Miércoles, 22 de noviembre de 2017

La familia que hace sociedad e Iglesia

Un paraíso sin matrimonio no hubiera sido paraíso

Esta semana hemos estado inmersos en un tema de la máxima actualidad: el tema de la familia. Se ha celebrado en Burgos la 70 --nada menos-- Semana Española de Misionología. Su título era “Familia y Misión”.

El tema quedaría magníficamente esclarecido por la profunda y novedosa ponencia del profesor de la Facultad de Teología de Burgos, D. Eloy Bueno de la Fuente. Hizo hincapié en que Adán estaba sólo e incompleto cuando fue creado y que, después de la creación de Eva, representaba a los dos géneros: hombre y mujer, porque con la creación de ésta se sintió a si mismo completo, ya no estaba solo. Llegó a decir que “un paraíso sin matrimonio no hubiera sido paraíso”. Después de la primera alianza de Dios manifestada en el amor del hombre-mujer, la nueva alianza de amor se completa en la unión de Cristo con la humanidad, particularmente con la Iglesia.

Esta realidad básica del cristianismo dio lugar a la primera evangelización y a las primeras comunidades cristianas, que son “iglesia doméstica”: la iglesia no estaba al lado de las familias, al lado de las casas, sino “en las casas”. Familia e Iglesia se identifican en los primeros siglos del cristianismo. El hogar es el centro de reunión, de celebración y de misión.

Tras estas reflexiones, el doctor Eloy Bueno, a partir de la enseñanza del Concilio Vaticano II, sugirió una revisión de la pastoral de la Iglesia y, sobre todo, una reflexión poniendo el acento sobre la familia. No es una cuestión meramente de laicos, sino que la Iglesia se realiza “a medida” de la familia. Por eso es “familia de familias”. La Iglesia nace de una experiencia de fraternidad. Algo sucede en la Iglesia cuando se unen un bautizado y una bautizada. En ese acontecimiento, la Iglesia se “autorrealiza” y visibiliza el amor de Dios. Así quedó suficientemente justificado el título de la ponencia: “La Iglesia se hace misión en la familia”.

La doctora Mª Jesús Hernando, de la Universidad San Dámaso en Madrid, continuó la profundización del tema centrado por don Eloy Bueno, afirmando que la familia se tiene que implicar, como “pequeña iglesia” que es, en todos los ámbitos de la existencia humana, ya que la familia llega a todos los rincones. Debe ser el néctar transformador de la cultura y de la sociedad. Por eso la familia cristiana debe estar en actitud permanente de servicio y diálogo con todos los hombres.

La doctora Mª Salomé Adroher Biosca, de la Universidad de Comillas en Madrid, con su ponencia “La familia: misionera en la sociedad actual”, y D. Agustín Domingo Moratalla, de la Universidad de Valencia, disertando sobre “Valores familiares para sociedades líquidas”, nos ayudaron a aterrizar en la realidad actual de nuestras familias, con las debilidades y las posibilidades que ofrece hoy la familia, tanto al interior de la Iglesia y de la misión, como situándose en la base de la misma sociedad, en la cual aparece como la célula mínima que constituye y da valor a la misma sociedad civil.

Una serie de familias reales han ido manifestando, en diversas mesas redondas, el testimonio de su propio compromiso en el interior de la Iglesia y de la sociedad, con sus dificultades y sus posibilidades.

Además de los ponentes de seis universidades españolas, ha habido tres mesas redondas en las que participaron familias misioneras que han estado en América, África y Asia; que hablaron de la misión en contextos actuales diversos, como separados y emigrantes; y de algunos aspectos de la misión en la familia de nuestra sociedad, como los abuelos, la promoción solidaria y la atención a los matrimonios en crisis a través de los Centros de Orientación Familiar.

250 familias españolas se encuentran actualmente en tierras de misión. Esto pone de manifiesto que a la vez que crece el voluntariado de cooperación internacional, es cada día más frecuente que familias cristianas hagan su maleta para entregarse a tiempo pleno al Evangelio. Y por este motivo los responsables de la Semana Española de Misionología han considerado necesario, en este contexto, una reflexión en profundidad sobre “Familia y misión”, que viene obligada por esta presencia de familias en la misión exterior de la Iglesia, sin olvidar que en el viejo continente, tan secularizado, la familia es el valor más alto y el cauce privilegiado para la transmisión de la fe.