Martes, 26 de septiembre de 2017

María de Magdala

El subtítulo “una genealogía apostólica” tenía para mí unas reminiscencias teológicas ciertamente olvidadas. Pero el hecho de que se tratase de un acercamiento serio y científico a una de las figuras neotestamentarias que una y otra vez se cruza en mi camino, no pude menos que pedírselo a Álvaro Santos, de la editorial San Pablo, para echarle un vistazo. Y me lo he leído. Despacito, como la canción. Y lo he meditado, en la soledad de los días de fiebre y calambres intestinales. Y lo he compartido y discutido con mi hermano Félix recién llegado de Filipinas. 

Se trata de un estudio profundo enraizado en las Escrituras, los textos apócrifos y la Tradición sin hacer una mínima concesión a hipótesis literarias o novelescas. Un libro de profundo calado teológico que pretende ser divulgativo. A mí, personalmente, me ha encantado. Su lectura me ha parecido un tiempo bien aprovechado. Sobre todo porque los textos que tratan sobre María Magdalena, en teoría, no son muy distintos de los que hablan sobre Pedro, Pablo o Juan y, sin embargo, en los evangelios canónicos, en los cuatro aprobados por la tradición cristiana (los sinópticos y Juan), se la presenta como una prostituta. Curiosamente, en los escritos gnósticos escritos en la misma época que el evangelio de Juan, se habla de un conflicto ministerial entre la apóstola de los apóstoles, María Magdalena, y Pedro.

Las dos autoras, Marinella Perroni y Cristina Simonelli, son profesoras de Sagrada Escritura y Patrística, respectivamente, en las Facultades de Teología de Roma y Milán, entre otras actividades docentes relacionadas con el Nuevo Testamento y la Antigüedad cristiana. Y no especulan. Cada afirmación va acompañada de una cita o referencia que cimentan la obra como si de una tesis doctoral se tratase. 

María Magdalena siguió a Jesús desde Galilea hasta el Gólgota. Vivió con él y con los discípulos en Cafarnaúm y, sobre todo, fue la primera testigo de su Resurrección. Pero, curiosamente, su figura ha pasado a un segundo plano y la tradición teológica la ha convertido en un personaje artificial, multifacético y privado de su auténtica fuerza y valor. 

Las poco más de doscientas páginas de la obra se dividen en dos partes abordadas por cada una de las autoras. En la primera, Perroni, trata la tradición canónica bajo el título “Una apóstola sin historia”. Y en él recorre todos los textos de los sinópticos y de Juan donde se menciona a María de Magdalena analizando por qué aparece y desaparece, qué hay detrás de su personaje y por qué se ha podido trivialidad tanto el papel clave de la Magdalena, primer testigo de la Resurrección. En la segunda mitad es Simonelli la que aborda el papel de María la de Magdala en las tradiciones apócrifas bajo el título “Una apóstola entre espiritualidad y conflicto” demostrando la lucha entre la teología de Pedro y la de María así como la victoria de la primera corriente.

El libro, ya digo, no es fácil de leer para aquellos que no tengan una mínima iniciación teológica, pero sí indispensable para pastores, sacerdotes y todo aquel que tenga un papel importante en la espiritualidad y la comunión de los grupos de cristianos. La cita de Efrén de Nísibis con la que comienzan las teólogas italianas su obra se entiende mucho mejor después de haberla leído, meditado y discutido: “Sin esta sal es insípido cualquier conocimiento”.