Viernes, 28 de julio de 2017

La eterna juventud y amistad

Nuestro—AUTÉNTICO—de hoy era muy amigo mío. Además era una persona que desde siempre me impresionó por su gran vitalidad, una profunda vocación por la amistad a lo que aunaba una extraordinaria humanidad y sabiduría; tal vez no intelectual, pero sí ganada con la observación y el trabajo duro a diario en condiciones adversas, a lo que agregaba el ser un “serrano de pura cepa”. Muchas fueron nuestras charlas en el bar “Ecuador” compartidas con Miguel, Teo y todos los que se “agregaban” sabedores de que allí se disfrutaba de ricas viandas y buen vino; además de que los temas tratados podían derivar por muchos derroteros y terminarse hablando de lo divino y humano…

Nunca he dejado de recordar con mucha nostalgia los encuentros con Agustín Nieto (q.e.p.d) en el acogedor Bar “Ecuador” donde Miguel,  dueño del “chiringuito” y sabedor como nadie de juntar delicias gastronómicas de temporada. Teo el ex taxista ya jubilado y Agustín, formaban un trío de gente buena muy difícil de repetir; todos ellos, cada uno a su manera y saber, me dieron una buena muestra de amistad y saber estar.

Era la de mí amigo Agustín una historia apasionante y tuvo mucho tiempo para realizarla pues falleció a los 95 años de edad. Demostrando que los años, no son a veces, obstáculo para llevar una vida de gran actividad y llena de nuevas experiencias y que yo “abusando” de su bondad aproveche en mis escritos de Prensa y en los Programas de Radio y Televisión… Recuerdo que en una de esas Entrevistas que le hice cuando el contaba con “solo” 79 años de edad, yo terminaba diciendo: “El señor Agustín, a sus 79 años de edad; se fuma tres o cuatro farias diarias y se toma cantidad similar de “manchadas” y algún chato de vino. Con esto no quiero decir que hay que imitar esta “marcha” del señor Agustín;  ¡ni mucho menos! el hacer apología del tabaco y alcohol; solamente pretendo decir llanamente lo que él hizo en su larga vida y que indudablemente solamente está al alcance de determinadas personas”. Cuantas veces le pregunté… ¿Dónde hay  que firmar, Agustín?...

Nació en San Esteban de la Sierra y desde niño trabajó duro y me contaba entusiasmado como: “Hacía los viajes en carro tirado por mulas cuando iban a buscar vino y ello era una odisea, pues debido a tantas cuestas y repechos, en muchos momentos del recorrido había que poner la cuarta al carro y que no era otra cosa, que poner una mula más a las tres iniciales; mula que estaba atada a la trasera de carro.”

Más tarde con un socio monta un almacén de vinos en el Arrabal salmantino trastormesino “Vinos El Manco” de grato recuerdo aún para los viejos tratantes de ganado que celebraban en sus aledaños el mercado de ganados y que hacían cola para conseguir su ración de vino, que Agustín “sacaba” con unos cuartillos de zinc, a mano limpia, de una cuba cortada al medio que se apoyaba en el suelo de tierra de la vetusta estancia… Y me añadía Agustín y yo le creía ¡faltaría más! Que era un vino excelente, algunas veces con un poco de agua; pero agua de la de entonces… ¡pura y cristalina! ¡Por Dioooooos, diría nuestra inefable Mari Loli!

Me contaba también Agustín que: “Una vez por el año 56 o 58, tuvieron que salir en barca del local debido a la enorme crecida del río Tormes, ellos y otros industriales de la zona del Arrabal, “Bar Tito”, Lechería “El Marroquí”, “Bar Ramos” y “Coloniales Casanova”

Un día,  que era 28 de noviembre, venía yo en coche por la Avenida que es hoy de Torrente Ballester y cuando  estaba en paralelo con el “Bar Ecuador” a eso de la 1 del mediodía, vi a mi amigo Agustín y paré a saludarle. Trataba él junto a dos amigos más y Miguel, dueño del bar, de encender unos troncos de leña que tenían depositada en el fondo de un viejo carretillo. La idea era hacer una chanfaina y sardinas asadas; me invitaron y me quedé al evento, siendo la comida y posterior tertulia, inolvidable. Y no era esto un hecho insólito, si lo era el que: “Todos los días de la semana (y me atrevería diciendo, que del año) ¡hacen lo mismo! Eso sí, variando los menús y siempre teniendo variados y distintos “agregados” al acto culinario (lo confieso; yo he estado muchas veces)… y llegados hasta aquí se lo pongo muy  fácil a nuestra inefable Mari Loli que diría escandalizada…  ¡por Diooooooos!

                     En cierta ocasión le dije al señor Agustín; “No vuelvo a “sacarte” en los “papeles”,  ni en Radio y Televisión ¡hasta dentro de cinco años! por lo menos. Para leer, escuchar y ver si continuaba con la misma vitalidad… pero recapacité y me dije: “Yo sí que tendré que cuidarme para llegar a la cita”. Y volvimos a dialogar muchas veces más. Y hasta “hice trampas”, pues con cualquier disculpa me pasaba por “El Ecuador” para degustar el menú del día. Ahora, estoy seguro que mi amigo Agustín “sabía”… que yo ¡pasaría por allí! ¡ALELUYA!