Domingo, 24 de septiembre de 2017

Salamanca en poemas

Es costumbre que llegada la época estival, sobre todo en este país de la siesta, quien más y quien menos realice un parón en sus tareas o costumbres para reparar fuerzas y volver con energías renovadas. El año pasado, con el vaivén de las elecciones, hipotecamos nuestro ocio para estar atentos a cuanto fuera reseñable en el devenir social o político. Esperemos que este año, al igual que lo hicimos en 2015, la actualidad nos dé tregua para que podamos publicar algunos refrescantes poemas sobre nuestras plazas.

       

 

 

 

PLAZA DEL

CONCILIO DE

TRENTO

 

La del Concilio de Trento

es plaza para carteros,

pues no es de fácil contexto

si quien la busca es el pueblo.

 

Allá está el fraile Francisco

de Vitoria, dominico,

estatuado en el centro.

En plaza, pero no dueño.

 

Entronada por el templo

del glorioso San Esteban,

el primer mártir cristiano,

¡qué más nombre! ¡qué mérito!

 

Y si me piden más señas,

digo que está pegadita

al convento de los Padres,

aparte de muy cerquita

del Claustro de Las Dueñas

de las Madres Dominicas.

 

Me la mostró un extranjero

cuando me salió al encuentro

con un plano entre sus dedos:

“¿Sabe usted dónde está esto?”.

“¿Plaza De Trento? Ni idea.

Deme el plano que lo intento”.

Y surgió su ubicación:

de San Esteban, convento.

 

“¡Quién lo diría, señor,

la piedra está desgastada

del mirar de mis pupilas!

¡Y San Esteban no es plaza!

¡Va a llevar usted razón!

Disfrútela desde afuera

y pase luego al interior

del templo de San Esteban,

que esto lleva a confusión.

 

Porque al ser obra pausada

realizada en largo trecho,

desde el gótico al barroco,

románico y plateresco,

es difícil que no deje

como anecdótico a Trento”.

 

(Inédito)

Fernando Robustillo Rodela