Domingo, 25 de junio de 2017
Alba de Tormes al día

Carta abierta a don José Sánchez Rueda

José Sánchez Rueda.  Alba de Tormes, 9 de agosto 1930,  † Almería, 10 de mayo 2017

 

José Sánchez Rueda

José Sánchez Rueda, autor entre muchas publicaciones de la obra “Al margen del Quijote” y hombre impregnado del idealismo del Caballero de la Triste Figura en defensa de su Alba-Dulcinea, de la cultura, de la justicia, de los menesterosos…, sujeta en evocadora instantánea y cual excepcional arriero las acartonadas riendas de Rocinante y Rucio recreadas en 2005 por los alumnos del Colegio Portocarrero, en Aguadulce (Almería).


Saludo a vuesa merced, carísimo amigo Rueda, que ha luengas semanas goza ya del merecimiento de la eterna paz e interminable felicidad que algunos mortales situamos tras el inmenso dosel azul que cubre el sueño de la vida.

Escríbole esta abierta misiva para dar cumplimiento al pacto entrambos de que quien quedase primero en tierra en el último viaje a que todos estamos por ley natural sujetos, habría de dedicar públicos párrafos al viajero. Y hágolo, y a fe que grande esfuerzo me cuesta porque clávaseme la pluma en el alma, arrimándome al literario estilo que a vuesa merced tanto gustaba.

La otra razón de la carta, aunque a buen seguro estará al hilo dello desde su privilegiada atalaya, es para ponerle de manifiesto como le pongo, que la famosa Villa D’Alba, su particular Dulcinea de la que vuesa merced siempre fue valeroso caballero en su defensa y a quien tuvo como la más hermosa de cuantas en el orbe existen, consternada quedó el día en que conoció su partida desde aquellas almerienses tierras en las que siempre estuvo ebrio de añoranzas albenses, a los celestiales espacios do habita hoy. Mas ese dolor sintió alivio al saber que siempre estuvo arropado por el inmenso cariño y esmerado mimo de los suyos más íntimos hasta el momento mismo del tránsito, y que llevaba en su pecho salvoconducto tan particular como el Escapulario de la Virgen del Carmen remitido desde Alba.

Ansí, con dicho tal bagaje de amor y la bondad atesorada durante los casi ochenta y siete años que regaló de gozo a los mortales, riquísimos atributos, al saber de la incineración de su cuerpo, agarrósenos imaginariamente al sentido del olfato como nuevo consuelo el perfume a incienso de aquel humo viajero desde Almería al cielo, Alba y la Ermita del Otero. Y agarrósenos también acariciar la lectura de centenares de cartas, públicos escritos en periódicos, festivos programas o revistas como aquella titulada “Cornezuelo” fundada por vuesa merced,  y ese par de libros (“Recuerdos y esperanzas” y “Al margen del Quijote”) con los que volvemos a vibrar con vuesa merced como escrito dejó el señor Unamuno al plasmar con su docta pluma: “Cuando vibres todo entero, / soy yo, lector, que en ti vibro”. Y agarrósenos también el deseo, caro amigo (¡qué reconfortante para el espíritu tenerle vivo entre las manos y cuando se le crea ausente volver a rescatarlo de la estantería!), de beber insaciables los poemas que nos dejó, llenos de sentimiento y sabiduría; sintiendo lo que sabía y sabiendo lo que sentía, en paráfrasis de lo que también dicho dejó el inmortal Rector.

Leído hemos el último deseo en el testamento de que sus  cenizas (“cenizas de amores” en invocación a la Santa Andariega con quien seguro andará de singular arriero por esos caminos de eternidad) queden al cobijo de la Virgen en su Ermita del Otero. Y ansí se hará, vive Dios, para que se funda con el de la pizarra el color ceniciento de la humildad que siempre caracterizó a vuesa merced y es sacro barro con el que el Creador amasa junto a Él eternidades.

Permítame, por si sirviéreme de catarsis, que descienda de lo que yo siento como certera esperanza de trasvida, al humano sentimiento; y que le exprese que echo de menos su pintoresca y menuda estampa por calles y plazas, El Espolón, fuentes, senderos y caminos…; su ágil verbo, las abundantes e imprescindibles citas que vuesa merced siempre hacía como fruto de largas digestiones de millares de lecturas, o anécdotas periodísticas como aquella de “¡Qué país, Miquelarena, qué país!”, que tanto repetía ante los avatares de nuestra tan comentada, querida y esperemos nunca desmembrada España; que eche de menos las confidencias, esas cartas mensuales y el estímulo para vencer humanas perezas. Permita que estreche entre mis brazos la correspondencia que guardo, para devolverle con ello y absoluto cariño el abrazo que a través de su benjamín David me envió desde su lecho de acostumbrarse a la muerte apenas unas horas antes de partir.

Aquí la carta ya se termina. Cualquier día volveré a escribirle para la intimidad, pues saber como sé que vuesa merced lee mis escritos, reconforta, ayuda y hace más liviano el terrenal camino. Abrázole con la fuerza de la lealtad, uno de los supremos valores del ser humano.

P.D./ Buenas noches, querido Pepe: He cumplido escueta y dolorosamente el pacto entre ambos. Dejo que duermas en la estantería; te despertaré mañana.

Jesús María Corredera Martín


Las cenizas de José Sánchez Rueda, por expreso deseo del mismo, serán depositadas en el sepulcro familiar del cementerio de la Ermita de la Virgen del Otero.

  • Ermita de Otero. Foto: Corral