Lunes, 20 de noviembre de 2017

La hucha de las pensiones

En la hucha de las pensiones solo queda calderilla. Ante la falta de ahorros el Gobierno ha tenido que recurrir a un crédito para abonar la extraordinaria de los pensionistas. Esto no le preocuparía a la hucha si se tratara de un hecho circunstancial, ni es la primera vez que sucede, ni lo peor es que no sea la última, lo que sí le preocupa es que ni los que la gobiernan ni los que aspiran a gobernarla, están por la labor de volver a llenarla.

     Para rebajar las listas del paro que tantos votos pueden restarles a la hora de las elecciones, siguen regalando cotizaciones a sus eléctricas, a sus telefónicas, a sus bancos y bancas, a las grandes empresas que son las empresas de sus amigos, de sus protegidos, las pequeñas, por obra y gracia de sus políticas, ya no pueden contratar trabajadores ni a precio de saldo. Y si no hay trabajadores que coticen, ¿quién demonios va a llenarla? Porque una cosa tiene clara: ellos, de sus nóminas, de sus prebendas, de sus gabelas, no van a echarle ni los picos aunque sean de jilguero. Al contrario. Miedo le da que alguno llegue a hurtadillas y arrample con la calderilla, que no es mucho, pero bueno, al menos le permite comprobar que no la han tirado a la basura.

     Para que no protestara, subieron la edad de jubilación, pero como ella se temía, la medida en cuestión, más que para llenarla, sirve para vaciarla, porque cuanto más tarden en jubilarse, más años llevan en el paro, y como para seguir en sus poltronas tienen que conquistarlos con ayudas no contributivas, ella, por más que cuenta la calderilla, no ve que suba la cifra.  

     Ante este panorama, la hucha de las pensiones, ya no sabe si cerrarse de una vez para que no la dejen sin calderilla, o quedarse abierta para que, aunque solo sea para mantener las apariencias, le echen algún eurillo que otro de vez en cuando,  y mientras tanto, cada vez más trabajadores, ahí siguen, luchando por ser pensionistas aunque para conseguirlo tengan que partirse la crisma porque están convencidos de que tener una paga de la hucha, sea grande o sea pequeña, es tener el futuro resuelto. ¡Pobrecillos! ¿Cuándo acabarán de enterarse de que aunque sean otros los que tienen la llave para abrir y cerrar la hucha son ellos los que tienen que llenarla? Porque si sigue vacía, por muy pensionistas que los hayan hecho, se quedarán como la hucha: a dos velas y suplicando fósforos para encenderlas.