Viernes, 28 de julio de 2017

Generaciones juveniles en el horizonte digital

En las últimas semanas he observado un dato preocupante entre los jóvenes que me rodean. Empezando por mis hijas, siguiendo por mis alumnos y terminando en jóvenes profesores que se aproximan a los cuarenta, todos ellos están preocupados por la identidad de su generación. Están viendo cómo se les pasa el tiempo y quieren apresarlo con alguna categoría filosófica que los haga inmortales. Mientras unos se apuntan a los Millennials, otros a los Xennials y otros a la Generación X, resulta que a nosotros sólo se nos ocurre decirles que somos la generación se despertó de la adolescencia con la muerte de Franco, que vivimos con gran expectación la transición del 78 o que somos la Generación de los Chiripitifláuticos.

No me negarán los lectores que puestos a presumir de nombres originales para nuestra generación, el nombre de “Generación de los Chiripitifláuticos” es más original y castizo que los otros tres de Millennials, Xennials o Generacion X. Hace unos años, Ignacio Elgero publicó un libro que llevaba por título “Los niños de los Chiripitifláuticos” (Esfera de los libros) porque quienes nacimos en los años sesenta accedimos al mundo de las pantallas inmediatas con un programa infantil donde había algunos personajes con perfiles tan políticamente incorrectos como los “los hermanos malasombra”. ¡Ya quisieran Frank Underwood y su esposa en House of de Cards haberlos tenido de colegas!

Ciertamente es un nombre menos global y cosmopolita que los otros tres, pero también describe nuestro acceso al mundo de la comunicación de masas. Entonces era la televisión en blanco y negro el artefacto tecnológico que determinaba la calificación de nuestra generación, como ahora lo es la posición en la que se sitúan ante el Smartphone, Google o los procesos de digitalización de la información. Hay otras formas de realizar la catalogación generacional, relacionadas también con series de TV o con los gustos artísticos en general, y musicales en particular, quizá sean menos intuitivas e inmediatas que estas últimas.

Algunos analistas que ya no se encuentran entre los Millennials porque cuando llegó el siglo XXI estaban en plena adolescencia, ni entre la Generación X porque no se reconocen aún en la madurez de los casi-cuarenta, han propuesto el nombre de “Xennials” para describirse a sí mismos como una generación de transición entre el mundo analógico y el digital. Han buscado este nombre híbrido (X-ennials) entre la Generación X (X-) y la generación de los Millennials (-ennials) y se autocatalogan ahí porque han nacido, aproximadamente entre 1977 y 1983.

Quienes están jugando con esta catalogación generacional sólo atienden al mundo digital para comprender las edades de la vida. Con ello es probable que estén contribuyendo a una simplificación cultural y un reduccionismo sociológico de gran alcance. Primero porque hablan de generaciones como si fueran los primeros analistas preocupados por el estudio de las generaciones. Incluso aluden a que cuando estudiaron les hablaron de las generaciones, la del 98 en historia o la del 27 en literatura, olvidándose que estamos ante un concepto radical y profundamente filosófico sobre el que deberían leer un poco más. Un concepto filosóficamente muy potente porque nos permite pensar la condición humana no sólo en términos biológicos sino en términos biográficos, es decir, nos permite tener situarnos históricamente dentro de nuestra especie.

Segundo porque ya tienen un problema moral consigo mismos dado que están empezando a plantearse el tipo de identidad con el que quieren ir gestionando la vida que les va pasando. Van comprobando que su vida ya va teniendo figura y forma sin que ellos la hayan diseñado previamente, se van dan cuenta de que su vida no es solo biológica o biográfica sino radicalmente histórica. Como dice Julián Marías, cuando se va llegando a ser mayor se cae en la cuenta de que tener una edad no significa instalarse en el presente estable sino hacer algo en la vida con vistas al futuro. Entonces no es importante el tiempo que “se pasa” sino la edad que “se tiene”.

Y tercero porque además de estar pendiente de las últimas novedades tecnológicas para definirnos a nosotros mismos, deberíamos leer un poco más de nuestra filosofía para conocer que en la tradición de Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Pedro Laín Entralgo o el propio Julián Marías hay páginas inagotables para situarse, clasificarse y catalogar sus inquietudes generacionales. Páginas brillantes para precisar la fuerza moral que tiene un concepto tan potente como el de “generación” para pensar no sólo las edades de la vida sino la dilatación oblativa que hacemos del “tiempo genealógico” convirtiéndolo en “tiempo histórico”.

Family of three generations sitting on one couch, busy with one device each, Cologne, NRW, Germany