Viernes, 22 de septiembre de 2017

La apariencia o el con-tacto

Cuando se trata de sexualidad, todos los sentidos son importantes: ver, tocar, gustas, oler y escuchar palabras o sonidos amorosos.

Pero en esta sociedad de la imagen y mercado sexual, rápido y competitivo, “lo que se puede mostrar y ver” ha adquirido una importancia predomínate. Por eso estamos en la época de la “cirugía” y el cultivo modificado de la imagen. Antes se daba mucha importancia “el qué dirán”, ahora estamos en la sociedad del “qué verán”.

 Veo que se ha creado una asociación, o algo así, para defender el derecho a la diversidad de glúteos, figura y elegancia de lo llamado entre nosotros, no lo diga en Latinoamérica, “culo”.  A quienes llevamos años luchando por el derecho a la diversidad, frente a la uniformidad de la moda, nos parece muy bien. La vista “desde atrás” también es interesante, incluso hay personas que la prefieren. Otras, prefieren dar toda la vuelta a los monumentos, porque no solo es importante la fachada.

Claro que no sé qué decirle a quienes lo que quieren es “tener la apariencia” que supuestamente más vende hoy día. No tengo experiencia en este sentido y no me hago idea con qué culo se sentará uno mejor (porque también esto es importante, en esta sociedad tan sedentaria), como resistirá los movimientos propios del la actividad amorosa (¿hay riesgo de que se mueva algo y una pieza se baje a la pantorrilla o se ponga en la riñonada, por ejemplo?) y, sobre todo, como resultará el “TACTO”, porque este sentido en asuntos sexuales no puede olvidarse (tocar una pieza añadida o sobresaliente y que haya que tener cuidado de no desencajar, puede resultar estresante, no sé).  El tacto es el sentido más primigenio, que compartimos con todas las formas de vida, incluida la vegetal, y es el sentido que mejor se mantiene a medida que avanza la edad. Espero que en esto no funcione esa frase tan conocida “ver, pero no tocar”, “mirar, pero no comer”, como los melocotones actuales, que también han ido al cirujano, y no saben a nada, ni huelen a nada. Siempre sueño con los melocotones que se daban en la viñas de mi padre: olor y sabor y, eso sí, diversidad de figura visual.

 

En todo caso quiero tranquilizar a quienes, a pesar del precio y los posibles inconvenientes, les compense comprase un culo nuevo que, como lo ha  apagado, sentirán como suyo, digo yo.

Pero por favor, no modifiquen su cara, porque no hay cirugía que pueda respetar su expresividad: La fisiología de las emociones no está al alcance los de los cirujanos. Y sabemos bien que enamora más una cara natural, la suya, que una de porcelana o, si hay errores, de “patata”. No quiero molestar a nadie, pero como son personas públicas y con muchos recursos, siempre me acuerdo en este caso de la simpática Duquesa de Alba y de la esforzada reina de España: ¿dónde se han ido las emociones de estas dos nobles señoras?