Viernes, 18 de agosto de 2017

Culpables e inocentes

El último accidente con fatales consecuencias para unos ciclistas ha hecho que la Dirección General de Tráfico tome medidas legales para que los automovilistas que los provoquen en adelante sean penalizados con la retirada del permiso de conducir y para recuperarlo sea imprescindible un informe médico que los declare capacitados. No está mal. Conducir bajo los efectos del alcohol y de las drogas, es un peligro público, y en los casos de reincidentes yo diría que ni siquiera deberían tener la opción de recuperarlo. Nunca he entendido que para conducir valga todo el mundo, porque es sabido que no todos servimos para todo, y no estoy confundiendo los errores humanos con la demostrada incompetencia. Pero tengo la impresión de que estas leyes que se firman de prisa y corriendo, a impulsos de la alarma social que se extingue en cuanto la noticia deja de ser portada de todos los medios de comunicación, como respuesta a un colectivo que azotado por la desgracia se olvida de que no es el único y, sobre todo, de que los derechos conllevan siempre obligaciones, no pretenden otra cosa que convertir a unos en culpables y a otros en inocentes, porque ¿se ha pensado antes de firmar la “milagrosa” ley en el peligro que también suponen los ciclistas para los conductores?, porque son un auténtico peligro, y para los peatones, no digamos. El carril-bici no siempre lo respetan, con demasiada frecuencia se cuelan entre los coches para adelantarlos, los pasos habilitados para los peatones y los semáforos, se los pasan sin tomarse la molestia de cumplir la única obligación que tienen por ley: tocar un timbre, porque ni necesitan permiso de conducir, están exentos de todo tipo de seguros, no pagan impuestos de circulación, tampoco por aparcar, nadie los multa por ir sin casco, aparquen en medio de las aceras o circulen por las calles peatonales como Pedro por su casa. Y eso que la mayoría de ciclistas utilizan la bici por placer, para exhibirse o por seguir la moda que alguien quiere imponer sin tomar medidas previamente para evitar problemas. De hecho, el disponer de bicicleta, no impide que dispongan de coche y lo utilicen para ir al trabajo, de viaje, de compras o para trasladarlas los fines de semana de una ciudad a otra para participar en cualquier carrera. Ni siquiera la utilizan para ir de discoteca y eso que podrían copear sin temor a tener que someterse a las pruebas de alcoholemia…

    Está claro pues que la medida solo pretende dividir a los conductores en culpables e inocentes y todos sabemos con qué finalidad.