Sábado, 24 de junio de 2017

Sanidad sin rumbo

La sanidad pública en Castilla y León sigue viviendo una situación muy crítica con serios problemas estructurales, que si no se corrigen a tiempo, seguirán deteriorando nuestro sistema público de salud. Los constantes despropósitos de la Consejería de Sanidad, su incapacidad para resolver los problemas sanitarios y la permisividad de un Presidente de Gobierno Autonómico que protege y ampara la ineptitud de su Consejero, están dinamitando la herencia, dejada por gobiernos socialistas, de una sanidad pública y universal, con el perjuicio que ello puede suponer sanitaria y socialmente.

La Consejería de Sanidad ha perdido toda credibilidad. El desgobierno, la improvisación y una gestión muy deficiente ha dejado sin ideas y sin rumbo la política sanitaria de Castilla y León. Los salmantinos llevamos demasiados tiempo aguantando el electoralismo sanitario del partido popular. Ya no son creíbles las continuas promesas sobre la finalización de las obras del nuevo hospital que aumenta o disminuye el ritmo a medida que se acerca cada proceso electoral. Los datos aportados por el partido socialista en diferentes comparecencias, son elocuentes y ponen en evidencia a la Junta y desmontan cada una de sus mentiras. Lo más indignante es que diez años después de iniciarse las obras solo se ha ejecutado poco más del 50% del total presupuestado  y en el año 2016 se ejecutó casi el 90% de lo presupuestado para ese año. Me pregunto dónde irá, año tras año, ese presupuesto que se aprueba y no se ejecuta. Mucho me temo, que viendo el ritmo tan lento de las obras, la fecha de finalización tenga nuevos retrasos. Mientras tanto, profesionales sanitarios y pacientes seguiremos padeciendo las dificultades que tienen nuestros viejos hospitales para atender las necesidades asistenciales que demanda la población, con carencias de personal, espacio y, lo más grave, accidentes que se producen cada vez con más frecuencias arriesgando la seguridad de profesionales y pacientes.

Otro indicador crítico de gestión deficiente y perdida de rumbo son los escandalosos datos, aunque maquillados, de las listas de espera que revelan que el deterioro sanitario no es un problema coyuntural de la crisis, como le gusta referirse a nuestros gestores, sino estructural e ideológico que lejos de corregirse se cronifica provocando un importante incremento de las desigualdades.

Manifiesta ineficacia también se demostró en los procesos selectivos de las oposiciones de enfermería donde la incompetencia de las administraciones, Gobierno Central y Junta de Castilla y León dejaron a más de 20.000 aspirantes a una plaza de enfermería en una situación de indefensión sin precedentes. Es difícil confiar en un gobierno que convoca oposiciones que incumplen y vulneran la ley.

Y qué decir del abandono al que está sometida la Atención Primaria, tanto en zonas urbanas como rurales. Si la Atención Primeria es el eje del sistema sanitario parece que a nuestros responsables políticos se les ha olvidado. Castilla y León necesita urgentemente mejoras organizativas y  económicas porque si falla la atención primaria falla el sistema.

El sector sanitario ha crecido considerablemente y en la  actualidad hay retos que debemos afrontar, el envejecimiento, la cronicidad y la multipatología requieren transformaciones que hablen no sólo de gasto sino de inversiones. Pero está claro que la sanidad no es prioritaria para nuestro gobierno autonómico que está más empeñado en  apostar por la sanidad privada desmantelando y destruyendo la sanidad pública.

Lo fácil, cómodo e interesado para algunos gestores es encargar encuestas de opinión pública, muchas veces interesadas, donde echar la culpa a los demás, responsabilizando a los profesionales sanitarios de las quejas de los ciudadanos sobre la atención que reciben o a estos del excesivo gasto sanitario por el mal uso que hacen del sistema, pero nunca asumir sus propias responsabilidades. España es uno de los países que menos porcentaje de renta destina a su sistema público de salud y esto se debe corregir. Pero también los ciudadanos debemos reaccionar y organizarnos, somos parte del sistema y debemos exigir la transparencia que prometen y que no termina de llegar, además de seguir luchando por una sanidad pública accesible y de calidad.