Martes, 17 de octubre de 2017

Las vacaciones deben ser...

Iria es nombre que he puesto a una pequeña que aprenderá y nos enseñará a través de su experiencia en un cuento que en verano tanto niños como adultos tenemos muchas actividades para disfrutar, además de sol, playa y juegos, hay descubrimientos que llegan de manera insospechada y que pueden hacer de esos días  un verano inolvidable. Cambiar nuestra vida.

 

Iria vive en un ático, está sentada junto a la ventana de su habitación pintada en tonalidades pastel, colores que ella eligió democráticamente con su madre. Es hija única, pero no es caprichosa, ni quisquillosa, es una pequeña solidaria, amiga de sus amigos y siempre dispuesta a ayudar a quien se lo pide o ve que lo necesita. Llegó el verano y comienza a preguntarse  qué iba a hacer durante las larguísimas vacaciones. En ese momento, su madre entra en la habitación.

 

 

- ¿Qué te pasa a Iria siemrpe alegre y hoy que termina el curso estás triste y pensativa? ¿Por qué estás tan triste?, -pregunta su madre-.

 

- Mami, no sé qué hacer este verano, me aburro mucho cuando no estoy con mis amigas en clases, las seños y los estudios. Sé que puedo jugar al aire libre, a nadar en la piscina, pasear… Pero, ¿qué más puedo hacer?

 

Su mamá pensó en algo que realmente convirtiera aquellos días en muy especiales. Entonces dijo:

 

- Tengo una idea. Hay una señora muy agradable que vive en la calle, es amiga mía y está sola, la única compañía son sus gatitos. Creo que sería bueno para las dos que la visitaras de vez en cuando este verano.

 

Al día siguiente, Iria y su madre fueron a ver a la señora Adela. Se gustaron nada más verse, tanto es así que la niña le dijo que iba a visitarla por lo menos tres días a la semana.

 

En su primera visita Sra. Adela,  le dijo que había un baúl en el desván y que dentro guardaba las muñecas de cuando era pequeña y  además una  preciosa casita (desarmada) para jugar con las muñecas. A la niña Iria le pareció muy divertido jugar con aquella magnífica casa de muñecas que tenía seguramente muchas historias ocultas ¡a lo mejor podría descubrirlas si Adela le contaba algo de su  infancia! Cada día con su nueva amiga descubría un mundo diferente, especial, lleno de historias nuevas cosas nuevas que aprender. Le encantaba visitar a la Señora Adela, así que durante todo el verano se podría decir que Adela retrocedió a la infancia e Iria adquirió madurez...

 

Cuando el verano estaba a punto de terminar, Iria, pensó que las visitas a Adela se las perdería para siemrpe. Unas semanas más tarde, cuando ya el otoño había llegado, las hojas caían de los árboles y el sol se acostaba más temprano, Iria no pudo pasar más tiempo sin visitar a su amiga la señora Adela.

Adela, persona detallista con todo, pero mucho más con los niños, guardaba una gran sorpresa para su mejor amiga. Uno de sus gatitas había tenido hijitos, sabía de lo mucho que gustaban a Iria los felinos, y le regaló uno.

 Iria, sorprendida, la miró, la abrazó y le dijo:

 

- Señora Adela ¿Sabe cómo voy a llamar al gatito? Verano, porque es cuando conocí a alguien muy especial  en mi vida, que nunca podré  olvidar.

Es un cuento infantil, pero recuerdo que no hace muchos meses en la revista científica Lance, se recomendaba volver a leer a nuestros clásicos infantiles con mentalidad de adultos, seguramente nos dejarían muchas enseñanzas...

¿Son otros tiempos?

Como ya dijo Aristóteles somos seres sociales, hemos machacado éste tema en las últimas clases y necesitamos relacionarnos e interactuar con otros para vivir, para sobrevivir. Sin embargo, en muchas ocasiones nuestra forma de construir relaciones nos lleva a malvivir, nos genera insatisfacción, empobrecimiento personal, incluso asfixia, aislamiento, sufrimiento y anulación. Por no mencionar muchos disgustos, errores, pérdidas de tiempo.

La gestión de las relaciones es una de las competencias emocionales según Daniel Goleman, el problema es que no siempre las relaciones que creamos y mantenemos son relaciones emocionalmente inteligentes. A veces son demasiado emocionales y poco inteligentes, y otras demasiado racionalmente inteligentes y poco afectivas. En las relaciones, como en la comunicación, el equilibro está en la comunión de afectividad y efectividad.

El ser humano tiene 3 necesidades psicológicas básicas

Autonomía: sensación de que tenemos opciones, capacidad de elección, de que dirigimos nuestra vida.

Competencia: sentir que somos efectivos, que superamos los retos que afrontamos, que podemos lograr lo que nos proponemos.

Relaciones Significativas: relaciones en las que sentimos que le importamos al otro, en las que podemos expresarnos con apertura y confianza, mostrando nuestras vulnerabilidades sin miedos ni recelos. Relaciones en las que hay un equilibrio entre lo que aportamos y lo que nos aportan.

La satisfacción equilibrada de estas tres necesidades es lo que nos da energía, motivación, lo que nos hace estar plenos, felices. Lo que a menudo ocurre es que nuestra forma de construir relaciones anula la satisfacción de la necesidad de autonomía y de competencia, y entonces, a pesar de disfrutar de diversas relaciones (sociales, laborales, sentimentales, de amistad….) nuestra vida no es plena, y se cuelan en ella el resentimiento, la ira, la frustración, la culpa, el asco, y otras emociones que nos cargan de negatividad y nos impiden ser felices.

Detrás de estos comportamientos disfuncionales están necesidades inconscientes que no tenemos adecuadamente satisfechas, y nuestra relaciones se convierten en estúpidas, manipuladoras (malvadas) o serviles (bondadosas), alejándonos de la posibilidad de disfrutar de relaciones inteligentes, en las que todas las partes crecen y se enriquecen porque existe un balance equilibrado entre dar y recibir.

Que las vacaciones nos ayuden a saber discernir lo toxico del alimento para nuestra mejor salud mental, que va redundar en mejor salud física