían oír en Salamanca y a sus víctimas te las podías haber cruzado hacía un rato por la calle. En su delirio terrorista, en su supuesta revolución, habían llegado también aquí, a una ciudad secundaria, para asesinar a un militar jubilado, y extender el miedo donde quizá hasta entonces sólo había indignación, estupor y tristeza ante tanta sinrazón y tanta muerte.

Desde esa tarde de septiembre los salmantinos somos portadores de un recuerdo, el del ruido que resquebrajó el sosiego de la ciudad en vísperas de fiesta, y depositarios de una memoria que cuidar, la de las víctimas de ETA, memoria histórica que retumba con escaso eco. Se nos dio un nombre, el de Antonio Heredero, para poner en el regazo de María de la Vega, y un lugar, en el paseo de la Estación, donde localizar el rastro seguro de la libertad y la unidad de España frente a los que lucharon cruelmente contra ellas.