Sábado, 18 de noviembre de 2017

Viaje a Vietnan

Desde niño oí hablar de la Guerra del Vietnam. A todas horas en los Telediarios de TVE, en RNE, en el Nodo, en El Correo de Zamora, que es el periódico que llegaba a Cañizo. Las imágenes del país asiático, sus hombres y mujeres con el típico sombrero cónico de paja sobre la cabeza, la selva, los ríos inmensos, los soldados americanos, los helicópteros sobrevolando el delta del Mekong. ¡ Qué guerra tan lejana!, me parecía. Pero no, que ya entonces mi padre decía que “el mundo es un pañuelo”. Por eso oímos tanto hablar de la Guerra del Vietnam, y por eso allí iban los reporteros: a cubrir la información y enviárnosla a España. Desde entonces siempre quise conocer Vietnam.

 

    ¿Del Norte o del Sur? Ya es igual, ya están unificados los dos países desde 1976? :Vietnam,  a secas. Vía Madrid, con mi hijo Álvaro, embarcamos en Aeroflot, Madrid-Moscú, Moscú-Ho-Chi-Min, (desde 1976), antigua Saigón  El primer vuelo 5 horas, el segundo, con breve escala de 45 minutos, 10 horas.

   Vuelo tranquilo, un gran Airbus europeo, de 500 plazas. Al llegar al aeropuerto de Ho-Chi-Ming lo primero que se respira es paz. Paz en Vietnam. Nadie levanta la voz, a pesar de las largas colas para pasar el control de seguridad. Limpieza exhaustiva en todo el recinto y mujeres y hombres con mascarilla. Unas mascarillas que ya no dejaremos de ver a lo largo de los doce días de estancia en el país.

                  PEQUEÑOS, PERO VALIENTES

   Recorremos Ho-Chi-Ming con sol radiante y humedad, mucha humedad. Tampoco nos abandonará en todo el viaje. Ho-Chi-Ming es una ciudad enorme, variopinta, heterogénea, de numerosos barrios, uno de los cuales es Saigón. La ciudad ha cambiado de nombre, en honor del líder de la unificación vietnamita y héroe contra todos los enemigos de este pueblo indómito que ahora es libre: ha podido con los chinos (que estuvieron mil años), con los franceses, con los americanos, con los jémeres rojos de Camboya y otra vez contra los chinos. Los vietnamitas son pequeños de estatura, pero valientes y hábiles ante la adversidad extranjera.

   Nuestro guía aprendió español, ¡ cómo no!, en Cuba, y nos da cuenta de todas las guerras que han sufrido en su país, especialmente con los americanos, aunque en Vietnam su gente, en general, tienen más clavados a los franceses, quienes se asentaron allí casi un siglo, cuando a la zona se le llamó Conchinchina. Los vietnamitas, de todas formas, tienen clavada la fecha del 30 de abril de 1975, el final de la guerra con EE.UU. Es inevitable ver el museo que recuerda la dura historia. Un tanque soviético (número 843) domina la entrada. Fue el primero que entró en liza para la liberación de lo que hoy es el Palacio de la Unificación.

 

                      TÂY-BAN-NYA/ESPAÑA

  En el Palacio de la Unificación, además de recordar a líderes históricos, como Van Thiêu, y repasar el proceso político hasta llegar a Ho-Chi-Ming, conocemos como se escribe en vietnamita España: Tây-Ban-Nha. Y es que en la Guerra del Vietnam, contra EE-UU, participaron gentes de medio mundo, entre ellos 12 españoles; en concreto 12 médicos que hicieron lo que pudieron en medio de aquella carnicería.

    El río Mekong es un mito para los que aún recordamos las crónicas de guerra. Es una corriente que nace en el Tibet y recorre, en decenas de brazos, 6 países y casi 5000 kilómetros. En sus orillas existen infinidad de casas de madera. El gobierno ha logrado eliminar muchas, pero aún quedan muchas más. Esperan quitar unas 30.000. Lo hacen con lentitud porque las indemnizaciones lastran el presupuesto de la nación. Las inundaciones son frecuentes y los  brazos del río no dan abastos digerir las grandes avenidas. El Delta del Mekong, que tenía nueve brazos y ahora sólo quedan siete porque la arena ha anulado dos, es un lugar mítico de la guerra con EE.UU., donde incluso llegan las mareas del mar, lo que da idea de la gran ciénaga que llega a generarse. Paralelamente las tierras se inundan y de ahí que la producción de arroz, en tres cosechas, alcance los 45 millones de toneladas. Alimento necesario para los 90 millones de habitantes del Vietnam, 45 millones más desde el término de la guerra.

 

              HO-CHI-MING, FIEBRE HUMANA

    Ho-chi-Ming es también una corriente inacabable de motos, todas de baja cilindrada, ocupadas por una o cuatro personas, que de todo hay. Los motoristas van todos con su mascarilla, absortos en su mundo, de vuelta del trabajo a casa, o al revés. Ho-Chi-Ming es una fiebre humana, un ir y venir, una mezcla de antiguos edificios y otros nuevos que miran a las alturas y albergan en el entorno del cielo incluso portahelicópteros. La vida ha avanzado en esta ciudad a pasos agigantados. No en vano en 1986 el Partido Comunista de Vietnam aceptó la economía de mercado y en 2010 el país salió del ranking de los países pobres, lo que no evita que el sueldo medio de los trabajadores vietnamitas es de 400 euros. Para situarnos una Vespa cuesta unos 3000 dólares y el oro es valor refugio.

 

                            CARNE DE PERRO

    En Vietnam se come bien: además del arroz (Gao), carne de cerdo, que supone el 70%, pato y pollo, en torno al 20% y vaca, un 10%. Aunque sigue siendo un tema muy comentado, y rechazado, en Occidente, la realidad es que son pocos los vietnamitas que comen carne de perro; aún quedan, pero cada vez son menos. Otras fuentes apuntan a que en Vietnam se pueden consumir 4 millones de perros al año. Los budistas nunca comen perro. Y aunque el budismo es la religión más extendida en Vietnam no son la inmensa mayoría, ya que en este país son poco dados a la religión; son sincréticos (Cao Dai), es decir, una mezcla de ideas y conceptos de distintas religiones, en muchos casos influidas por Confucio. También existe el cristianismo, el que introdujeron los franceses, los que construyeron numerosas iglesias y dos catedrales, neogóticas, una en Ho-Chi-Ming y la otra en Hanoi.

   Cuando uno viaja por Vietnam se sorprende de los enterramientos, los que hacen en medio de las fincas de arroz o cualquier parcela donde vivía el finado. Son tumbas sencillas, las de la gente menos pudiente, y panteones lujosos los que disponen de más medios económicos.

 

                    EL DELTA DEL MEKONG             

    El nombre de Vietnam viene de Viet, nombre de una etnia, y Nam, que significa sur. Consta de cinco ciudades nacionales, numerosas provinciales e infinidad de núcleos y casas rurales. En total consta de 54 etnias, una de las cuales china y otra camboyana. Su paisaje es llano en la parte que mira al mar, pero tiene grandes y altas cadenas montañosas con etnias incomunicadas con el resto, entre otras cosas, porque hablan idiomas no escritos, y desconocidos, con lo que la comunicación con el resto del país se hace casi imposible a pesar de los esfuerzos del Gobierno.

       Un viaje por el Delta del Mekong es obligatorio. Es meterse en una selva ordenada pero explosiva, donde uno se pregunta cómo fue posible que a alguien se le ocurriera meter allí a los soldados americanos. El fracaso estaba garantizado. Ni Napalm ni ningún tipo de bombas podían acabar con los escurridizos vietnamitas. Dominan los innumerables cursos del río Mekong y se mueven como los peces con sus canoas típicas de madera. Además la zona está llena de cocos, plataneros y piñas de agua, alimentos que siempre acompañaban a los guerrilleros vietnamitas. Actualmente los lugareños tienen pequeñas industrias como peladores de coco; la pulpa la utilizan para hacer caramelos y dulces y la madera para fabricar artesanalmente utensilios de cocina.

 

                     CRÍMENES DE GUERRA

     El  Museo de los Crímenes de la Guerra de Vietnam, ahora Museo de Restos de la Guerra de Vietnam, es uno de los lugares más visitados del sureste asiático. Está en Ho-Chi-Minh y allí pudimos ver las escabrosas fotos de la guerra, entre ellas la de la niña Phan Thj Kim Ohúc que sufrió quemaduras de Napalm fue portada del New York Times y ganó el Pulizzer a la mejor fotografía en 1972. El fotógrafo, Nick Ut, ha donado al museo el negativo. Hay cientos de fotografías, cada cual más sobrecogedora, y los guías siempre muestran aquellas donde está John McCain, que fue hecho prisionero por los vietnamitas y fue candidato a la presidencia de Estado Unidos.

      Los famosos túneles del Vietcom, ejército comunista de Viernam, están en Cú Chi, en la zona noroeste del Delta del Mekong. En esos túneles se escondían. Habían aprendido la “técnica” en la cárcel que tenían los franceses  en Saigón  (Maison Centrale). En esa prisión de los horrores también pude descubrir cómo trataban los franceses a los presos, con torturas inimaginables, y cómo estos, escurridizos, lograron hacer túneles para escapar. Hablan que llegaron a marcharse de aquel infierno 3000 vietnamitas. Con los americanos utilizaron también este sistema que, sin quitarle importancia, no deja de ser una anécdota en medio de aquella guerra en la que hubo 3 millones de muertos, 2 millones de heridos y 300.000 desaparecidos. La declaración de la guerra a Vietnam por parte de Estados Unidos fue en 1964 y el conflicto duró 17 años. Los americanos se tuvieron que ir de allí con las orejas gachas. Pero ahora se llevan bien ambos países, e incluso hay muchos matrimonios entre americanos y vietnamitas.

 

                        VUELOS INTERIORES

    Hicimos dos viajes interiores porque Vietnam, de extremo a extremo, norte-sur, tiene 2000 kilómetros de distancia. Desde Ho Chi Ming volamos a Dan Hang, una ciudad de 100.000 habitantes. Lugar tranquilo, turístico, de modernos edificios. Cerca está Hoi-An, Ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1999, una preciosidad que alberga monumentos y posos culturales chinos y japoneses, envuelto todo en una pátina de Confucio y su filosofía. Los vietnamitas en general son ateos, pero hay budistas y cristianos, entre otras confesiones religiosas. Hoi-An, la parte vieja, es una maravilla aunque esté saturada de turistas. Lo más importante se centra entre los siglos XIV y XVII. Hoi-An fue centro internacional del sureste del Vietnam del comercio: japoneses, chinos, alemanes e indios.

   Hay más zonas turísticas, como en Da-Nanhg, llena de barcas redondas de pesca, donde capturan el calamar. La zona está llena de grandes y apartamentos. Cerca está el llamado Paso de las Nubes, un paisaje muy bello en el que se mezcla el cielo, la tierra y el mar, con la inmensa Bahía de Da-Nang, incluida en el Mar de China. Cerca también está Hué, y su Ciudad Imperial, algo único, un ejemplo del pasado conservado de forma muy notable. Fue construida entre 1804 y 1833 sobre 36 hectáreas; destaca el Trono de la Armonía, de varios estilos: japonés, chino y vietnamita. Esta ciudad-fortaleza albergó nueve emperadores, uno de los cuales, Tú-Dúc (Turúc) tuvo 104 mujeres pero ningún hijo, lo que generó después problemas de sucesión que dio en guerras que cambiaron la historia del país. Por la zona discurre el río Perfume, de enormes dimensiones y que debe su nombre a las corteza canela de los árboles que están en sus márgenes. Destaca en la orilla de este río la Pagoda del Alma Celestial, un templo realmente espectacular. Desde esta zona se puede visitar en una larga excursión en autocar a la Bahía Seca, una zona, a pesar del nombre, de vegetación exuberante y donde pudimos recorrer cerca de dos kilómetros de ríos subterráneos, algo único.

 

                    TEMPLO DE LA LITERATURA

    Desde aquí volamos a Hanoi, la capital, una ciudad populosa y caótica como Ho Chi Ming, donde las motocicletas tienen tomadas las calles, las avenidas y las aceras. En Hà Nôi hay mucho que visitar, pero es imprescindible el Templo de la Literatura, ahora Universidad Nacional de Literatura de Vietnam. Hasta 1901 aquí se hablaba chino mandarín; el vietnamita es un idioma nuevo.

   En este templo destacan estelas con los nombres grabados de los estudiantes, y en su cercanía la Pagoda de la Columna Única, reconstruida tras destrozarla los americanos. No pueden faltar símbolos representados por animales; por todas partes se encuentran esculturas: la grulla supone salud, la tortuga longevidad y el dragón fuerza. Se puede obtener salud, longevidad y fuerza siempre que se tenga capacidad de aguantar los 48 o 50 grados que aquí se sufre en verano, además de una humedad terrible que jamás, en ningún tiempo, nos abandona. A partir de las 13.00 horas no se puede salir del hotel en julio y agosto. Y es que el clima es tropical, donde hay que andar con cuidado con la malaria y el zica; es imprescindible para viajar aquí vacunarse, y saber las horas cuando los mosquitos más atacan. Si cuida uno esos detalles, y se pone convenientemente antimosquitos y prendas adecuadas, puede uno andar con más tranquilidad.

   Desde Ho Chi Ming a Saigón hay 1860 kilómetros, y lo habitual es encontrarse con gente amable, encantadora. Es un país seguro. Las mujeres miden entre 1,48-1,53 y los hombres en torno a 1,62. Las sillas suelen tener una altura de 30 centímetros de alto. En 1986 el gobierno comunista liberó la economía y repartió las tierras. Desde entonces la situación ha ido mejorando, hasta el punto de que hay pobreza, pero no hambre. Y se come bastante bien: sobre todo arroz, verduras, cerdo y pato. Las zonas más deprimidas están en las orillas de los ríos, donde sigue habiendo muchas viviendas insalubres.

 

                         LA BAHÍA DE HALONG

     Un lugar imprescindible para visitar en Vietnam es la Bahía de Halong, un lugar calificado entre los 10 “monumentos” geográficos del mundo. Consta de 1890 islotes a cada cual más bello. Allí se hacen cruceros en pequeños barcos, de 20 ó 30 camarotes, en los que se pasa la noche, para después, ya de día, regresar de nuevo a la ciudad. El agua tiene una temperatura ideal para el baño y es frecuente hacer excursiones desde el barco en canoa. La pena es que es tal abundante el número de turistas que la Bahía tiene una contaminación excesiva que va en aumento exponencial. Pero la vista que disfrutamos en el barco es única, pudiendo descubrir en ensenadas de ensueño casas sobre el agua de pescadores: unos 700 viven allí aún.

      Dicen los lugareños que quien visita Vietnam si no está en la Bahía de Halong es como si no hubiera estado en Vietnam. Pero para eso es fundamental ir en las fechas adecuadas, lejos del tiempo de los monzones, es decir, a partir de finales de noviembre. Y también tener surte, porque las lluvias aquí son torrenciales; tampoco que haya mala mar, porque en ese caso los cruceros se quedan en tierra.

    En definitiva: Vietnam es un gran país para visitar, una gran experiencia, ver un mundo distinto, una zona que mejora a pasos agigantados, donde la industria crece enormemente, al ritmo de la demografía. El paisaje es espectacular, las ciudades llenas de vida, hay una red extraordinaria de hoteles y la comida es buena. Es también un país de paz y seguridad. ¡¿ Quién lo diría ¿!, pero así es.