Martes, 26 de septiembre de 2017

Gila 1. Miguel y mi padre

   Mi hermano Nacho encontró a comienzos de este mismo año en un blog de internet un artículo titulado "Laureano Muñoz Viñarás, ‘descubridor’ de Miguel Gila". Quiero dejar constancia de esta faceta apenas reconocida de la trayectoria vital y profesional de mi padre. Pues sí, aunque el genial humorista lo haya silenciado en sus memorias, su carrera como humorista gráfico comenzó en Zamora bajo los auspicios de mi progenitor, que dirigía entonces el periódico de aquella ciudad, Imperio.

  La viñeta que ilustra este artículo, pintada sobre un azulejo, representa precisamente a mi familia en la ciudad zamorana. Mis padres, mis hermanas Inés y Begoña y yo mismo, con la mano de mi madre sobre la cabeza. Mis padres, por cierto, eran muy delgados, pero Miguel Gila representaba con los mismos rasgos a todos sus monigotes. En fin, Gila fue una prueba viviente de que el genio es padre del ingenio y también de la inventiva, en ocasiones no sólo en el terreno del arte sino también en el de la vida real.

  El 13 de julio se cumplieron dieciséis años del fallecimiento de Miguel Gila, un genio que revolucionó el humor español. Su currículum es el de un autodidacto inquieto y a veces atormentado, prototipo de personaje que en público ofrecía una imagen opuesta a la de su vida privada. En el papel de humorista bastaba con que dijera media docena de palabras o hiciese una mueca característica, para provocar la sonrisa o la carcajada. En privado era un hombre serio aunque en ocasiones rozara la extravagancia. Gila nació en 1919 en Madrid en el seno de una familia modesta. Cuando acababa de cumplir 17 años de edad participó en la Guerra Civil, de la cual contó una serie de peripecias, la mayoría inverosímiles, incluidas la afiliación al partido socialista, un fusilamiento frustrado, largos periodos de prisión y nada menos que cuatro años extra de servicio militar. Una distorsión flagrante de su trayectoria vital fue el victimismo político. En 1995 se lamentaba en estos términos: "La posguerra fue muchísimo más cruel que la guerra misma. Si durante la guerra hubo muchas venganzas personales, la posguerra la superó con creces en ese tipo de ajuste de cuentas".

    En cualquier biografía del reconocido humorista se habla también de sus supuestos años de exilio político: "se autoexilió durante una larga temporada a Argentina y Venezuela. Regresó a España en 1985”. Pues resulta que la realidad contradice tales versiones. En un artículo titulado "La década zamorana de Gila", su coetáneo Rufo Gamazo habla de la ausencia de datos reales sobre esa parte de su vida, tanto en las biografías como en sus declaraciones públicas: "El caso es que se ha pretendido ignorar esos diez años de Gila en Zamora, donde se constituyó en personaje popular, admirado y querido. Inevitablemente, del desafuero hay que culpar a la política que todo lo enturbia; mal casaba, a juicio de los mandarines políticos, el humorista que al decir de autorizada tertuliana, siempre llevó camisa roja, con el que en Zamora vistió uniforme caqui de soldado, camisa azul y corbata negra como funcionario del Gremio Harinero y la túnica negra de la cofradía de Jesús Caído, vulgo excombatientes. Lo que sí está contrastado es que trabajó como mecánico de aviación en la fábrica de Getafe y que a los 25 años se convirtió en locutor de Radio Zamora".