Viernes, 26 de mayo de 2017
Las Villas al día

La Fuente del Caño, emblema de Babilafuente

Babilafuente es conocido por las propiedades curativas de su agua. La historia se remonta al siglo XVIII
Fuente vieja o balneario. Fotografía de 1957

“En la circunferencia de muchas leguas de estos parajes no se reconoce pedazo de tierra tan alegre, tan apacible, ni tan fecundo como el pequeño Monte de este Pueblo”.

Así comienza el valioso testimonio que nos ha dejado D. Diego de Torres y Villarroel en su opúsculo sobre “las virtudes medicinales de la Fuente del Caño de la villa de Babilafuente”.

En 1752, año en el que escribe el autor, ubica en la parte más frangosa y central de este Monte esta prodigiosa Fuente del Caño. Poco antes era una puerca laguna donde por la mezcla de las agua llovedizas con la tierra y con los verdes herbajes se ahogaba la más especial porción de sus virtudes. Los labradores y cazadores con frecuencia saciaban su sed en esta charca. Ellos fueron los primeros que empezaron a conocer en sus cuerpos unas alteraciones más sensibles que las que suelen ocasionar las aguas comunes. Notaron que esta agua salía fresca en verano y muy templada en el invierno, que a poco tiempo de beberla padecían hambre; y que a esta se seguía una suave provocación a la orina y a la cámara.

Habiendo dado relación de estos efectos, tanto a las autoridades locales como provinciales, pronto surgieron enfermos y curiosos que se personaron en el lugar.

“Los primeros que empezaron a beberlas sin otra regla, método ni tasa que los preceptos de su antojo, fueron dos Monjes Gerónimos del Monasterio de Salamanca; el Rmo. P.M. Sandoval, de la Orden de Predicadores y catedrático de Teología de la Universidad de Salamanca, dos padres de la Compañía de la Casa de Valladolid, y otros clérigos que padecían males de piedra y otros afectos de orina, de que son regularmente acosados los Religiosos, los castos y los contenidos.”

En 1725 vino por Corregidor y Administrador de esta Villa D. Pedro Ochoa con su mujer Dª Luisa de Frías, a quienes acompañaba una familia grande y la mayor parte enfermos de obstrucciones y otros males.  Todos mejoraron con solo beber las aguas a todo pasto. D. Pedro Ochoa llegó incluso, desahuciado por los médicos. En el año 1733 salieron todos para Talavera con la salud recobrada en Babilafuente. Igual suerte corrió D. Francisco Becerra, vecino y Vicario de Aldea Rubia. Bebiendo agua, expulsó arenas, terrones, piedras que le dispuso para vivir muchos tiempos.

En el año 1738 con la llegada de la Duquesa de Alba a su Villa, mandó que se limpiase esta charca, que se descubriese el nacimiento de esta agua y que en ella se fabricase una techumbre para que estuviese guardada de las injurias y destrozos del aire, y de la malicia de los pasajeros y paisanos, previniendo con rigor a su Montaraz la solicitud de su aseo y permanencia. Obedecido el precepto, se hizo la Fuente clara, limpia y admirable.

Don Diego describe la Fuente: “sobre un peñasco que es el nacimiento por donde brota sus aguas. Está asentado y construido de tosca arquitectura un Arcón robusto de piedra, sobre el cual se levanta un arco de ladrillo, de proporcionada altura, y en su cavidad están recogidas las aguas y resguardando su nacimiento. En el medio punto, y a los lados de dicho arco están abiertos tres mechinales de bastante boca por donde se purgan las aguas de algunas porciones vaporosas y reciben más unidos los ardientes rayos del Sol y menos impuros los soplos de los vientos. Tiene en la fachada que mira al oriente un cañón angosto de hierro, y encima de este una ventana, capaz de recibir un cántaro grande  para…..”

“Seis manantiales son los que se reconocen en esta Fuente; los cuatro copiosos y los dos de curso miserable. Miran los cuatro al Oriente y los demás al mediodía y al ….”

Al interés del doctor D. Diego Torres Villarroel se debe el primer análisis de las propiedades medicinales de estas aguas a cargo de D. Andrés Yañez, boticario de Salamanca y a su aprobación por la Cátedra de medicina de la Universidad.

Escribe, también, D. Diego que los paisanos no adolecen de los achaques de orina y de riñones y que toda la gente de este pueblo bebe el agua de otra fuente más cercana a la vecindad del lugar que llaman la de los ladrillos; ésta, pues por participar de partículas de la misma casta, bien que en grados mucho más remisos los libra de estos crueles males.

En 1846, es Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, quien hace referencia a una fuente de agua exquisita y otra mineral llamada “Fuente del Caño” en un montecillo perteneciente al Duque de Alba, que se aplica con buen éxito para el mal de piedra, obstrucciones y dolores de estómago; hasta ahora, dice, muy poco conocida y sólo en la parte de medina del Campo concurren en la estación de verano a tomar sus aguas como unas doscientas personas.

A finales del siglo XIX, la finca fue adquirida por D. Jerónimo Gómez de Liaño, vecino de Peñaranda de Bracamonte, quien en 1902 hizo analizar las aguas en su composición química y bacteriológica y propiedades curativas; y acometió la empresa de su explotación. Construyó una hospedería, después una casa-fonda, un oratorio semipúblico para que los enfermos pudieran oír misa sin necesidad de bajar al pueblo. Bendijo este, el párroco de Aldearrubia y arcipreste de Valdevilloria. El párroco de Babilafuente subía los domingos y fiestas de precepto, durante el verano, a celebrar misa.

El escritor salmantino D. Fernando Araujo en una carta rimada dirigida a su amigo D. Manuel Zabala, en 1906, describe la vida en el balneario, formalidades para la toma del agua en tono divertido e invita a su amigo a disfrutar de esta estancia.

“Mear!...En Babilafuente

Ese es el magno problema,

Pues aunque hay también el otro,

Como añadidura entra.

Aquí se viene a mear

Y revienta quien no mea

Por eso querido amigo

Manolo no te sorprenda

que al mear estén mis coplas

tanto de alusiones llenas

ni que te hable de mear, tanto

Cuando aquí tanto se mea

Y todos, de mear hablan

Y todos en mear piensan

Etc…

Don Eustaquio Serna de Zamora y D. Esteban Palomero, vecino de Olmedo, fueron los siguientes propietarios de la finca, por breve tiempo.

D. Martín Hernández Tardáguila, la adquirió y en la actualidad son sus herederos quienes regentan el Balneario. Construcciones posteriores modernizaron las instalaciones, y se amplió la comercialización del agua. Reconocida oficialmente a nivel europeo el balneario ha experimentado un cambio en sus instalaciones. Hoy es un Balneario hotel de tres estrellas con 28 habitaciones con baños y aseos, aire acondicionado, calefacción y capilla.

Modernidades estas últimas que quedan lejos de lo que existía cuando nació nuestro amigo José Sánchez, a principios de la segunda mitad del siglo pasado. Nos cuenta José, que su abuelo alquiló por dos años las fincas a D. Martín y durante este tiempo nació él en este paraje. Sus padres le recuerdan los ratos tan divertidos que pasaron los actuales propietarios Juan Antonio y Pilar, jugando con él. Sirva este testimonio como el de seguro, tantos otros, para recordar que todos los hombres tienen una historia.

Para finalizar, queda por hacer referencia a la existencia de otras fuentes que también tuvieron su apogeo. Es el caso de la llamada Fuente Nueva muy cerca de la anterior. Situada más hacia el este se hizo otra techumbre y una casa y años más tarde un hotel. Cerrada desde hace muchos años a los agüistas, el agua sigue manando. En la actualidad estas instalaciones se encuentran en ruinas.

Feli Blanco

  • Fuente Nueva. Fotografía de 1945
  • Fotografía de 1946
  • Fuente Nueva. Fotografía de 1947