Sábado, 18 de noviembre de 2017

Adiós hucha, adiós

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Maldicen unos clientes en el bar de Emilio los festejos del Orgullo en Madrid. En su criterio, no hay nada de lo que enorgullecerse por ser homosexual, “bi” o “trans”. “Ni nada de lo que avergonzarse”, les espeta Nekane, que anda combativa estos días.

Hablan en el mismo informativo del saqueo de la hucha de las pensiones y ahí, los doctos parroquianos de pacotilla, no tienen nada que decir. Claro, como los que la esquilman no son mariquitas, el saqueo no es reprobable.

Cada vez me doy más cuenta de que vivimos en un mundo sin criterio, donde nos entretienen con lo banal para que lo serio pase desapercibido.

No me asusta que se vacíe la hucha famosa, el dinero sale de los mismos y lo gestiona el equipo de siempre. Si no lo encuentran en la hucha, lo sacarán del calcetín, de debajo del colchón o del saquito de los ahorros del abuelo. Lo que me agobia es que nos manipulen de esta manera, y que nos mientan. Que nos mientan. Que nos mientan.

Anteayer prometían que no habría problemas con la hucha. La realidad nos abofetea con la misma fuerza con la que se critica en los bares a la gente por ser homo, bi, trans o lo que la naturaleza le haga a cada quien sentirse.

Ni el vino peleón que sirve Emilio está más adulterado que esta sociedad nuestra.