Jueves, 17 de agosto de 2017

Barcelona 92 contado a los que no lo vivieron (y III)

 

TRECE OROS, SIETE PLATAS, DOS BRONCES

¡Veintidós medallas, veintidós! Cuatro menos que el total de las conseguidas por España en las ediciones anteriores de los Juegos Olímpicos, recuperados noventa y seis años antes por el Barón de Coubertin en Atenas. La pre-medalla la conseguimos el domingo 26 de julio en los Campos Elíseos: Miguel Induráin obtenía su segundo Tour de Francia. Cuatro años más tarde, en Atlanta, después del mal trago de Les Arcs, pondría la guinda a su carrera con un oro olímpico. Pero esa es otra historia.

La cronología victoriosa de Barcelona ensalzó a España hasta el sexto lugar del medallero. De la noche del lunes 27 de julio, segundo día de competición, guardo el recuerdo de un kilómetro en el que España entera pedaleó con todas sus fuerzas empujando a un chiclanero. Cuatro vueltas al velódromo de la Horta. En el segundo paso por meta José Manuel Moreno ya rebajaba el mejor tiempo. Y seguí pedaleando con los puños cerrados y las piernas quietas hasta verle en el podio.

Al día siguiente un nuevo oro de peso, el de nuestro “chico americano” Martín López-Zubero en el deporte rey de la primera semana olímpica, la natación. Doscientos metros espalda, brazos atrás sin tregua, la cabeza hacia el cielo de las piscinas Picornell. Cuando el viernes 31 arrancó el gigante de los Juegos, el atletismo, también sonreímos gracias al oro de Dani Plaza en los 20 kms. marcha, pero resulta imposible olvidar la amarga descalificación de Valentín Massana. Esa jornada se sumó a la fiesta el judo: el oro de Miriam Blasco fue dedicado a su entrenador, fallecido semanas antes en accidente de tráfico; y el día primero de agosto otro oro sobre el tatami para Almudena Fernández. El martes 4 un nuevo metal dorado de gente anónima, el equipo de tiro con arco formado por Holgado, Menéndez y Vázquez, que sólo conocerían los escasos aficionados a ese deporte. Las gafitas de chico aplicado de uno y el moreno y abundante pelo rizado de otro se metieron para siempre ese día en mi memoria olímpica. Mientras tanto, la vela no falló a su papel de buque insignia del equipo olímpico español y el campo de regatas nos catapultaba con cinco preseas: oros para Van der Ploeg, Sánchez Luna/Calafat, Doreste/Manrique y Zabell/Guerra; Natalia Vía-Dufresne se colgaba una plata.

Cuando sólo faltaban cinco días para clausurar los Juegos tocaba concretar las medallas fabricadas a fuego lento, las de equipos con sus grupos y sus eliminatorias (me niego a escribir algo acerca del “angolazo”), y las del tenis, sobre la tierra batida de Valle de Hebrón. El miércoles 5 Arancha Sánchez-Vicario se anotaba un bronce tras caer en las semifinales individuales. El jueves 6 se jubiló mi abuelo después de muchos años al volante de autobuses urbanos y lo celebramos, que también cuenta como medalla. El viernes 7 Javier García Chico saltó 5,75 m con la pértiga y le valió un bronce, mientras que las chicas del hockey sobre hierba ganaban 2-1 la final olímpica a Alemania en el santuario de los sticks: Tarrasa. Sólo quinientas españolas estaban federadas. Lo suficiente como para que Eli Maragall, la sobrina de Pascual, marcase en la prórroga el gol de un triunfo ganado a pulso desde años atrás.

El sábado 8 se desbordó todo. Jugamos finales de tenis pero la historia se resumió en plata: otra vez para Arancha esta vez junto a Conchita en dobles, y la derrota del aguerrido e inesperado Jordi Arrese. Meritorias platas también para el boxeador Faustino Reyes y la gimnasta Carolina Pascual. La tarde-noche señalaba dos escenarios: Montjuic y el Nou Camp. Los Reyes, con fama de talismanes y hasta de ubicuos, pisaron ambos, y fueron Rey Midas porque pintó oros. El as de Fermín Cacho, que miró para atrás nueve veces desde que se colocó primero a falta de ciento cincuenta metros para completar los mil quinientos de su carrera memorable. ¡Nos pusiste a prueba los nervios, soriano! Y el as de la selección de fútbol, que abarrotó de banderas de España el estadio del Barça. Rojigualda al vent, un crit valent, una bandera ens agermana. El postrero y vencedor de Kiko Narváez tomó asiento en la galería de los goles míticos. En aquel equipo de los Guardiola, Alfonso, Luis Enrique, Abelardo y Solozábal jugaba Miguel, que luego vestiría la camiseta de la única, desaparecida e irrepetible Unión Deportiva Salamanca. Al domingo 9 de agosto correspondieron sendas platas, la de Peñalver en decatlón, atleta total el murciano y, hace unos meses supimos, víctima de los abusos sexuales de su entrenador; y la dolorosa de waterpolo ante Italia, que pudo enjugarse con el oro de Atlanta. El dolor que nunca se paliará es el del adiós prematuro al gran Jesús Rollán. El cielo de Barcelona aún guardará, veinticinco años después, alguna salpicadura de sus paradas, pintadas de plata y nostalgia sobre el lienzo perenne de la historia olímpica.