Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Las Villas al día

Los conventos, órdenes de paso

En el pasado, Babilafuente contó con varios conventos. Aún hoy pueden apreciarse algunos restos

Por los restos de algunos edificios que han llegado hasta nuestros días o hasta hace pocos años, parece que estos fueron realizados para conventos.

En otros casos, fueron los testimonios de personas nacidas a principios del siglo XX, quienes transmitieron haber vivido en dependencias de un convento franciscano, convertido posteriormente en viviendas.

Este dato junto a los restos encontrados, entre otros, una bodega abovedada con grandes arcos, un lagar con sus pilones, arranques de vigas de madera y restos óseos aparecidos en movimientos de tierras, nos trasladan a la existencia de un convento situado, en la que es en la actualidad la C/ Vergel, concretamente coincidiendo con las dos últimas casas del lado del Palacio.

Si nos referimos a los restos que aún hoy podemos encontrar en la C/ Camino de Alba, es clara la existencia de un convento o similar. La portada en piedra que se conserva, debió de ser entrada principal. Sobre ella un escudo con un león dentro de un círculo orlado y rematado por una cruz, nos aproxima a la Orden de los Jerónimos. Se trataría de la llamada “Granja”. Este sería un lugar de retiro de los monjes para descansar intelectualmente y trabajar en el cultivo del campo. Por los datos contrastados, podría estar adscrito a un Monasterio de Zamora.  En su interior, se llegó a conocer la tabicación de lo que serían las celdas monacales y una gran bodega. Hoy día no quedan restos del interior.

Frente al último edificio y separado por una calle, se tienen referencias de otro posible convento. Un gran corral que da acceso a otra estancia con grandes arcos, eran características propias de conventos. No parece que formara parte del anterior, pues la portada, tan trabajada, no sería realizada para un interior.

Por último, en la actual calle de Miguel de Cervantes, junto a la Plaza de la Verdura, se puede ver una construcción que se presenta como una gran casona de planta única. Sobre su puerta hay grabada una cruz. En su interior se conservan grandes arcadas. La existencia de una gran huerta en su proximidad, podía hacer pensar que esta fuera consecuencia de algún derribo de la construcción. Pero, tanto el edificio anterior como este último podían ser construcciones para almacenar los productos procedentes de los ingresos de la iglesia, ya fueran diezmos, rentas, capellanías, donaciones etc.

Sin duda, al tratar sobre los conventos existentes, quedan aspectos por resolver y que posiblemente gracias a futuras investigaciones saldrán a la luz.

Feli Blanco