Martes, 26 de septiembre de 2017

El Rey Abreviado

Es posible que a más de uno, o a muchos, este título les sea familiar, y si barrenamos en nuestros cerebros, perdón por el vulgarismo, terminaremos por pensar que se trata del título de una de las novelas de Alonso Guerrero, a la sazón “presunto” familiar del Rey, pero no es así exactamente, pues la novela del señor Guerrero lleva por título “El hombre abreviado”.

      Por tanto, el título del presente artículo no corresponde a ninguna novela, sólo se trata de la manera más concisa con la que queremos contribuir a la definición de nuestro Rey emérito. Pero no sabemos si nos hemos metido en un jardín al señalar a don Alonso Guerrero como “presunto” familiar del Rey. En nuestro ánimo sólo estaba y está decir que el señor Guerrero es el “ex” de la hija política de don Juan Carlos, o sea, Su Alteza Real la Reina Letizia.

Es un marrón, dirían los más jóvenes, ya que a tal escritor no sabríamos cómo definirle respecto de don Juan Carlos. No sabemos si como un yerno más o un yerno heredado (pero sin lo de “ex”, que tampoco decimos ex Rey para referirnos a don Juan Carlos), y, por favor, que no se ofenda nadie y menos el Rey padre, pues si realizamos un repaso a sus yernos, quizá en don Alonso tenga el “presunto” yerno de mayor prestancia. Y no hablamos de oídas, sino que tuvimos ocasión de asistir hace unos años a la presentación de su novela “El hombre abreviado” en el Ateneo salmantino y don Alonso nos causó una grata impresión.

¿Pero por qué creemos que don Juan Carlos es el Rey abreviado? Después lo explicamos más detenidamente, pero digamos ya que en los últimos tiempos han querido reducir tanto el quehacer que tuvo “en favor” de la democracia, que parece que el Rey hubiera estado “en contra” de ella. Y lo paradójico está en que hubo una larga época que había “juancarlistas” por doquier. La explicación siempre era idéntica: “yo soy republicano, pero si se presentara Juan Carlos a jefe de la República, yo le voto”. Un sentir mayoritario en la derecha y en la izquierda, no así en la extrema de ambos lados, que duró un largo trecho desde la muerte de Franco hasta el atasco con los yernos.

Pero hagamos historia sin acudir a los libros, pues ya sabemos que por desgracia la historia está maltrecha y adulterada, ¿verdad, Évole?, no te lo decimos malévolamente, pero la información si no es oficial es oficiosa y aquel documental sobre el 23-F hizo mucho daño. Si la juventud no tenía suficiente para dudar sobre la llegada del hombre a la Luna, les cayó un imaginario sobre la figura del Rey en el “golpe” que, si no los ha dejado enganchado a tal maraña, sí les ha dejado con el puntito.

Quienes vivimos ya creciditos y con la mili cumplida la muerte del dictador, los tejemanejes de Arias Navarro para continuar un franquismo sin Franco o, por ejemplo, la elección de Suárez por don Juan Carlos en una terna que le presentó el nunca suficientemente reconocido don Torcuato Fernández-Miranda, el Rey disfrutó de críticas infernales, como aquel artículo de Ricardo de la Cierva “¡Qué error, qué inmenso error!”, pero él siguió adelante haciendo suya la política de Suárez hasta llegar a las primeras elecciones del 15 de junio que ahora conmemoramos.

Llegado el 23-F, con el Gobierno y el Parlamento retenidos pistola en mano por Tejero, quizá le tocara templar los ánimos en aquellas eternas horas entre militares “pro” y “contra” el golpe hasta llegar su comunicado de “golpe fallido”, y algunos nos llamarán ingenuos, pero nos gusta decir lo que pensamos, y como la España de entonces para nosotros no fue un país en blanco y negro sino que lo vivimos en color y con un contexto en ebullición, algo habrá que reconocerle a don Juan Carlos para que todo saliera como la mayoría del pueblo deseaba.

Pasaron los años, hemos vivido en democracia, y en los albores del siglo XXI ha interesado más su vida privada que su faceta como Rey. De esta última sólo se han comentado sus tropiezos físicos o estridencias como aquel “¡por qué no te callas!”, pero creemos (con todos sus errores cazando elefantes, aunque pidiera perdón) que ha hecho bastante más en su labor de representación, abriendo puertas con los árabes o con Sudamérica, que todos los de segunda división que en referida conmemoración se sentaron en el Hemiciclo. Y le reconocemos su labor porque ser republicano no significa ser injusto. Y tampoco por haber sido “juancarlistas” o ser “felipistas” en un momento dado signifique que se haya hecho renuncia a unos ideales. Aparte de que se puede ser monárquico de sentimiento, pero asumiendo el riesgo de repetir un Carlos II o un Fernando VII de no muy grato recuerdo.

La parte borbónica que lleva en sus genes nuestro Rey padre, a quien no le veremos nunca celebrando el Orgullo, ya que él vive permanentemente en el orgullo hetero, es algo por lo que algunos quieren que pague, y por esa parte a la única que le tiene que rendir cuentas es a Su Alteza la Reina Doña Sofía, señora que por muchos motivos sí debería ser distinguida con un homenaje.

Por tanto, nos queremos desligar de que su vida privada sea el motivo por el cual no haya sido invitado a la celebración de la fiesta de los que aún vivos hicieron posible las primeras elecciones democráticas. También dudamos que hayan querido dejarlo fuera del Parlamento por si vuelve Tejero, porque en un momento como el actual, en el que no existen ruidos de sables, esto no nos lo creemos y sólo nos queda pensar que los responsables no han estado muy acertados en la decisión de excluirlo. Más bien parece que quieran “un Rey abreviado”, oscureciendo sus hechos del pasado y ninguneándole en sus funciones en el presente y en el futuro.