Viernes, 22 de septiembre de 2017

Antonio Colinas: la poesía como celebración

Antonio Colinas –como lo fuera en nuestro siglo XVI Fray Luis de León; o, en el XVIII, otros poetas de la llamada segunda escuela poética salmantina, que residieron por algún tiempo en nuestra ciudad– es un poeta íntimamente vinculado con Salamanca, desde que, hace cerca ya de veinte años, decidiera venir a la ciudad a residir con su familia.

            Antonio Colinas es, sobre todo, una de las grandes y decisivas voces líricas de la poesía española, desde el último cuarto del siglo XX hasta hoy mismo. La relevancia de su voz ha sido distinguida con el último Premio “Reina Sofía” de Poesía, que otorga la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional.

            Es un premio certero, que señala lo que ya, desde hace décadas, los lectores atentos al devenir poético vienen indicando: estamos ante una de las obras poéticas más musicales, sólidas, armoniosas y humanizadas de nuestro panorama lírico.

            Este próximo martes de la semana que entra, la Universidad de Salamanca realiza una jornada de homenaje a Antonio Colinas, con motivo de haberle sido concedido el indicado Premio “Reina Sofía” de Poesía. En tal jornada de homenaje, varios profesores y escritores disertarán sobre distintos aspectos de la obra poética de Antonio Colinas, que tendrá como culminación una lectura de poemas del autor, en la coronación del día.

            Una de las singularidades de la obra de Antonio Colinas, que no siempre se pone de relieve, pese a tener una gran importancia, es que –en torno al eje de lo poético, que vertebra toda su obra– el autor aborda la creación literaria como un todo, como un conjunto de vasos comunicantes que se interrelacionan, para que fluya un mensaje que aúna unos contenidos humanizadores, procedentes de varias tradiciones literarias y culturales (oriente, el mundo clásico y mediterráneo, el ámbito de la raíz y del origen, etc.), muy necesarios en este momento histórico tan desorientado que vivimos, con un decir pleno, musical, lleno de armonía, que deriva de las grandes aportaciones líricas de la Meseta, tanto clásicas como contemporáneas.

            Tal como acabamos de sugerir, en torno al eje de lo poético, que da el pleno sentido a su obra, Antonio Colinas cultiva la novela y el relato, el ensayo, el aforismo, el artículo periodístico, configurando un cosmos de memoria y de belleza, que nos entrega a todos y en el que podemos sentirnos expresados como seres humanos, en la medida en que, como lectores, hacemos resonar en nosotros un decir conseguido, que está ahí como patrimonio inmaterial –que eso es la literatura– que, más allá de nosotros, irá transitando a lo largo del tiempo, para encontrarse con esos seres humanos atentos que irán transmitiendo ese cosmos civilizador que alberga y difunde siempre lo mejor de nuestra especie, lo mejor de lo que somos.

            El próximo martes 16 de mayo, la Universidad de Salamanca celebra una jornada de homenaje en honor de la poesía de Antonio Colinas. En el umbral de la celebración, el próximo año, del octavo centenario de la Universidad salmantina, no es un mal preámbulo este homenaje a la poesía verdadera.