Viernes, 24 de noviembre de 2017

Conversador

“De ahí que no sea errado, excesivo o motivo de amistad aduladora, decir que Anselmo Santos con sus salmantinos “retratados”; ayuda a mejorar y entender la Salamanca de la segunda mitad del Siglo XX”.

Esto lo escribió el gran periodista salmantino Enrique de Sena, para mí primer Libro—GENTE MAJA—“32 personajes salmantinos”: Fue un Prólogo extraordinario que le dio valor al Libro que se presentó en 1999—27 de mayo, en el Palacio de Exposiciones y Congresos ante muchas personas, amigas y amigos. Ello fue un gran honor para mí; del que siempre he presumido.

Pero también siempre he reconocido que: “Los verdaderos protagonistas de aquel—GENTE MAJA---ya tan lejano; fueron los entrevistados, con los que me “topé” en el camino de la vida, y que lamentablemente de “aquellos 32”, quedamos solamente (incluido el autor)… ¡8!. Lo cual esto, le da cierto sentido de Documento Histórico al Libro. Y Enrique de Sena añadía: “Anselmo, supo recoger muchas cosas de los entrevistados; que van desde sus cualidades personales, modo de ser, oficios y aficiones, incluso su manera de pensar, de personajes que bulleron en ambientes muy contrapuestos”.

Tal es el caso de nuestro –AUTÉNTICO—de hoy: Juan Blanco Vidal, gallego, ex concejal un gallego—salmantino, popular conversador y “parlanchín”, que llegó tarde a nuestra cita, llevando en su mano una hoja de árbol caída y mojada por la lluvia otoñal. Y disculpa la tardanza: “Dicen que me paro mucho en la calle con la gente; es verdad… pero yo pregunto ¿Y tú cuando quieres alguna cosa, no paras al que sea?. Soy conversador y dicen a veces, que uno habla mucho, pero también se escuchar, que es el “deporte” más difícil…

                                 Y yo le pregunté. ¿Qué hace un gallego como tú, en una ciudad castellana como esta?

¡Y de Betanzos, no lo olvides, que es Ciudad y provincia de La Coruña! En Salamanca llevo más de cuarenta años, así que soy también salmantino acérrimo (aquí Juan se emociona). De Betanzos vine a Salamanca acompañando al Gobernador Salas Pombo. Pensé que aquí estaría el tiempo que Dios quisiera y… ya sabes lo que llevo.  Aquella Salamanca era, las mismas personas, a las mismas horas, todos los días, en el mismo sitio. A mí me daba gusto lo de pararme, de que me llamaran por el nombre de pila, de obsequiarme, de tantos amigos… Mira, esta hoja que tengo en la mano, es de plátano, está mojada por la lluvia y me la ha dado una señora amiga de la familia. Y te diré una cosa amigo Anselmo: “En Salamanca, aparte de su apacibilidad, podemos tener el privilegio de gozar de las estaciones de verano, primavera, invierno y… ¡su maravilloso otoño!

                     ¿Eres abogado?

Soy abogado. Terminé la carrera de Derecho e hice el curso de doctorado en el 51… y en este momento Juan Blanco se hace una pregunta: ¿Qué he hecho yo en Salamanca en estos años, para que me hagas esta entrevista? Pregunta que hecha así de “sopetón” me deja desconcertado. Pero reacciono y comienzo a enumerarle sus muchos logros; además de que en nuestros encuentros me has dicho: “Recorrí toda la provincia de Salamanca y la quiero, en ella me gané el sustento como hombre, como persona y como funcionario: eso sí, siempre caminando con los pros y contras que tenemos los humanos. Además, fuiste Profesor Ayudante en la Facultad de Derecho en las asignaturas de historia del Derecho Español en Derecho Procesal y en Derecho Romano. Fundador Secretario y Decano del Colegio Mayor San Miguel Arcángel. Fuiste co-fundador del Coro Universitario junto a otro grupo de amigos. Co-fundador del Centro Gallego de Salamanca, del que  fuiste, vocal, vice-presidente y presidente. Concejal por el Tercio de Cabezas de Familia, aunque tuviste que pensártelo mucho cuando tú esposa te decía: ¡Pero si tú no eres político!. Llevaste la Comisión de Policía y ejerciste, más que de Concejal, de Ordenanza y Funcionario.

Fue una entrevista entrañable la de Juan y hablamos de muchas cosas y realizaciones. Cuando la terminamos, continuaba lloviendo y él aún lleva en su mano la hoja de plátano. Un matrimonio nos para e inicia charla con Juan. Yo me voy… ya que le conozco y sin tener paraguas, ¡no quiero empaparme de agua!

                                Cuando Juan Blanco Vidal falleció, su esposa, me dio una insignia de la cabeza de un ciervo en bronce de gran cornamenta; que él había pedido que me fuese entregada, sabedor como era de mis aficiones cinegéticas. En mí equipo de caza siempre está y algunas veces también la he sacado a pasear por las calles salmantinas, en homenaje a un gallego de Betanzos, hombre bueno y conversador que vino a Salamanca y fue cautivado por ella… ¡sobremanera en OTOÑO!.. ¡ALELUYA!